21 octubre, 2011

Confundir al lector o espectador es uno de los recursos favoritos de muchos autores. Pero… ¿Qué pasa cuando se abusa de la confianza del público? ¿Qué pasa cuando la obra se apoya en el vacío? ¿Qué pasa cuando ni el propio autor sabe lo que está pasando? Pues que nos están tomando el pelo.

Las obras ya no son de su autor

Roland Barthes es uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. Si hubiera que resumir la esencia de sus reflexiones, se podría hacer diciendo: una obra no pertenece a su autor.

¿Qué quiere decir esto? Antes de Barthes, en la era moderna (en contraposición a la posmoderna), la mentalidad racional-positivista asumía que todo contenido narrativo tenía un significado que estaba determinado por la intención del autor de contarnos algo. Mientras prevaleció esta visión, el análisis de un texto siempre hacía la misma pregunta: ¿qué nos quiso decir —consciente o inconscientemente— el autor?.

Barthes legitimó el concepto de interpretación abierta: Yo puedo leer, por ejemplo, El Quijote desde la óptica que me dé la gana, fuera contemplada por el autor o no. Por mucho que la intención de Cervantes fuera hacer una parodia de la literatura caballeresca, el lector tiene la total libertad para interpretar el libro como quiera; incluso puede realizar una lectura de las aventuras de Alonso Quijano en el contexto de la homosexualidad entre astronautas durante la realización de viajes interplanetarios. Algo en lo que, seguramente, Cervantes no pensó.

Así, el posmodernismo abre la veda del todo vale. Por eso ahora ir a la ópera a disfrutar de Nabucco de Verdi significa que te puedes encontrar sobre el escenario un montón de gente arrojando nabos sobre pequeñas muñecas Barbie pintadas con la K de Klaus, gesto que podría simbolizar la opresión a los judíos (?). Y no pasa nada (!).

Esto no es culpa sólo de Barthes: también es de otros filósofos contemporáneos a él como Foucault, Derrida, Baudrillard, y otros más o menos situados en la misma onda.

Jugando con el público

Pero dentro de ese todo vale cabe que el autor de una obra pueda, como recurso literario, ser lo suficientemente ambiguo y enigmático —y hasta vacío de contenido— como para que tenga que ser el lector el que complete la totalidad del panorama. El autor fomenta de este modo una interpretación abierta de su propia obra. Y esto es estupendo.

Sócrates, que ya estaba bien enterrado y podrido cuando los filósofos que acabo de mencionar nacieron, defendía el arte de la mayéutica, o sea, del ayudar a parir la verdad, a partir de sus propias interpretaciones de lo que le decía su interlocutor. Como cuando estamos leyendo cualquier parida y dentro de ella, tras llevarla a nuestra propia circunstancia, encontramos una verdad vital, útil y significativa de la que a lo mejor el autor no era consciente. O como cuando hacemos un comentario inocente y alguien se lo toma a mal pensando que va con segundas.

La confusión puede ser un recurso de primera…

Volviendo al contexto narrativo: cuando el autor juega a la ambiguedad y a la interpretación abierta con el lector, los resultados pueden ser maravillosos. A la hora de hablar de esto siempre recuerdo uno de los relatos más divertidos de Ijon Tichy, el fantástico personaje de Lem, que es el del viaje al planeta de los ardritas. En este relato no se deja de mencionar uno de los elementos centrales de la cultura de esa civilización, que el uso de sepulcas. Los intentos de Tichy por resolver el misterio de las sepulcas no dejan de conducirle a situaciones de lo más hilarante, como cuando intenta adquirir una en una sepulquería:

—Buenas, quisiera una sepulca.
—¿Y su mujer? ¿Dónde está su mujer?
—Esto… no, no está conmigo. Es que quiero una sepulca para mí solo.
—¡Largo de mi tienda! ¡Pervertido!

Y aunque al final del relato Tichy está a punto de enterarse de lo que es una sepulca y como se usa, desgraciadamente el impacto de un meteorito se lo impide. Con lo que Tichy se queda con las ganas… y el lector también. Pero no se debe considerar la constante referencia a las sepulcas como un timo: no deja de ser una broma, algo frustrante pero muy divertida, que enriquece/adorna un relato que en realidad va de otra cosa. Si quitáramos las sepulcas de él, se seguiría sosteniendo.

…o puede ser una tomadura de pelo

¿Cuándo hablamos de tomadura de pelo? Considero que es legítimo dejar al lector pensativo buscando las claves de lo que acaba de ver o leer sólo cuando el propio autor SÍ tiene al menos UNA explicación a lo que está contando. Pero no cuando ni siquiera el propio autor es capaz de darle sentido a lo que ha escrito. Y hay muchos ejemplos:

En la serie de TV Lost —o anteriormente Twin Peaks— se hace evidente que los elementos implicados no caben en una sola explicación coherente. Es lo que ocurre también en Mulholland Drive, la sobrevaloradísima película del responsable de, precisamente, Twin Peaks, David Lynch. Ninguna de las teorías que intentan explicar los hechos que se ven en la pantalla son capaces de justificar todo lo que se ve o deja de ver. Y en el caso concreto de Mulholland Drive, creo que ya a la mitad del metraje es evidente que el director no tiene ni pajolera idea que lo que está contando, por mucho que hable de sueños, personas duplicadas y milongas… pero le da lo mismo. Su única intención parece ser confundir al espectador creando falsas expectativas, falsos enigmas, que finalmente se quedan en nada porque son huecos.

Mientras en el suspense, tal como lo entendió Hitchcock, el espectador sabe lo que va a pasar y los personajes no (o viceversa), en este tipo de historias tramposas el espectador, no tiene idea siquiere ¡de lo que está pasando! Y todo el centro de gravedad de la historia descansa en este ansia por una explicación… que no existe.

¿Y esto cómo se resuelve?

Cuando el autor es honrado, tiene claro lo que ocurre y lo que quiere contar, la cosa tiene fácil solución: el autor da la suficiente información —coherente— como para que el lector/espectador avispado sea capaz de dar sentido a todo, produciéndole finalmente una gran satisfacción. En ese sentido 2001, Una Odisea en el Espacio, es una obra maestra. El propio Kubrick decía al respecto que él tenía muy claro el sentido de la película, pero que se negaba a revelarlo porque, como bromeaba, si se supiera por qué sonreía la Mona Lisa el cuadro jamás habría tenido tanta relevancia.

Pero cuando el autor es deshonesto y su intención se reduce a liarla parda, sin preocuparse de que lo que cuenta tenga sentido, lo que obtenemos es una serie como Lost. Y que conste que en el caso de esta serie concreta esto se veía venir desde los primeros episodios. Si eres de los/las que ha sufrido una gran decepción con el último episodio de Lost (que no he visto, ni tengo interés) ya sabes lo que tienes que hacer la próxima vez que te la intenten dar con queso: apagar la tele o cerrar el libro.

Y así aprenderán a no intentar tomarnos el pelo.

14 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

jajajaja

Comment by Anónimo — 2 abril, 2012 @ 11:08

Primera decepción con esta magnífica página que acabo de descubrir. Aún no he visto la última temporada de Lost, pero intuyo que no me va a decepcionar, porque, no solo Enma Torices y yo, sino miles de personas, sabíamos ya desde los primeros capítulos del carácter “lynchista” de la serie. Si cada enigma de cada episodio se “resuelve” con otro enigma y así sucesivamente, no hay que ser un intelectual para vaticinar cómo será el final, lo que no quita que uno esté deseando verlo. ¡Es que eso es lo que nos encanta, Profesora! ¿Ande está el engaño?
Un saludo a los autores. A todos menos a Enma, ojo.

Comment by cosmic — 15 abril, 2012 @ 12:38

Buenos tardes, Cosmic:

Veo que no me saludas, pero también que eso no te impide preguntarme dónde está el engaño.

Te lo contaría de mil amores, pero como dices que prefieres quedarte con las ganas a saber la explicación, haré un sacrificio y no diré nada.

A tu servicio.

Comment by Emma Torices — 15 abril, 2012 @ 15:26

Ok, rectifico la ausencia de saludo, me he pasado de maleducado. Pero es que Lost, al igual que Lynch, está resultando ser una de mis debilidades. Eso sí, a Lynch unas veces le sale bien (Corazón Salvaje, Carretera Perdida) y otras veces tropieza (precisamente Mulholland Drive, fíjate).
En cuanto a Lost, no hay engaño. Lo sé porque me fascina. Y si uno tiene 36 años, unos gustos ya formados en cine y literatura y un artista te produce emoción, no debe caber ninguna duda de que el tal artista sabía muy bien lo que hacía. Es decir, que ni se engaña ni te engaña. Yo es que amo los misterios.
Y muy interesante lo de los hopi. Saludos.

Comment by cosmic — 15 abril, 2012 @ 19:01

Ya suponía que era de chiste, tontón. Si no, no te habría contestado.

“Lost” sí tuvo engaño, porque la inmensa mayoría de los fans lo eran porque querían una explicación para todo. Y sólo en el último momento se desveló que aquello no había por donde cogerlo. La sustancia de “Lost” no es más que la gigantesca expectativa por el final. No es honrado.

Cuando esa expectativa se muestra como en “Esperando a Godot”, la broma todavía tiene gracia pues en realidad, la expectativa en esa obra reside en los personajes. En “Lost”, en los espectadores.

Comment by Emma Torices — 15 abril, 2012 @ 20:08

No, no hay engaño, porque si la mayoría de los seguidores estaban esperando una “explicación para todo”, estaban esperando mal, por inmensísima que fuera la tal mayoría. Con esto no quiero quedar como un gafapasta, así que lo que diría es lo siguiente: si un artista, sea pintor, escultor o guionista, quiere crear un “efecto”, sea cual sea el efecto y, al otro lado, hay espectadores que no solo lo captan sino que además lo disfrutan, entonces la obra está completa, sencillamente ha funcionado. Otra cosa es que, como es lógico, no todo el mundo sea receptivo al plan, lo que no es culpa de nadie, sino una mera cuestión de paladar.
A su servicio yo también.

Comment by cosmic — 17 abril, 2012 @ 18:18

cosmico dijo: “estaban esperando mal”.

¿Y por qué esperaban mal? ¿Quizás porque se les había dado información equívoca? ¿Quizás porque la serie escondía la promesa de una explicación? Eso es precisamente lo que critico en este artículo.

Comment by Emma Torices — 17 abril, 2012 @ 22:06

¿”Escondía” una promesa de explicación? ¿Y quién había prometido nada? Tal vez no estaba escondida, sino que no existiera.
Esperaban mal, porque si el final de todos los episodios era abierto, el final de la serie no DEBE ser cerrado, rompería el tono.

Comment by cosmic — 18 abril, 2012 @ 11:32

Yo soy uno de los estafados con “Lost” y no estoy de acuerdo con la interpretación de Cosmic. Los guionistas fueron creando misterios y mostrando pistas para mantener enganchados a los millones de pardillos que seguíamos la serie, porque si no a mí (ni a muchos otros) no nos habrían pillado viendo las dudas de si Kate se queda con Sawyer o con Jack, ni de si Locke es un iluminado o un iluso. Una manera honesta sería simplemente contar la historia de unos superviviente de un accidente de avión en una isla desierta y meterle algún elemento de misterio sin tener que recurrir a cuentos chinos. Porque opino que es extremadamente fácil hacer una serie si no tienes pensado explicar nada: “bueno, vamos a meter ahora un pulpo gigante, y luego que aparezca un OVNI y se lleve a esa pareja, y entonces hay un terremoto que mata al dinosaurio que había salido de aquel portal dimensional”. ¿Para qué tanto adorno? ¿No había ninguna forma mejor (y más honesta) de contar una historia con un mínimo de coherencia?

Que no, que no me vale. Si los creadores eran conscientes de ello pues que hubiesen avisado y así que la hubiesen seguido viendo sólo quienes tuviesen interés en los personajes y no en la trama. Y si no lo hicieron así era porque habrían perdido millones de espectadores ante tan grande fraude, no por otra cosa. Usaron la intriga de excusa para mantener enganchada a la peña (siguieron creando enigmas hasta los últimos episodios y avanzando aún más en el embrollo para nada).

Comment by Eloy Carrera González — 18 abril, 2012 @ 12:28

Firmo lo que dice Eloy. Y desde luego, decir que la culpa es de los seguidores es como decir “me ha pegado con su ojo en mi puño”.

Comment by Alberto V. Miranda — 18 abril, 2012 @ 12:52

Alberto, ya he explicado que la culpa no es de nadie. Ni de los seguidores ni de nadie. Más que nada porque para que haya culpables, tiene que haber delito, en este caso un fraude, una estafa, algo por el estilo. Tachar a unos guionistas de estafadores porque yo creo que una serie que acabar así y no asá son ganas de dar la matraca. Por otro lado, ¿Cómo estais tan seguros de que la mayoría se sintieron estafados? Mis amigos, que han visto la serie íntegra (repito que a mí me falta la última temporada), ya me han avisado (sin contármelo)de que el final es abierto y es exactamente lo que espero. Seguro que somos miles los que así nos parece bien. Y por lo tanto ¿donde está el estafador y donde el estafado? Yo he intentado leer algún libro de Javier Marías y no he podido pasar de 20 páginas o así. Pero como me consta que hay mogollón de lectores con criterio que se tiran suspirando hasta el final de la novela, debo entender que lo mío es un caso de incompatibilidad con el autor. No hay conspiración ni fraude.

Comment by cosmic — 18 abril, 2012 @ 15:19

He llegado aqui siguiendo una referencia (muy bien orientada) que aparece en las críticas sobre el infando de PROMETHEUS, perpretado por los mismos delincuentes nombrados antes… dice el tal Cosmic que todavía no ha visto el final de Lost..!je¡…ya ha tenido tiempo y no ha vuelto por aqui…supongo que abochornado.
Pues si, como dice Eloy, es una verguenza y una estafa, yo me he acercado a Prometheus (sin tocarlo ¡Por supuesto!) para maravillarme de que siga existiendo gente que pone su dinero en manos de estos villanos, pues nada por mi no lo ganaran. Pero claro, que se puede esperar ante la ecuación -> chorraguays(Lindelof-Abrams)+tontolculo(Scott) = mielda de pelicula.

Agradecimientos: Enma siga asi… me tiene rendido a sus pies, queda poca crítica sesuda por la red y mucho gafapasta con pretensiones.

Comment by Iconoclasta — 22 agosto, 2012 @ 18:59

Lost fue una estafa desde el primer momento. Desgraciadamente yo me di cuenta al terminar la primera temporada. Me recuerda mucho a un libro que eli de Stephen King llamado Colorado Kid, te venden que se trata de la esencia del misterio pero no es más una forma simple de crearlo. Venden humo de una forma más o menos conseguida, pero humo al fin y al cabo. Cuando termina la historia se te queda cara de tonto.

Es un filón que está de moda. Que los internautas escriban la historia… me parece de poca vergüenza. La historia la quiero ver que para eso pago por ella.

“José abre la caja de seguridad 1021. Es la única que no fue abierta durante el atraco de la mañana. En ella hay una maqueta de su vivienda, pero lo más curioso es que replica su casa tal y como la dejó esa misma mañana. Hasta aparece el vaso de leche en la mesa del salón. Ese mismo que le dio pereza recoger.”

Misterioso verdad? Sí no piensas en una solución es muy facil generar misterio.

Comment by Gasitas — 5 septiembre, 2012 @ 11:46

El ejemplo de las “sepulcas” corresponde, según me parece, a lo que Hitchcock llamaba MacGuffins.

En lo que sí estoy en desacuerdo es en que se meta Mulholland Drive en el mismo saco de Lost.
Mulholland Drive sí tiene coherencia interna, y magistralmente construida.

Comment by Joaquín — 13 septiembre, 2012 @ 14:54

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