El Trastorno Histriónico de Personalidad
Cuando se oye la palabra princesa en según que contexto, no pensamos en Letizia, sino que nos hacemos la idea de una chica o mujer estirada y orgullosa a la que todo le parece mal o bien según de quién venga. No es una mala definición.
Hablando más en serio, lo que se entiende por princesa es, en la mayor parte de los casos, una mujer afectada por el Trastorno Histriónico de Personalidad o HPD, por sus siglas en inglés. La wikipedia da una definición concisa y muy clarificadora:
El HPD es un trastorno de personalidad correspondiente a un patrón de excesiva emocionalidad y búsqueda de atención, incluyendo una necesidad excesiva de aprobación por parte del entorno y un comportamiento inapropiadamente seductor. Este trastorno se suele manifestar al principio de la edad adulta. Las personas que lo padecen son entusiastas, vivaces y muy teatrales. Tienden a ser sexualmente provocativas, expresan sus emociones de modo extrovertido y son muy fácilmente influenciables. Estos rasgos suelen venir acompañados de egocentrismo, autoindulgencia, búsqueda permanente de cariño, elevada susceptibilidad y comportamiento manipulador orientado a la exclusiva satisfacción de sus propias necesidades.
Este trastorno afecta a ambos sexos: pero es muchÃsimo más frecuente en mujeres que en hombres. Y si se le considera trastorno y no patologÃa es porque las personas afectadas pueden funcionar perfectamente en su vida diaria, hacerse cargo de sà mismas y hasta llevar una carrera profesional; aunque a nivel sentimental la cosa es, simplemente, espantosa.
Una princesa entra en un bar
¿Cómo se reconoce a esta gente? Contaré la historia de una posible chica, casi una caricatura, con HPD. Sin olvidar que esto también le pasa a los hombres, aunque en mucha menor proporción.
Ella entra en el bar y, la verdad, llama mucho la atención. No sólo es muy guapa sino que su ropa es, digamos, audaz. Observa su propio reflejo de la que camina hacia la barra y se sienta en el punto más visible de todo el local.
Este es uno de los pocos trastornos psicológicos que muchas veces se pueden diagnosticar a primera vista. Aunque la PsicologÃa es muy cauta con respecto a esta afirmación, las personas especialmente guapas suelen disfrutar de cierto favoritismo social gracias precisamente a su atractivo. Esto provoca que se puedan malacostumbrar rápidamente a obtener las cosas por su cara bonita y, por tanto, concentrar exclusivamente los esfuerzos de crecimiento personal e interacción social en esa ventaja.
En ocasiones es la realización de una actividad artÃstica orientada al público la que se convierte en objeto de estos esfuerzos, ya que es un modo seguro de obtener atención y admiración: es el caso de muchos cantautores, cantantes de grupo de rock, bailarinas… Entre artistas el HPD es mucho más frecuente que en el resto de la población. Y, esto es conclusión de propia cosecha, creo que en el caso de la música el instrumento dice mucho: los HPD no quieren ser bajistas en un grupo de rock o tuba en una orquesta sinfónica, ya que son instrumentos propios de segundo plano. Para alguien con HPD, lo mÃnimo es guitarra eléctrica o primer violÃn. Nunca menos.
Otra observación que no he observado en la literatura, pero sà en mi experiencia, es que abundan muchÃsimo dentro del panorama de las ONG humanitarias: no tengo muy claro que papel desempeñan ni que obtienen a cambio en este entorno, y no me atrevo a emitir un juicio sobre su motivación. Pero casi la totalidad de personas con este sÃndrome que he conocido en persona pertenecen o han colaborado con alguna.
El poder de la seducción
La chica no deja de mirar disimuladamente alrededor para ver si la contemplan, y no para de gesticular: se atusa el pelo, busca con los ojos, pone poses más o menos estudiadas o practica el exhibicionismo más descarado. Se acercan un par de hombres que no son precisamente interesantes; a uno no le hace ni caso. Al otro, lo corta en seco, pero antes se deja invitar.
Lo malo del atractivo es que funciona demasiado bien: permite conseguir las cosas demasiado fácilmente. Cuando alguien se acostumbra a esto, encuentra difÃcil concentrarse o esforzarse en algo y busca la satisfacción inmediata en todo. Le resulta casi casi imposible postergar la gratificación o renunciar a una ventaja instantánea.
Utilizar al personal
Por fin ha entrado alguien "interesante". La chica se vuelve todo sonrisa y entusiasmo. El individuo interesante le hace caso, se entabla una conversación. La chica es todo un encanto.
¿Qué significa interesante? Significa utilizable, explotable: por belleza, músculos, prestigio, posición económica, etc.
La chica se ha pasado al modo actriz y, ahora mismo, es una especie de mujer perfecta. Por detrás, sin embargo, está evaluando que tiene que hacer para seducir a su objetivo y, sobretodo, qué precio hay que pagar por él.
Una conversación rara
[...] Y me dice el psicólogo que es demasiada casualidad que sea la gente de mi alrededor la que está mal, y que a mà no me pase nada. Yo sé que a mà no me pasa nada, porque además soy, como digo yo, de llamar al pan, pan, y al vino, vino. Pero claro, el psicólogo jamás va a ser capaz de comprenderme porque yo soy muy complicada y, además, ¿sabes una cosa? Yo sé que Dios me ha puesto un ángel de la guarda sólo para mÃ, y a veces hablo con él [...]
La conversación de una persona con HPD es peculiar, y difÃcil de describir. Cuando habla suele ser extravagante en la forma y los contenidos. Algunas veces es grandilocuente sobre cosas sin sentido aparente, muy banales o auténticas paridas. Utiliza las frases hechas como si fueran propias y las recalca mucho. O juega a los dobles sentidos y se muestra repentinamente sugerente, invitadora, pero sin concretar nada. Algunas personas son directamente autorreferenciales y hablan de cosas que ellas conocen como si tú también las supieras: completamente desde su punto de vista.
Pero el motivo de la conversación es doble: por una parte, está obteniendo atención, admiración, aprecio. Esto es porque en realidad, una persona con HPD es básicamente una persona narcisista con baja autoestima. Convertirse en el centro de atención supone un boost para su autovaloración. Por otra parte, ese mismo interés hacia ella se va a convertir en la moneda de cambio y único fundamento de la relación que está comenzando.
Para la persona afectada con HPD, actuar como la persona perfecta le sale caro, especialmente cuando la actuación se debe prolongar en el tiempo: por eso debe tantear hasta dónde le merece la pena comprometerse, si es que esta palabra tiene sentido para alguien asÃ. Pero todavÃa no ha llegado el momento de meterse en harina.
Que no falte el numerito
En ese momento un borracho pasa cerca de la pareja, que está conociéndose mediante una conversación muy animada, y le dice a la chica, en plena euforia, algo como "¡vaya papada más rara que tienes!". Los lagrimones no tardan en aflorar y nuestra mujer monta un número, abandonando el bar con su adquisición tras haber gozado, a última hora, con la atención y la simpatÃa de (casi) todo el mundo por la ofensa sufrida.
Esta demostración de hipersensibilidad caso tiene dos factores: uno es la baja autoestima que ya mencioné. El otro es un problema de empatÃa: como las personas con HPD están acostumbradas a utilizar a la gente a su antojo con mucha facilidad, apenas tienen necesidad o ganas de ponerse en la piel de otras personas y entender sus motivaciones. AsÃ, una veces se toman comentarios intrascendentes a pecho y otras veces se toman observaciones muy serias a cachondeo.
Por otra parte la emotividad no deja de ser una herramienta más para manipular a la gente, más que la expresión de un sentimiento genuino. Por eso son tan frecuentes en estas personas los cambios de humor abrupto. El detalle que el ligue de nuestra chica no advirtió es que entre que ella oyó el comentario de las orejas, lo que sin duda le sentó mal, hasta que brotaron las lágrimas hubo un esfuerzo consciente para llorar, porque ella juzgó inmediatamente que era la mejor jugada que podÃa permitirse. De hecho, muchos HPD son excelentes actores y actrices… y viceversa.
Todo parece perfecto
El hombre acompaña a la chica a su casa. Pero ella no le deja subir; eso sÃ, quedan para otro momento.
Ahora, con el aparentemente maravilloso comienzo de una nueva relación, empieza el tira y afloja de verdad. El objetivo inicial del HPD se ha cumplido: mediante su atractivo y su actuación ha conseguido el amor y la admiración de una persona. Ahora toca explotarla; y sobretodo, haciendo el mÃnimo de inversión. A partir de este momento intentará tomar lo más que pueda de la otra persona dando a cambio lo imprescindible para que no se aleje. Estamos hablando de un regateo emocional y sentimental.
La hora de la verdad
"¿Cómo que te acostarás conmigo cuando te compre un apartamento?"
Muchas veces el sexo se convierte en la mercancÃa principal. Pero en el fondo, a un HPD el sexo le aterra: es demasiada intimidad. Y por otra parte viene a ser la mayor moneda de cambio disponible. Hasta que llegue ese momento, si puede arreglarse con besitos, lo hará. Retrasará el momento del sexo todo lo posible. Cuando este llegue lo vivirá internamente con frialdad; pero muy probablemente convierta el acto, externamente, en una acrobacia circense a la manera del porno.
¿Qué ocurre mientras tanto? aparte de este tira y afloja subyacente, exigencias y numeritos varios; pruebas de sumisión de todo tipo; cambios constantes de humor; incapacidad para convertir el flirteo inicial en una relación duradera, ya que… ¿dónde está la emoción en algo tan aburrido como una relación de pareja estable?
La incapacidad de sentir emociones profundas, dada la facilidad que tienen estas personas para allegarse a la gente sin un auténtico compromiso, hace que se sustituya esta carencia por la búsqueda de la vivencia de una novedad continua: las personas con HPD necesitan viajar constantemente, cambiar de trabajo, de bares… y hasta de pareja. Es que es todo tan aburrido…
Transcurrido cierto tiempo desde el inicio de la relación el teatro inicial no se puede mantener más. La ansiedad que de modo inevitable siente la persona con HPD por el miedo a ser descubierta en su trama de manipulación, unida a la falta de empatÃa, la conduce a comportarse de manera progresivamente descontrolada y desconsiderada: los númeritos se hacen cada vez más dramáticos, las mentiras, engaños y traiciones se convierten en norma, etc.., etc…
…hasta que al final se queda sola.
El escenario y los focos se han venido abajo
En este momento a nuestra chica se le ha acabado el mundo: su fuente de atenciones ha desaparecido. La vida es una mierda y no vale nada; ella tampoco. Es entonces cuando cae en la depresión. Esta, afortunadamente, no dura mucho; y además, durante su transcurso, tampoco cambian demasiado los patrones de comportamiento afectivo.
Es habitual que hasta intente un conato de suicidio: pero no pegándose un tiro o arrojándose por un acantilado. Lo más probable es que nuestra chica se tome un par de valium de más y llame por teléfono a alguien para que vaya a buscarla y asÃ, de nuevo, experimentar la satisfacción de recibir la atención de alguien.
Y asà la prota de esta historia comenzará de nuevo con su ciclo destructivo. Porque el mundo es muy grande y siempre hay un lugar donde nadie te conoce, un lugar donde empezar de cero y encontrar aquello que siempre está buscando; que no es más que a Sà Misma. Pero no lo sabe o no quiere saberlo.
Romper el espejo
Afortunadamente estas personas son capaces, muchas veces, de salir por sà solas de esta espiral. En ocasiones porque son lo suficientemente inteligentes como para aprender de sus errores. Pero es raro que admitan la necesidad de terapia psicológica a no ser que hayan tocado fondo, y muchas veces es complicado interaccionar con ellas sin que caigan de nuevo en su patrón de búsqueda de atención y dependencia emocional.
Otras veces no es sino la edad quien pone a esta persona en su sitio: porque con veinte añitos es fácil ser joven y guapa; pero con cuarenta, y tras haber perdido toda posibilidad de un crecimiento constructivo y constante, es más difÃcil disimular las arrugas y/o la barriga. En este caso todo lo que queda es una persona muy desgraciada sin oficio ni beneficio que, con un poco de suerte, a lo mejor acaba conociendo el amor.
En resumen
Aprendan ustedes a distinguir el Trastorno Histriónico de Personalidad.

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