14 noviembre, 2011

Las Constelaciones Familiares son una forma de terapia alternativa supuestamente destinada a resolver conflictos psicológicos transmitidos generacionalmente dentro del clan. El Reverendo se ha infiltrado para ver por sí mismo de que va la cosa y ahora nos cuenta sus experiencias e impresiones.

Hail Haruhi!

Hace un tiempo vuestro vecino y amigo el Reverendo asistió a un taller de algo que por lo que se oye por ahí parece estar ganando popularidad en el mundillo de las terapias psicológicas alternativas: la de las Constelaciones Familiares, creada por el alemán Bert Hellinger.

La verdad es que nunca he estado en un akelarre de brujas, pero mi intuición me dice que esto es algo que se le debe acercar bastante. Mi intuición también me dice, pero, que dentro del contexto en el que tuvo lugar esta terapia, existen ciertos puntos dudosos que pasaré a analizar seguidamente. Cabe decir también que mi intuición es esa perra —la Gran Puta Morena— que nunca quiso nada conmigo, pero que sin embargo me enseñó todo lo que hay que saber realmente de la vida: ¡gracias so cabrona! —dicho esto con el máximo respeto hacia lo sacro de la prostitución y con todo el cariño del mundo– con algo de resquemor también, oyes, pero qué le vamos a hacer.

Quizá os preguntéis a santo de qué este ramalazo en plan “La melancolía del Reverendo”. Lo cierto es que echo de menos como me hacía sentir la Gran Puta Morena —aunque fuera a diez metros de distancia— y echo de menos soñar con acariciar el piercing de su ombligo. Piercing es aquí la palabra clave, así que tenedla en mente mientras comenzamos con la dichosa historieta.

Bert Hellinger y el trance extático

Podéis leer más sobre Hellinger y la terapia de las constelaciones familiares en la red, dado que hay bastante material. En resumidas cuentas, Hellinger era un tipo que iba para cura desde pequeño y que viajó como misionero a Sudáfrica, poniéndose en contacto con formas culturales en las cuales el trance extático tiene un papel preponderante:

Su peculiar capacidad de percibir sistemas de relaciones interpersonales y su interés en la concordancia humana en contraste a la diversidad cultural se hizo notar en esos años; vio que muchos de los rituales Zulú y sus costumbres tenían una estructura y una función similar a los elementos de la misa, señalando las experiencias comunes humanas, experimentó la integración de la música Zulú y el ritual dentro de la misa.

Hablando de música, existe un ensayo del Dr. Josep Mª Fericgla  sobre “La relación entre la música y el trance extático”, del que extraeremos la definición de trance:

Para la psicología, el trance extático es una salida del ego fuera de sus límites ordinarios en virtud de nuestras pulsiones afectivas innatas y más profundas. Se trata de un estado extraordinario de consciencia despierta, determinado por el sentimiento y caracterizado por el arrobamiento interior y por la rotura parcial o total con el mundo exógeno, dirigiendo la consciencia despierta—entendida como “capacidad para conocer”—hacia las dimensiones subjetivas del mundo mental.

Hellinger volvería a su país para meterse en los mil y un pifostios terapéuticos: Psicoanálisis, Trabajo del cuerpo, Terapia de Gestalt, Análisis Transaccional, Terapia Familiar, Hipnoterapia, Programación Neurolinguística (PNL) y Terapia Provocativa. Casi nada, oyes. De todo esto acabaría saliendo lo de las Constelaciones Familiares dichosas, y aquí es donde empieza la cosa.

El akelarre en cuestión

La dinámica de la terapia consiste en que el sujeto a psicoanalizar propone un problema que tenga con su entorno. Entonces elige de entre el resto de asistentes a un grupo que interpretará tanto su rol como el de sus familiares, colocándolos seguidamente en una disposición intuitiva en el espacio en donde se esté llevando a cabo la terapia.

Entonces la terapeuta empieza a mover a los familiares/actores y los hace llevar a cabo una serie de acciones, poniéndolos en determinadas situaciones y observando su conducta, preguntándoles de vez en cuando como se sienten a nivel emocional. Esto último es lo extraño, dado que si en un momento dado estás interpretando en la constelación de otra persona, los juicios del terapeuta se basan en sensaciones corporales tuyas que en teoría pertenecen a alguien que no eres tú. Y aquí es donde os pido que volváis un momento atrás y releáis la definición que hemos dado de trance.

¿Ya estáis aquí otra vez? Sigamos pues: así que allí estaba el Reverendo, el único maromo de entre 17 mujeres (de ahí lo del akelarre) flipando en colores mientras la terapeuta le hacía poner la mano encima de la que se supone era su hija y le preguntaba: “¿qué sientes?”, a lo que respondía: “pues no sé, algo de calor en el pecho”. “Ah bueno” —contestaba la terapeuta— “esto es que tú estás tranquilo con lo de tu hija. El problema reside en la madre”. Mientras tanto, la otra terapeuta a su vez se metía tanto en el papel de la madre que parecía realmente una posesa obedeciendo a dios sabe qué.

Lo más alucinante fue cuando pedí constelar uno de mis nudos afectivos y observé toda la representación de la dinámica desde fuera, contemplando como la mujer que me encarnaba en el juego de roles se sentía en cada momento exactamente igual que como me estaba sintiendo yo ahí sentado, mientras la terapeuta le estaba dando un sentido a una situación familiar que yo no había sabido resolver. Ignoro si ese es exactamente el problema, pero lo cierto es que la sensación de estallido emocional que sentí en el momento y el alivio posterior no me los quita nadie.

Me comentan que si la terapeuta es buena algo se mueve en la terapia, aunque lo dificil sería saber exactamente el qué. La idea mayoritaria que maneja nuestra ciencia sobre la mente no da explicación a esre tipo de cosas. Cuando uno se mete en todo el discurso chamánico-psicotrónico-parapsicológico de la vida puede que piense en un par de mecanismos que podrían estar funcionando allí —¿telepatía? ¿el psi-plasma? ¿la hiper-comunicación del ADN de la que hablan algunos rusos chalados?— pero éstas no dejan de ser explicaciones parciales al misterio de hasta qué punto podemos obtener información del mundo de forma intuitiva.

Este tipo de técnicas pueden encontrar una analogía en los rituales chamánicos, en los cuales se habla de visiones compartidas entre los asistentes, de transferencia literal de pensamientos entre personas o de información obtenida de no se sabe bien donde. Vete tú a saber. No cabe duda que estas prácticas se hallan presentes a día de hoy entre el pueblo zulú, en donde sirvió como misionero el amigo Hellinger; sin ir más lejos, Credo-Mutwa —lanzado a la fama por el polémico David Icke— tiene vicio por estas cosas y suelta movidas muy raras sobre su pueblo:

Cuando uno le pregunta a un antropólogo Blanco sudafricano qué significa el nombre Zulú, dirá que significa “el cielo” (risa), y por eso los Zulúes se llaman “gente del cielo”. Eso señor, no tiene sentido. En el idioma Zulú, nuestro nombre para el cielo, el cielo azul, es sibakabaka. Nuestro nombre para el espacio inter-planetario, de todas formas, es izulu y el weduzulu, que significa “espacio inter-planetario”, el cielo oscuro con estrellas que Ud. observa cada noche, también tiene que ver con viajar, señor. La palabra Zulú para viajar aleatoriamente, como un gitano o nómada, es izula. Ahora, puede ver que la gente Zulú en Sudáfrica está al tanto de que se puede viajar por el espacio —no por el cielo como un pájaro— sino a través del espacio, y los Zulúes proclaman que hace muchos miles de años atrás llegaron, de más allá del cielo, una raza de gente que era como lagarto, gente que podía cambiar de forma a voluntad. Y de las personas que casaban a sus hijas con extraterrestres, y producían una raza con poder de Reyes y Jefes de tribu, hay centenares de cuentos de hadas, señor, en los cuales una hembra lagarto asume la identidad de una princesa humana y toma su puesto, y se casa con un Príncipe Zulú.

¿Qué esperabáis? Sin pretender que lo de Mutwa sea verdad, esto sigue siendo un Hail Haruhi!, y ya lo decía ella el primer día de clase: “No tengo ningún interés en los insignificantes humanos; si hay algún viajero en el tiempo, alíen, fantasma, o alguien con poderes paranormales, que venga y se una a mí”.

Lo del piercing

Os decía que mi intuición me decía que habían puntos oscuros en el contexto de la terapia. El lugar en el que se llevó a cabo el taller fue uno de estos centros de yoga con una acusada tendencia Nueva Era. Ya se sabe: manos-que-curan, maestros ascendidos, monjes del budismo patriarcal más casposo dando talleres de meditación Zen, el Sananda de la India de castas y su puta madre. Otro contexto más amplio en el que se inscribía el taller, fue, pero, la impronta judeo-cristiana de los asistentes, entre los cuales me incluyo.

Una de las cosas en las que educa la tradición judeo-cristiana es básicamente en la misoginia, lo que suele conllevar una negación de la materialidad y del cuerpo—y a un nivel quizá más amplio la extinción de las formas religiosas cercanas al animismo, en donde el culto al aspecto femenino de la creación está mucho más presente que en, digamos, cualquier convento de monjas.

El mismo Hellinger proviene de esta tradición, y puede que esto influya bastante en este tipo de terapias. Por ejemplo, me llamó la atención que la terapeuta le hiciese quitarse el piercing a una chavala que había por allí porque Hellinger lo considera un vínculo negativo con la muerte. Chicas, si vuestros padres os han dicho alguna vez que no os pongáis piercings porque parecéis unas fulanas hay papeletas para pensar que la culpa de esto haya sido de algún puto seminarista.

Parafraseando a la artista feminista Lydia Lunch, los hombres no saben morir y acaban matando a todo kiski. Hay gente que relaciona la “muerte fisiológica” de la mujer cada 28 días con esta sensibilidad a la hora de aceptar el final de los ciclos. Negar la realidad de la muerte es diametralmente opuesto a la concepción chamánica del mundo, en la cual uno ha de hacerse amigo de ella y tenerla como consejera. Aquí una cita sobre el tema del amigo Carlos Castaneda.

Por ello es importante mirar la muerte de frente, que es lo único seguro que tenemos, y hacernos amigos de ella, como dice el Nagual, y este ejercicio nos hará más sencibles, haciendonos perder el miedo al miedo, haciendonos concientes del valor del universo y de las maravillas que encierra: “Uno no está completo sin tristeza ni añoranza, pues sin ellas no hay sobriedad, no hay gentileza. La sabiduría sin gentileza y el concocimiento sin sobriedad son inútiles”.

En resumidas cuentas

Sí, lo de las terapias de las constelaciones familiares tiene su cosa, pero no olvidemos que es una importación desde una cultura ajena sometida al Imperio, porque los misioneros hacían, aunque nos pese, más mal que bien. Sobre como la espiritualidad africana se vio corrompida por los misioneros jesuitas hay un excelente libro titulado “Of Water and the Spirit: Ritual, Magic and Initiation in the Life of an African Shaman”, de Malidoma Somé. Entre muchas otras cosas se relata la serie de calamidades que vivió el padre de Somé al dar la espalda a sus valores familiares abrazando la forma de vida que habían traído los misioneros a la tribu—misioneros que además acabarían secuestrando al propio Somé.

Este libro solo puede encontrarse en inglés y he aquí una de las paradojas que suceden hoy en día. Parafraseando de nuevo, esta vez a Philip K Dick, cuando se lucha contra el Imperio hay que ir con cuidado porque uno se acaba volviendo parte del Imperio: tenemos ahora que aprender inglés para desaprender la cultura que él mismo nos ha impuesto. Tenemos que asistir a centros de la Nueva Era Imperialista para ponernos en contacto con una deformación descafeinada de un conocimiento antiguo. Tenemos que asistir a la comunión de nuestra prima con un sistema de valores que básicamente la desprecia porque es nuestra prima, de la misma forma que tenemos que ir a ver el bodriazo de Hollywood “Dragon Ball evolution” porque, eh, es una película de Son Goku.

Supongo que la idea esta clara:  desconfiar sistemáticamente es una conducta que siempre le deja a uno un margen para la duda y que permite el avance; siendo realmente la pregunta hacia donde se avanza, si es que realmente se avanza. Algunos pocos llamarán a esto escepticismo Escepticismo v2.0, se entiende, y la gran mayoría paranoia. La etimología de “paranoia” es “ver más allá” y si no vamos hasta donde no podemos volver es aburrido.

Esto se acaba aquí. Exactamente: poned la mano sobre el corazón y levantad la otra hacia el horizonte, mientras miráis al sol gritando fuerte y con orgullo:

Hail Haruhi!

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Quiero saber que quiere decir Hail Haruhi!
gracias

Comment by liyis — 21 marzo, 2015 @ 19:39

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