16 abril, 2012

La relación entre la Consciencia y la Física Cuántica suele darse por bien establecida, sin ningún fundamento científico, en muchas filosofías New Age. Sin embargo, es una cuestión muy compleja que depende hasta de la interpretación de la Física Cuántica que escojamos. Este artículo hace un repaso a algunas ideas al respecto.

Pliego de descargo

Antes de meternos en harina, debo comentar que, como autor de este texto, soy muy consciente de que el título escogido es demasiado pretencioso para una publicación no académica sobre Física Cuántica, a la que me referiré en el resto del texto como QM (por Quantum Mechanics).

Creo, sin embargo, que el problema no está tanto en la cuestión a tratar, que es complicada, extensa y resbaladiza —pero abordable con rigor—, como en la labor despreciable de abundantes Charlatanes de lo Cuántico que, desgraciadamente, no sólo publican en internet; también llegan a vender libros, que en algunos casos se convierten en best-sellers.

Que el contenido de sus afirmaciones sea completamente absurdo y provenga de interpretaciones fragmentarias e incompletas de conceptos de la QM… no parece suponer un problema ni para ellos ni para el público. Así, hace unos días tuve oportunidad de leer la frase “dado que la consciencia es un subconjunto de la cuántica” escrita por un hombre que, al parecer, se recrea hablando sobre el tema TRAS HABER ASISTIDO A UNA SOLA CONFERENCIA en bachillerato.

El problema es que la percepción popular de la QM —y de la Física contemporánea en general— está pervertida y sensacionalizada por publicaciones como la Muy Interesante —y los tuercebotas de internet antes citados— y en su mayor parte es totalmente irreal: “Si hacemos un nudo a una supercuerda, podemos viajar en el tiempo”, como escribía un señor en una revista en los 90, cuando las cuerdas estaban en pañales.

Es por ello que enfoques divulgativos y didácticos más rigurosos se hacen totalmente necesarios, y por eso este artículo se centra en uno de los mayores abusos que se suele realizar sobre la QM: su relación con la Consciencia.

Respecto a mi propia capacidad para hablar del tema, debo reconocer abiertamente que no soy ni un profesional ni un investigador que tira de QM todos los días… por un pelo. Estudié apasionadamente QM cada vez que surgía —y lo hacía constantemente— durante mis años de facultad, y tuve la oportunidad de hacerlo con buenos profesores que sabían de lo que hablaban, que me enseñaron con detalle —al menos una parte— de las matemáticas necesarias, y machacaban sin piedad las concepciones equivocadas que aparecen en los medios… y hasta en los libros de texto. Sin embargo, circunstancias* me apartaron definitivamente del mundo de la investigación universitaria.

En definitiva, tengo el nivel suficiente como para saber dónde buscar en la wikipedia y así intentar soltar el mínimo de tonterías. Así que cójanme de la mano que sólo les voy a dar un paseo y, si se agarran fuerte, no les va a pasar nada: el único requisito es que ustedes ya tengan algunas nociones elementales de QM.

* Mi intención tras acabar la carrera era hacer el doctorado investigando en un área puntera —de aquella— muy relacionada con la QM. Pero a cierto capullo, un carguillo de mi facultad, no le dió la gana; y veló porque yo no entrara ahí. No os imagináis la chusma que os podéis encontrar en el panorama científico.

El problema de interpretar la QM

Hay que percatarse, antes de empezar con razonamientos, que cuando en medios de divulgación se habla de QM en realidad se suele hablar de la interpretación más o menos “estándar” u “oficial” de la QM, la conocida como Interpretación de Copenhague, que ya fue establecida hacia 1927, tan sólo un año tras la publicación de la famosa Ecuación de Schrödinger.

¿Por qué hablamos de interpretación? Porque, en realidad, el nivel de abstracción de la QM es tan exagerado —hasta para los propios físicos— que sólo es expresable mediante matemáticas extremadamente complejas y desconectadas de, valga la expresión poética, nuestras geometrías cotidianas.

Interpretar, dotar de sentido físico a las ecuaciones de la QM, es un paso previo imprescindible si queremos explorar las consecuencias de largo alcance de sus postulados. Y en el terreno de las interpretaciones de la QM no existe acuerdo unánime.

La importancia de la teoría

Debemos entender también que si esta disciplina tuvo un progreso tan espectacular durante sus primeros años fue porque sus avances se apoyaban en en el conocimiento de las propiedades de objetos matemáticos “puros” que ya se habían estudiado con detalle durante el siglo XIX y la primera década del XX.

Así, el tipo de simetría de las funciones matemáticas que describen las partículas permiten clasificar estas en bosones y fermiones. Sus comportamientos son totalmente distintos, a todos los niveles; pero perfectamente justificados desde las propiedades de esas simetrías puramente abstractas.

A veces, la mera manipulación de las fórmulas conduce a hallazgos. Es el caso del neutrino, que fue descubierto en el papel —toma triunfo— antes que en la realidad; ya que sin él, la ecuación que describía cierto tipo de desintegración radiactiva no cuadraba.

La importancia de la praxis

Sin embargo esta no es toda la verdad. La cuántica no es ninguna ciencia celestial de razón pura, en la que podamos hacer descubrimientos sin fin a base de papel y lápiz —y goma de borrar—.

Es cierto que la QM puede llegar muy lejos con un enfoque puramente teórico; pero siempre hay que contrastarlo con la realidad. La Física es una ciencia empírica, y aunque las partículas salten del papel a cascoporro como locas, luego hay que probar que están ahí portándose como esperas; y muchas veces la experimentación da sorpresas, mostrando comportamientos y propiedades que no estaban predichos teóricamente: ¿por qué un protón pesa 1836 veces más que un electrón? Misterio.

Por eso aceleradores como el LHC son necesarios. Hay quien critica su coste, pero esos mismos críticos ignoran que la cuarta parte del PIB mundial —como leí en una ocasión— proviene directamente de la aplicación de nuestros conocimientos en QM.

Es de reseñar, como anécdota, que los aceleradores de partículas no son precisamente sofisticados a la hora de operar; más bien todo lo contrario. Si los físicos en vez de partículas estudiaran el interior de relojes con estas máquinas, lo harían por el método de estrellarlos contra la pared y analizar las piececitas que saltan: lo sofisticado —y mucho— es el análisis posterior.

El papel del observador en la Física Moderna

Un aspecto que no se suele destacar lo suficiente a la hora de hablar de la Física contemporánea es que el papel del observador es central tanto en la QM —en todas sus interpretaciones— como en la Teoría de la Relatividad. En ambos casos, la realidad observada es siempre la realidad observada por alguien.

La principal diferencia entre la Física clásica (Mecánica Newtoniana, Electromagnetismo de Maxwell) y la Física Moderna (Cuántica, Relatividad) es que la primera asume la existencia de una realidad objetiva independiente del observador. La segunda, sin embargo, admite la necesidad de contar con la perspectiva del sujeto que observa. En cualquier caso, el papel del observador es ineludible y tanto la cuántica como la relatividad han de incorporar en su redacción —y lo hacen— el asunto de la subjetividad, del status del sujeto.

Ello no presupone, sin embargo, que ese sujeto esté dotado de una consciencia trascendental ni nada parecido. Desde algunas interpretaciones se admite que el simple acto de medir con un instrumento, aunque no haya un humano delante, equivale a la existencia de un observador. Puede que en el panorama de la QM la existencia de una consciencia trascendental tras el acto de observar sea una de las principales polémicas y por eso los especialistas suelen estar inclinados, por querencia personal, hacia una opción u otra.

Nuestro análisis ha de encaminarse precisamente a dilucidar el papel último del observador, pues se supone que, a priori, es en él donde podremos encontrar a la elusiva cosita llamada Consciencia, que todo el mundo tiene pero nadie sabe cómo es. En ese sentido OPINO que el instrumento que realiza una medición realmente no lo hace hasta que un humano —o ser consciente— echa un vistazo a la medida. Luego desarrollaré esta idea.

¿Pero la QM es “real” o no?

Siendo el modelo físico más abstracto de todos, también es el que tiene mayor poder predictivo. Mediante pura computación, aplicada sobre las fórmulas de la QM, se ha llegado a determinar magnitudes empíricas con 11 cifras significativas. Una precisión asombrosa. Desde luego, puede que la QM no sea “real” desde el sentido común; pero funciona, vaya si funciona. En ese sentido funcional podemos decir que es MUY real.

El papel del observador en la Interpretación de Copenhague de la QM

Como ya sabemos, la Interpretación de Copenhague es la visión más aceptada, con diferencia, entre los físicos cuánticos. Y lo es porque, como vimos en el párrafo anterior, FUNCIONA; y no hay necesidad de meterse en berenjenales de porqué lo hace, o la correspondencia de las fórmulas con el mundo “real”. A la mayoría de físicos les corresponde esta actitud pragmática que produce resultados sin tener que indagar en el porqué.

La Interpretación de Copenhague asume que todo sistema físico es describible por su Función de Onda, que no es más que otro nombre para la Ecuación de Schrödinger aplicada a cada caso particular. La informacion que aporta esta función es puramente probabilística, a no ser que la estemos utilizando para trabajar con sistemas macroscópicos, para los cuales las probabilidades se refinan tanto que acaban convirtiéndose en certezas. Por eso no tiene mucho sentido complicarse la vida aplicando Schrödinger a objetos mayores que una macromolécula.

Sin embargo aparece un problema conceptual grave con la Función de Onda en el momento en que introducimos la figura —necesaria— del observador, o al menos de la medida. Y es que la Función de Onda sólo parece existir cuando nadie mira. Se parece al hombre invisible de cierta parodia de superhéroes, que sólo es invisible mientras nadie le ve.

¿Qué pasa con el gato cuando nadie lo ve?

Vamos a intentar comprenderlo a partir del famosísimo experimento mental del gato de Schrödinger desde el punto de vista de la Interpretación de Copenhague.

El experimento, aunque seguro que el lector/a lo conoce bien, consiste en introducir un gato en una caja completamente hermética dotada de un sistema que mata al gato en caso de un evento de tipo cuántico (Schrödinger proponía que el sistema fuera activado por la impredecible desintegración de una partícula subatómica) con una probabilidad del 50% de que ocurra. La gracia está en determinar si el gato está vivo o muerto SIN abrir la caja.

Según el sentido común —cotidiano, nada cuántico— dentro de la caja hay un gato que, o está vivo, o está muerto. Abro la caja, despejo toda duda y me fumo un puro.

El gato mediovivo-mediomuerto que vive en el limbo

Desde la Interpretación de Copenhague, mientras la caja está cerrada, en su interior hay una especie de limbo, en el que simultáneamente hay un 50% de gato vivo y otro 50% de gato muerto.

La posible descripción mecanicocuántica del sistema no sólo no tiene ningún problema en admitir este punto de vista… ¡es que no le cabe otro!

¿Y qué pasa cuando yo, que soy el observador, abro la caja, según la interpretación de Copenhague? la función colapsa. ¿Ein? ¿Cómo?

Pues eso, que colapsa. Que se derrumba, que deja de existir. Todo por meterme en medio a medir el sistema.

El —misteriosísimo— colapso de la función de onda

La Interpretación de Copenhague —y en esto hay aún cierta polémica— no dota de ninguna realidad física a la función de onda; simplemente le otorga cierto valor predictivo como herramienta teórica.

Y es que de algún modo, en el momento en el que el sistema es definitivamente observado —aunque un físico convencional probablemente se limite a decir medido y evite la palabra observado—, su función de onda deja de ser aplicable. Ésta describe el sistema sólamente mientras está en el “limbo”, e informa sobre las distintas probabilidades de concreción del sistema para cuando deje de estar allí y “entre” en el mundo real.

Hay otro ejemplo habitual, muy ilustrativo, para entender esto último. Imaginemos que vamos a pescar a una charca turbia donde sabemos que hay un pez. Podemos modelizar el sistema asumiendo que hay un pez puntual que se mueve erráticamente por el agua, y una determinada probabilidad de que pique. De hecho, así lo vió el gran Feynman con su enfoque de Integral de Caminos para explicar la QM, que conduce a los mismos resultados que la ecuación de Schrödinger.

Pues bien, la función de onda considera que hay un pez “difuso” que está repartido por toda la charca y que, sólo cuando el pez “difuso” pica, “aparece” un pez “de verdad”, de los que se come. Pues bien: justo en el momento en el que el pez pica es cuando colapsa su función de onda.

Evitando el colapso: el multiverso


Una interpretación distinta, formulada por Hugh Everett en 1957, postula que en realidad no hay tal colapso, sino una infinita ramificación de cada evento cuántico en distintos universos paralelos. Sencillamente, cuando metemos al gato en la caja, el universo se desdobla en dos: uno con un gato vivo y otro con un gato muerto. Esta interpretación está tomando cada día más adeptos en detrimento de la de Copenhague. Por cierto: Everett creía firmemente en la inmortalidad cuántica.

Sin embargo, creo que esta visión provoca más problemas de los que resuelve con respecto a nuestra pesquisa —el problema de la consciencia— y la complica hasta el vértigo: ¿Mi consciencia está limitada a un universo o está presente en todos? ¿Por qué sigo en este y no en otro en el que me ha tocado la lotería? ¿Por qué…? ¡ARGH!

Una objeción muy pertinente

Hasta ahora hemos obviado el mecanismo subyacente en la ecuación de Schrödinger. Está claro que este señor no la hizo al tuntún, y que algún sentido le quiso dar. Es curioso que su interpretación posterior como distribución de probabilidad en el espacio no fuera la que pretendió originalmente su creador.

Schrödinger pensó en su ecuación como la descripción de un átomo de hidrógeno que, en vez de un electrón, tenía una “nube de carga” sutil, un “electrón difuso” como el del ejemplo del pez de hace unos párrafos. ¿El motivo? Los electrones “difusos” tienen más de onda-partícula que los electrones puntuales, y esta dualidad, que acababa de ser propuesta por Luis de Broglie, había funcionado muy bien para el átomo de Bohr. El Principio de Incertidumbre no se había enunciado todavía. ¡Si es que ocurrió todo en muy pocos años!

La ecuación de Schrödinger se puede considerar entonces como una especie de informe estadístico previo: “Yo te puedo dar las probabilidades, pero no el resultado.” Se parece a una encuesta electoral, que acierta un montón grosso modo, pero que es incapaz de predecir el número final de escaños de cada partido.

¿No estaremos cometiendo un error al otorgarle categoría de “realidad todavía no observada que tiene que colapsar” a una mera estadística sobre el resultado que tiene que salir? Y es que la realidad (o no) de la Función de Onda es otro de los puntos polémicos entre diversas interpretaciones.

Sigamos leyendo, que la cosa se complica.

El experimento de la doble rendija

El Experimento de la Doble Rendija es probablemente el más fascinante de todos los que suelen utilizar para ilustrar las peculiaridades de la QM. Curiosamente, se suele exponer para ilustrar empíricamente el concepto de dualidad onda-corpúsculo: pero también se suele pasar de puntillas sobre una implicación muchísimo más demoledora, una auténtica carga de profundidad escondida en los resultados de este increíble experimento, que señala flaquezas importantes de la interpretación de Copenhague.

El experimento es relativamente sencillo, y existen varias versiones. En una de ellas, simplemente introducimos una pequeña cantidad de sustancia radiactiva —la suficiente como, por ejemplo, generar de media una partícula por segundo— dentro de una caja de plomo con un agujerito. Frente al agujerito, colocamos una pantalla de plomo con otros dos agujeritos.

Si al otro extremo de la muestra radiactiva, tras la pantalla de plomo, colocamos dos detectores de partículas, uno detrás de cada agujero, comprobaremos que los detectores pitarán regularmente, pero nunca a la vez, dependiendo del agujerito por el que ha pasado la partícula. En definitiva, las partículas que se portan bien pasan por un agujerito o por el otro, pero no a la vez por los dos.

Ahora quitamos los detectores de partículas y ponemos un detector de ondas; por ejemplo, una superficie de sulfuro de zinc, que emite fotones con facilidad cuando choca una partícula contra ella. Si esperamos un rato, encontraremos un patrón de interferencia de ondas. ¿Qué ha pasado con la partícula? La única explicación posible que es una onda chocó contra los agujeros, y una vez que los atravesó, dividida en dos difractó consigo misma.

En definitiva, cuando ponemos un detector de partículas, tenemos una particula que pasa por un agujero de cada vez. Cuando ponemos un detector de ondas, tenemos una onda que pasa por los dos agujeros a la vez. Y sin cambiar la muestra.

Otra versión de este experimento, involucrando el bombardeo con electrones —que también saben comportarse como onda y como partícula—, es el que se muestra en la secuencia de imágenes de la derecha. En este caso vemos como inicialmente los electrones caen como partículas, marcando su punto de “aterrizaje”. Pero, a medida que pasa el tiempo, aparece un patrón de difracción evidente, como se puede apreciar.

Increíble, acongojante, espectacular. Si hay un experimento que ilustra mejor la dualidad onda-partícula, es este: ha quedado totalmente demostrada.

Este es el punto donde las reflexiones sobre este experimento (que ha sido llevado a cabo innumerables veces no sólo con electrones o fotones, sino hasta con neutrones ¡y con moléculas pequeñas!) suelen finalizar. Sin embargo, hay una cuestión pendiente realmente estremecedora:

¿Cómo “SABE” la onda/partícula qué tipo de detector hay al otro lado de las rendijas?

La interpretación de Copenhague al respecto se limita a afirmar que es imposible conocer la naturaleza esencial de la onda/partícula que llega al detector.

En otras palabras, es imposible saber qué ES en realidad un fotón —por ejemplo—, pero sabemos que un fotón se puede MANIFESTAR de dos maneras: como onda y como partícula. Y que por tanto, si buscamos una onda veremos una onda. Si buscamos una partícula, veremos una partícula. Pero nunca onda y partícula a la vez.

Esta explicación, como todo lo que rodea a la Interpretación de Copenhague, sabe a poco. Evita, o al menos no aclara lo suficiente, la cuestión esencial: aunque cuenta con la necesidad del observador —ese señor que “busca” ondas o partículas— o al menos del sistema de medida, no dice nada de qué manera está ese observador —o instrumento— condicionando todo el experimento. Evita el cómo.

La Interpretación de von Neumann y Wigner

Ya en 1932 von Neumann teorizaba sobre el asunto de modo poco sutil, la verdad; recordemos que estaba todo muy verde todavía: incluso el jodío gato de Schrödinger es posterior, de 1935.

Sin salirse demasiado de la interpretación de Copenhague, von Neumann aseguró que LA CONSCIENCIA DEL OBSERVADOR PROVOCA EL COLAPSO DE LA FUNCIÓN DE ONDA. Y cuando von Neumann (que no era ningún zoquete) habla de consciencia, lo hace postulando la existencia de una mente inmaterial. Y en ese sentido se opone completamente a los adherentes a Copenhague.

Monismo y Dualismo

Pero esto ya es metafísica pura y dura, y por eso esta interpretación ha sido objeto de fuertes críticas y ha sido abandonada por los científicos, aunque no por todos. Y es que asume necesariamente una posición dualista, objeto-sujeto, que distingue entre mundo material (explicable físicamente) y mundo mental (no explicable físicamente). Para un Copenhaguiano “puro”, el colapso de la función de onda se produce no por la —supuesta— consciencia del observador, sino por el simple acto de medir el sistema.

Aunque no se acepta de modo universal, la visión predominante entre los físicos contemporáneos es que la mente reside en el cerebro y que este es un sistema físico como otro cualquiera. Obviamente esta óptica monista rechaza la existencia de dos planos de existencia, uno material y otro psíquico. Curiosamente, esta polémica no deja de parecerse a una cuestión similar que se produjo en la primera mitad del siglo XIX, cuando se creía que la materia que componía a los seres vivos era distinta a la materia inanimada. Y aunque aquella apuesta la ganaron los que aseguraban que no había diferencia, en el caso que nos ocupa, no está tan claro.

En cualquier caso, esta interpretación del señor von Neumann —al que por otra parte respeto hasta la devoción— causa más problemas y polémicas de las que resuelve, y es posible que hasta cierto punto sea responsable del aborrecible Misticismo Cuántico que tanto daño ha hecho. No por sí mismo, pues encuentro encomiable el intento de desarrollar una MetaQM a partir de la propia QM: ahí tenemos la estimable labor de Fritjof Capra y su búsqueda de conexiones entre el mundo cuántico y la filosofía oriental ancestral en su monumental y muy recomendable obra El Tao de la Física.

No. El daño proviene de gurucillos diversos que han intentado hacer lo mismo desde un desconocimiento enciclopédico* de la QM.

* Una manera fina de decir que no tienen ni pajolera idea.

Observación vs. Medida

Antes dije que OPINABA que un instrumento en realidad no mide hasta que el humano —o ser consciente— le echa un vistazo. Si aceptamos el “limbo” en el que vive el gato de Schrödinger, aceptamos también que un proceso microscópico de carácter cuántico (la partícula radiactiva) ha afectado a un sistema macroscópico (el gato) convirtiéndolo también en “cuántico”, valga la expresión.

Si aceptamos esto, insisto, y aceptamos también —aunque sea parcialmente— la propuesta de von Neumann, también debemos aceptar que un instrumento que ha tomado una medida a un sistema cuántico puede hallarse en un “limbo” en el que la misma máquina, con distintas medidas, espera a que un humano —o ser consciente— se digne en mirarla.

El Principio Antrópico

Ha llegado el momento de exponer esta idea, aunque sea como complemento a lo anterior. El Principio Antrópico, con su variedad de implicaciones y matices, expone que: el Universo no existe a no ser que haya seres conscientes para observarlo.

John Archibald Wheeler, uno de los físicos teóricos más importantes del siglo XX, desarrolló una variante de este principio llamada Principio Antrópico Participativo por la cual la realidad es creada exclusivamente por los observadores y por tanto el Universo precisa, aunque sea parcialmente, la presencia de seres conscientes para poder existir. Henry Stapp, otro físico, propone ideas parecidas.

Sin embargo, el problema del Principio Antrópico es similar al del huevo y la gallina, e infinitas discusiones se han realizado —y se realizarán— sobre si el Universo nos creó a nosotros para poder existir él mismo, si somos producto de una Selección Natural de Universos que desechó los que no desarrollaron consciencia, etc, etc… Como las implicaciones no son fácilmente verificables o falsables —cuando lo son— y en cierto modo nos resultan irrelevantes para nuestras pesquisas, no indagaré más por esta vía. Pero que se sepa que está ahí.

La Interpretación Relacional de la QM

Parece que hubiéramos llegado a un callejón sin salida. Pero no es así, ya que la interpretación de Copenhague (incluso con los matices de von Neumann) no es la única. Hay más. E interesantes.

Entre todas ellas destaca la interpretación que el físico Carlo Rovelli propuso en 1994: la Mecánica Cuántica Relacional, conocida por las siglas RQM.

El nombre de relacional le viene porque su idea central es que sólo tiene sentido hablar de sistemas físicos desde el punto de vista de otros sistemas físicos. Según esta interpretación, que no contradice en modo alguno ni a la formulación matemática ni, obviamente, al resultado de los experimentos, un mismo sistema puede mostrar comportamientos diferentes para distintos observadores.

Pero, de modo más elocuente, la idea central de esta interpretación es que es imposible estudiar un sistema físico sin incluir al propio observador como parte integral de ese sistema. Sus implicaciones son poderosas: entre ellas, destaca la imposibilidad de describir la totalidad del Universo, ya que habría que hacerlo desde la posición de un observador externo (que por lo que sabemos no existe). Así, el cosmos es sólo estudiable como un conjunto solapado de sistemas observados desde otros sistemas.

Si volvemos a ver el experimento de la doble rendija desde esta óptica, entonces tenemos que incluir al señor o señora con bata que está pendiente de los detectores. De este modo, la partícula no tiene ninguna necesidad de “saber” que tipo de detector se va a encontrar: basta con que lo sepa el observador.

¿Es este el punto de vista correcto?

Lo que en definitiva propone la RQM es pasar de esta manera de ver las cosas…

…a esta otra.

En otras palabras, podemos dejar de hablar de Sujeto y Objeto, con su implícito dualismo, para pasar a un monismo en el que sólo existe Observación, entidad unitaria en cuyos extremos encontramos a Sujeto y Objeto.

Variables ocultas

¿Cómo queda el experimento del gato desde este punto de vista? Pues bien: según la RQM, hasta que no observamos si el gato está vivo o muerto por el procedimiento de abrir la caja, no hay nada que decir. No existe ningún limbo, ni escisión de universos. No hay NADA hasta que observamos.

¿Hace ruido el árbol si no hay nadie para oírlo? La RQM responde: sin observación no existen propiedades definidas.

El sentido común no contradice nada de esto, aunque parezca que sí, y de hecho no se puede diseñar un experimento que demuestre que pasaba algo dentro de la caja del dichoso gato SIN observar en su interior, del mismo modo que no podemos diseñar un experimento que demuestre que un reloj hace tic-tac cuando no estamos pendientes de él.

Más divertido aún es darse cuenta de que puede haber dos observadores alrededor de la caja y que sólo uno de ellos mire su interior. La RQM admite con naturalidad que el estado de un sistema sea distinto para dos observadores distintos. Y es que ya no hablamos, horror, de un objeto que simultáneamente goza de dos estados cuánticos distintos, sino de dos observaciones distintas.

La interpretación de la RQM es consonante con el Teorema de Bell, que asegura —y todavía hay discusiones sobre esto— que los resultados de la cuántica NO se pueden entender como consecuencia de magnitudes e interacciones físicas ocultas a nuestros sentidos e instrumentos. Y es que si así fuera, habría que admitir que tras la representación teatral conocida como Realidad Física Observable existen unas bambalinas con sus tramoyistas y técnicos procurando que todo salga bien. Según la RQM y las interpretaciones que se acogen a Bell, detrás del escenario no hay NADA.

Pero también hay dificultades…

Una vez alcanzado el monismo que establece que no hay nada aparte del acto de Observación, y que Objeto y Sujeto no son más que categorías cómodas que nos permiten entender aquel, muchos problemas desaparecen, pero afloran otros.

El primero y más evidente es que razonar desde este monismo es complicado. Si pensando desde nuestra mentalidad de Objeto-Sujeto definimos la Observación como una relación entre ambos, resulta a su vez difícil expresar la Observación como resultado de otra cosa. Explicado con un ejemplo concreto: nos resulta fácil entender que el lector o lectora (Sujeto) realiza una Observación sobre la pantalla sobre la que está escrito este texto (Objeto). Pero nos es más difícil operar y razonar entendiendo que somos meros partícipes de la Observación, y luego escindirlo en nosotros (Sujeto) y a la pantalla (Objeto).

Sin embargo, es posible que el problema esté solamente en la falta de costumbre, en las limitaciones de la estructura del lenguaje humano y en emperrarse en identificarnos a nosotros, Observadores, como algo completamente separado de lo Observado.

…tal vez insalvables

Si pensamos en un Universo que está hecho de acciones de Observación… ¿Cómo las podemos definir? ¿De cuantos tipos hay? ¿Qué dinámica las gobierna? ¿Cuantos tipos de sujeto hay? ¿Puede una piedra ejercer de sujeto? ¿Y una partícula? ¿Tienen las piedras y las partículas “consciencias” a su manera? ¿Cómo influye lo macroscópico en lo microscópico? ¿Había algo cuando no había nadie? ¿Universo y Observación coevolucionan?

Estas son algunas de las preguntas que habría que poder contestar para obtener una Teoría de la Consciencia más o menos satisfactoria a partir de este paradigma tan poco convencional. No quiero inducir a confusión sugiriendo que estas dificultades se refieren a la formulación matemática de la QM. Ese no es el problema porque la formulación ya está ahí. Me refiero a problemas conceptuales sobre el significado de lo que hacemos con ellas.

Puede que los obstáculos más importantes sean los que se derivan de la evidente pregunta: ¿De qué sustancia está hecha una Observación? Quizás sea imposible saberlo. Quizás no tenga ni sentido la pregunta, porque estemos buscando sustancia donde a lo mejor no la hay.

Un universo hecho de psique

Desde mi punto de vista, y esto es sólo mi creencia particular, aunque compartida por mucha gente —no sin razón el idealismo filosófico ya existe desde tiempos de los griegos— creo que la naturaleza última del Universo, la sustancia de la que está hecha la Observación, es consciencia, psique; y que el mundo material es algún tipo de artefacto de esta psique.

“Para decirlo crudamente: la sustancia del mundo es la sustancia mental.”
Sir Arthur Eddington, 1930

El problema es que no tenemos ninguna prueba, ni manera de obtenerla. Al menos, sin convertirnos en testigos directos del hecho usando dimetiltriptamina u otro enteógeno de los interesantes.

Un jarro de agua fría

Me gustaría poder acabar el artículo en los párrafos anteriores, fundar mi propia secta y forrarme. Pero hay que ser honestos. Llegados a este punto de la discusión pareciera que la QM nos lleva inexorablemente, queramos o no, a un universo exclusivamente psíquico. Pero a lo mejor no es así.

Apenas hemos visto unas pocas interpretaciones de la QM, cuando existen un montón de ellas, en ocasiones con postulados contradictorios. ¿Existe alguna interpretación que prescinda de la figura del observador y considere la Función de Onda una entidad física real que funciona por sí misma?

Pues sí. La tenía guardada en el bolsillo para cuando llegara este momento. He sido un poco zorro, lo sé.

QM Transaccional

En 1986 John G. Cramer propuso un elegante mundo cuántico formado por ondas estacionarias proyectadas simultáneamente hacia el futuro y ¡hacia el pasado! De este modo, introduciendo además de la causalidad el concepto de retrocausalidad, soluciona un montón de problemas conceptuales y paradojas planteados por visiones más convencionales de la QM. Uno de ellos, nada desdeñable, es el del entrelazamiento cuántico, que no vamos a abordar aquí porque se sale del objeto de nuestra disquisición.

La gracia de esta QM Transaccional es que se parece sospechosamente a una familiar teoría clásica, con sus partículas y ondas propagándose por el espacio, minimizando —que no eliminando— los elementos misteriosos/esotéricos, como el papel del observador y su consciencia: el observador es un sistema más. Hasta el motivo de porqué se produce el colapso de la Función de Onda deja de ser una pregunta pertinente según esta acepción de la QM, ya que este colapso deja de producirse en un punto concreto del tiempo para “repartirse” a lo largo del eje temporal.

De nuevo tenemos una especie de universo-reloj —aunque NO determinista— al que sólo hay que darle cuerda. Y en el que nosotros, observadores, sólo somos un engranaje más.

Entonces, ¿podemos llegar a alguna conclusión?

Recapitulemos. Hasta ahora hemos intentado resolver el problema de la Consciencia extrapolando a partir de los hallazgos —y misterios conocidos— de la QM.

El problema está en que ni siquiera tenemos una interpretación única o universalmente aceptada de la QM. Sólamente en la wikipedia tenemos CATORCE interpretaciones distintas de la QM, algunas irreconciliables. Eso sin contar las NUEVE interpretaciones que la wiki considera minoritarias o magufas.

¿Podemos por un momento aceptar que la QM no está acabada? ¿Que quizás es demasiado pronto como para intentar elaborar una metafísica robusta a partir de ella?

Personalmente creo, y esto es opinión, que la QM actualmente se halla en el estado equivalente al de la Astronomía en tiempos de Ptolomeo. De aquella las trayectorias de los planetas no se describían mediante elegantes elipses, sino mediante enrevesados epiciclos. Aunque actualmente la QM hace uso de las matemáticas más avanzadas, sistemas relativamente sencillos NO se pueden resolver de modo analítico con papel y lápiz, sino de modo computacional: la fuerza bruta de los ordenadores aplicada al análisis numérico.

Del mismo modo que los epiciclos no tenían en absoluto sentido físico, es posible que las herramientas matemáticas que se utilizan ahora mismo para describir mecanicocuánticamente los sistemas TAMPOCO lo tengan, y de ahí la diversidad de interpretaciones.

CREO que NECESITAMOS un KEPLER que previamente simplifique la descripción de los sistemas cuánticos y un NEWTON que desarrolle una nueva matemática que lidie con los objetos de la QM de forma sencilla, elegante y natural, del mismo modo que la Ley de Gravitación acabó poniendo orden en nuestra concepción del Sistema Solar.

Sólo entonces podremos abordar esta pesquisa desde una base sólida. Es posible que en el futuro acabemos deduciendo la QM a partir de una Teoría General de la Consciencia. Quién sabe.

Conclusión

1) En el estado actual de conocimiento, los intentos de elaborar una Teoría de la Consciencia a partir de las posibles interpretaciones de la Mecánica Cuántica son extremadamente problemáticos, debido al escaso consenso con respecto a estas últimas.

2) A lo más que podemos llegar es a reconocer el papel del sujeto dentro de la Física Moderna en general, y no sólo en la QM.

3) Ergo, no tenemos NI IDEA del asunto.

4) Por tanto, desconfiemos de cualquier aseveración rotunda que relacione Mecánica Cuántica y Consciencia, relegándola a la categoría de pseudociencia… por el momento.

28 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

Gracias por el artículo, es un placer leer una explicación rigurosa que analiza la (falta de) relación entre mecánica cuántica y consciencia respetando (y con conocimiento sobre) ambas.

Comment by mo — 2 enero, 2012 @ 4:24

Por cierto, quizá quieras revisar la primera frase del cuarto párrafo del epígrafe ‘Entonces, ¿podemos llegar a alguna conclusión?’ ;)

Comment by mo — 2 enero, 2012 @ 4:37

Gracias Mo, pero ¿te refieres a quitar que lo que digo es una opinión? Es que me temo que es sólo una opinión.

Comment by Alberto V. Miranda — 2 enero, 2012 @ 9:30

Muy buen artículo, sobre todo después de leer el otro día al Hempel ése…
Todo esto de la cuántica es fascinante y me encanta imaginar qué aprenderemos en el futuro sobre esa realidad tan extraña. Lo malo es que lo que sé de QM se limita a un conocimiento divulgativo, ¿qué libros de texto recomendarías para introducirse en el tema?

Te recomiendo, por si no los conoces, los ensayos de Schrödinger publicados por Tusquets (“Mi concepción del mundo”, “Mente y materia”, etc). Contienen reflexiones muy interesantes sobre las implicaciones de la cuántica, incluyendo el problema de la consciencia y tratando también temas místicos/metafísicos de la antigua filosofía hindú (pero con seriedad, claro).

PD: Es una manía mía, pero se dice “grosso modo”, sin la “a”.

Comment by spiff — 2 enero, 2012 @ 16:52

Ah, no, Alberto, me refiero a “se halla” :)

Comment by mo — 2 enero, 2012 @ 17:06

Bueno, para ser un artículo sobre un asunto tan complicado me alegro que sólo me hayáis encontrado fallos ortográficos. Corregidos ambos.

Spiff, gracias por las recomendaciones. Yo no sé que libro concreto recomendarte pues lo que aprendí lo hice sobretodo en la facultad, directamente de profesores o de mucha bibliografía distinta, toda ella libros de texto de un nivel quizás árido y cuyos títulos no recuerdo. La verdad es que de divulgación sobre cuántica no habré leído prácticamente nada.

Eso sí, aunque ya tengan unas décadas, recuerdo los libros de George Gamow sobre los sueños de su personaje Mr. Tompkins como unas excelentes introducciones a la física moderna: http://en.wikipedia.org/wiki/Mr._Tompkins

Comment by Alberto V. Miranda — 2 enero, 2012 @ 17:39

¡Spiff! Uno de divulgación muy interesante: “El Tao de la Fïsica”, que recomiendo en el artículo.

Comment by Alberto V. Miranda — 2 enero, 2012 @ 19:33

He llegado aquí gracias al consejo de un amigo y me ha encantado el artículo. Con tu permiso, quizá cite el artículo en mi blog, citando la fuente por suerte.

Un abrazo

Comment by — 2 enero, 2012 @ 20:59

Gracias, Sr. Camino.

Comment by Alberto V. Miranda — 2 enero, 2012 @ 21:13

Madre mia, cómo estaba anoche de despistado. Donde digo “citando la fuente por suerte” quería decir “citando la fuente, por supuesto”.

Nos hacemos mayores… :)

Comment by — 3 enero, 2012 @ 9:41

Eso es de los porros.

Comment by Alberto V. Miranda — 3 enero, 2012 @ 10:25

WOW. gracias por el ARTICULAZO albertinho. me faltaba un rato libre delante de un ordenador para leerlo, pero me parece que voy a tenerle que dar dos o tres leídas más porque no me he enterado de la mitad. Apuntes así que se me ocurrena bote pronto — la filosofía del principio antrópico participativo tiene un eco en el druidismo. Y en cuanto al multiverso, yo desde luego no lo he experimentado, pero encontré fascinante los libros de Zoe7, un psiconauta superpasao (combinaba tomas de ayahuasca + máquinas de estimulación mental + salvia divinorum) que cuenta haber experimentado tierras paralelas, etc … –lo malo es que el tipo luego recurre a literatura new age y quedan un poco cojos los libros.

Comment by Rev. JFK Tadeo — 4 enero, 2012 @ 14:02

Gracias Reverendo: es que hay que contrarrestar a los Hempel del mundo.

Sí, recordaba haber leído esa cita y de hecho, el principio antrópico participativo lo he experimentado de primera mano, pero ya te lo contaré en privado.

El Zoe7… no sé que pensar. Mezclar es malo, te lo digo yo. No sé que valor podría darle a sus pesquisas.

Comment by Alberto V. Miranda — 4 enero, 2012 @ 14:28

[...] Reproduzco por partes algunos fragmentos de un artículo que me ha gustado bastante sobre el tema. El artículo original es de Alberto V. Miranda y lo podeis encontrar aquí. [...]

Pingback by Física cuántica y consciencia (I) « Un petit calfred de l’ànima — 6 enero, 2012 @ 10:16

Si he entendido bien el P.A.P. también encajaría totalmente con la filosofia Advaita Vedanta, en el sentido de que afirma que el observador crea el universo. Y parcialmente con el Zen cuando dicen que la mente (Hsing) es el universo.

Hay una anécdota del sexto patriarca zen en la cual pasaba ante dos monjes que discutian si lo que se movía era una bandera o el viento que soplaba. Tras un rato Hui-neng les dijo “lo que ondea son vuestras mentes”. Siglo VII

Comment by — 10 enero, 2012 @ 8:31

Bueno, que puedo decir me dejaste encandilado recordando. Gracias por la divulgacion seria y sin grandielocuencias magufas-charlatanas. Se entiende muy bien!. Espero la continuacion por donde vaya estabilizándose el conocimiento.
Saludos.

Comment by ximpe — 29 enero, 2012 @ 1:04

Para los que quieran profundizar en la QM y, como yo, no tengan una formación universitaria, aconsejo la excelente serie del blog “El Tamiz (antes simplista que incomprensible)”: Cuántica sin fórmulas. Riguroso, ameno y educativo.

http://eltamiz.com/cuantica-sin-formulas/

Comment by Chapu — 6 febrero, 2012 @ 11:35

Chapu, he mirado (por probar) la descripción de los pozos de potencial y está realmente bien explicado y de manera rigurosa. Debo confesar que me hacía malas expectativas antes de echarle un vistazo, pero esta página de “El Tamiz” me parece un descubrimiento. Gracias.

Comment by Alberto V. Miranda — 6 febrero, 2012 @ 15:06

Me ha gustado mucho el artículo, que es bastante ameno, aunque se aconseja al menos haber visto alguna pincelada sobre la QM.

Respecto al ejemplo del gato, siempre quise exponer dos interpretaciones muy extremas, y dilucidar si existiría algún método experimental que permitiese comprobar o falsar una interpretación de la otra:

1, Interpretación de Copenhague al extremo: La situación del gato está definida siempre. El gato está compuesto de muchas partículas. Esas partículas interacciona y produce diversos campos que en la práctica no se pueden aislar, por lo que el gato nunca está completamente aislado y siempre estará sometido a mediciones -no importa que estas mediciones sean premeditadas o no. Es más, el propio gato es un ser lo suficientemente complejo como para que sus propias partículas actúen como mecanismos de medida. A efectos prácticos, sólo las partículas subatómicas, o, como mucho, algunas moléculas, pueden aislarse del resto del mundo lo suficiente como para que experimenten, durante una fracción de tiempo, “el limbo”.

2, Interpretación Antrópico llevada al extremo: Podríamos decir que sólo la medición de una entidad con consciencia podría definir la situación del gato. Pero, ¿qué es la consciencia? Haciendo mención a Descartes (pienso, luego existo), tal vez podamos estar seguros de nuestra propia consciencia, pero, ¿y la de los demás? Dando unas vueltas de rosca a este principio y llevándolo al extremo, se podría afirmar que sólo YO -como individuo en primera persona- puede, con su medición en primera persona, definir la situación del gato. Da igual que la medición la registre una máquina, un ser vivo o incluso cualquier otro ser humano -este ser humano quedaría en el “limbo cuántico” hasta que contactásemos con él. Hasta que nosotros mismos no hayamos corroborado con nuestra propia experiencia el estado del gato, éste quedará en estado indefinido.

Este último planteamiento es bastante filosófico. Y seguramente hayan otras muchas posibles interpretaciones, todas ellas con una descripción de los hechos aparentemente correcta. Pero saber cuál de todas las interpretaciones es la correcta se me antoja algo bastante complicado. En algunos aspectos me da la sensación que roza el límite de lo falsable.

Finalmente, me perece muy acertada la comparación final de Ptolomeo y Kepler. Tal vez estamos retorciendo más de la cuenta la explicación de la realidad.

Comment by chamaeleo — 10 febrero, 2012 @ 20:07

Gracias. Aparte estás abordando cuestiones paralelas al artículo que son muy interesantes.

Una de ella, permíteme que la señale, es que el experimento en cuestión tiene una implicación poco evidente al primer vistazo, que es “¿puede de verdad un evento microscópico de tipo cuántico condicionar el estado de un sistema macroscópico, de tal modo que este también manifieste propiedades análogas?”.

La visión 1) que propones llega al extremo de negar que un fenómeno cuántico transfiera su cualidad a escala macroscópica, mientras que la 2) es subjetivista hasta casi rozar el posmodernismo.

Yo estoy, por inclinación, más a favor de ese subjetivismo radical, que es la otra cuestión que encuentro interesante.

Respecto a esto te dirijo directamente al artículo de la colega: La Cosmovisión Hopi.

Comment by Alberto V. Miranda — 10 febrero, 2012 @ 21:24

Tu artículo es realmente interesante. Fíjate si lo es, que me interesa a mí, que no he conseguido entender ni la mitad. De jovencito, se me daban mal las matemáticas, la física y la química. Hablo del BUP, claro. Es algo que lamento profundamente. Respecto a la QM y la conciencia, vivo en un sinvivir. Llevo eones navegando por la red para intentar aclararme acerca de si es cierto eso de que la conciencia tiene que ver con el colapso de la función de onda, si todo es charlatanería o va en serio. Uno ve que documentales del tipo “Y tú qué sabes” son duramente criticados por pseudocientíficos. Pero por otra parte, parece que la idea de que la conciencia “influye” de algún modo en la materia es defendida por físicos serios de esos con gafas y bigote. Con toda seguridad estoy influenciado por mi poco fundamentada esperanza de que la mente sea algo distinto del cerebro. Y haya libre albedrío, e incluso trascendencia…snif.
Incluso compré ( e intenté entender) un libro acerca del tema: “El Enigma Cuántico”, en la colección Metatemas de la editorial Tusquets. No se si lo habrás leído y qué piensas de él.
Supongo que habrás oído hablar de la teoría Hameroff-Penrose de la conciencia (que también me cuesta lo mío). Hablan de un supuesto funcionamiento cuántico del cerebro que, al menos en palabras de uno de sus proponentes, Hameroff, haría posible la separación mente-cerebro. En una revista un poco new age, le hacen una entrevista, te dejo el enlace por si quieres mirarla:http://www.mundonext.com/una-exploracion-de-la-conciencia-cuantica/

Comment by cosmic — 19 abril, 2012 @ 22:07

Ya hace muchos años me leí ““La nueva mente de Emperador” de Roger Penrose (al que por lo general admiro mucho), y debo señalar que si apenas lo menciono en el artículo fue porque me pareció muy decepcionante.

Sencillamente, no sé si aborda el problema desde la perspectiva correcta, o mejor dicho, tengo la sensación de que por una parte se dedica a negar posibilidades (algo que le encanta a los científicos consagrados), y por otra propone una teoría muy ambiciosa, pero completamente cogida por los pelos.

En cualquier caso, este artículo se centra más en las ideas que se expresan en los párrafos del enlace que me propones:

Pronto me di cuenta de que, sólo porque la naturaleza de la conciencia sea misteriosa, y que la naturaleza de la física cuántica también lo sea, no significa que ambos misterios sean al final la misma cosa [...] resultó que el supuesto perfecto matrimonio entre la física cuántica y la conciencia era probablemente sólo un poco más del pensamiento optimista de la Nueva Era

Es decir, en desmontar todo el castillo de naipes que se ha elaborado en los últimos 30 años de New Age Cuántico, en el que cada libro se apoya en las tonterías que ha dicho el anterior (y no en los hechos) y en el que al final del proceso obtenemos una caraja espectacular que mucha gente da por buena sin ningún criterio, cuando en realidad no hay por dónde cogerla.

Lo único que está claro, como ya dije en el artículo, es que el papel del observador es central en la física moderna (y no sólo la cuántica) y esa subjetividad tiene implicaciones profundas, ya que relaciona indisolublemente la realidad física (objetividad) con la consciencia (subjetividad), haciéndolas efectivamente inseparables.

Otra cosa es que se sepa algo con certeza sobre dicha relación, más allá de hipótesis como las de Hameroff-Penrose, y que se pueda hablar alegremente de consciencia cuántica. Esto último es lo que ataca este artículo.

Comment by Alberto V. Miranda — 20 abril, 2012 @ 7:40

Gracias, Alberto.
Pero es que amí me ha llamado mucho la atención uno de tus párrafos, ese en el que OPINAS que debe haber un ente consciente para que colapse la función de onda. Y mucho más eso de que (no se si lo he entendido bien), la base del universo sea “psique”. New Age aparte, ¿no va ese parecer tuyo en la dirección de una mente separada de la materia, por tanto de algo trascendente? A mi me parece que en todos esos sitios dedicados al “pensamiento racional”, “escepticos” y tal y cual, ese tipo de interpretaciones son las calificadas de “magufas”, no creo que hicieran mucha distinción entre esas posturas místicas que criticas y tus opiniones. Dices que no está probada la relación QM-conciencia. ¿Cual es entonces el motivo que te lleva a sospechar ese universo de psique?

Comment by cosmic — 20 abril, 2012 @ 11:52

Discusión, polémica, ¡por fín! Juro que cuando abrí esta revista la intención era que hubiera discusión y polémica.

Como bien dije, OPINO que me atrae la idea de un universo con una esencia última “psíquica”, lo cual no es new age ni magufo; de hecho, es muy anterior a esas modas y nos remite incluso a posiciones fuera de toda sospecha como el idealismo kantiano.

Tampoco creo que haya considerar separación entre mente y materia, o hablar de una mente trascendente. Creo, sin más, que la materia es un artefacto de la psique. O por decirlo de otro modo, el mundo material está contenido dentro del mundo psíquico. Pero no separado.

Obviamente, cuando hablo de psique no hablo de la mente individual o, líbreme dios, de la vocecita en la cabeza llamada “ego”. Creo que la psique es UNA (no puede ser de otra manera) y que nuestras consciencias individuales no son más que porciones de esa psique original. En ese sentido, el cerebro tendría mucho de procesador, pero más aún de antena. Muy interesante el artículo de “la cosmovisión hopi” al respecto.

Del mismo modo, creo que el universo se puede estudiar indistintamente “de abajo a arriba”, es decir, de la materia a la psique, y de “arriba a abajo”, de la psique a la materia. Pero sólo la última visión es capaz de llegar hasta el final sin entrar en contradicciones.

No llegué a esta conclusión precisamente estudiando mecánica cuántica. Más bien a través de una serie de experiencias personales, meditación y diversos tipos de experimentos que no voy a mencionar aquí.

Pero obviamente no tengo pruebas de nada, por eso sólo lo expreso como opinión.

con respecto a esto último, que no está probada la relación QM-consciencia… no es eso exactamente lo que quiero decir, pero es que el artículo está muy lioso, es cierto. Repito y resumo el artículo en dos frases :

La física moderna (y no sólo la cuántica) otorga al papel del observador una importancia central. Más allá de esta afirmación, hacer deducciones sobre la consciencia a partir de la QM no conduce, por lo general, a ninguna parte.

Comment by Alberto V. Miranda — 20 abril, 2012 @ 15:49

Me alegro de que, aparte de mí, haya más gente con esta idea de que la conciencia es universal y de nuestras consciencias son porciones de la primera. Aunque yo no sabría explicar muy bien cómo acabó esta idea de llegar a mí. Una idea rara, claro está, y cuidadito con ir con ella a determinados círculos de bata blanca. De todos modos, aunque te entiendo cuando dices que la idea no es dualista (no es mente-cerebro, sino más bien cerebro como parte de algo mayor), creo que, a efectos prácticos, esa idea puede ser muy bien considerada como dualista. Ya que la gente o bien piensa que mente es igual a cerebro o bien que la mente está relacionada con el cerebro pero es otra cosa, como es nuestro caso. Y después ya pueden hacerse matizaciones.
El cerebro como receptor y no creador de la mente, otra vez interesante. Normalmente se rechaza energicamente diciendo que cuando uno se emborracha, te cambia el carácter, que si tienes alzheimer pierdes la memoria, etc, etc. Rupert Sheldrake, el biólogo rarillo, ponía el ejemplo, si no recuerdo mal, de una tv o una radio: si se me rompe la radio, deja de escucharse música, si cambio de dial, se acaba la tertulia y se pasa al partido de fútbol. Sin que esto quiera decir que la tertulia o el partido son fabricados por el aparato, es solo un receptor.

Comment by cosmic — 22 abril, 2012 @ 21:00

Por cierto, qué pena tan grande que no puedas mencionar los experimentos y experiencias que te llevaron a pensar raro.

Comment by cosmic — 22 abril, 2012 @ 21:05

Al menos, sin convertirnos en testigos directos del hecho usando dimetiltriptamina u otro enteógeno de los interesantes.

Extraido del artículo, a ver si me pilla usted la indirecta :)

Comment by Alberto V. Miranda — 23 abril, 2012 @ 12:42

Ja, ja, lo pillo, lo pillo.

Comment by cosmic — 23 abril, 2012 @ 22:19

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