22 abril, 2012

A pesar de su nombre, ni es un gurú, ni un mesías, ni tiene que ver con los Hare Krishna. Krishnamurti sólo es una de las mentes más lúcidas, penetrantes y honestas de todos los tiempos: cada reflexión que hace es capaz de poner en entredicho todas tus concepciones sobre ti, las personas y el mundo en el que vivimos.

Quién NO es Krishnamurti

Es muy posible que el lector o lectora tenga los mismos prejuicios hacia este personaje que tuve yo cuando oí hablar de él por primera vez: con ese nombre, debe el líder de una secta o algo.

Nada más lejos de la realidad.

Krishnamurti es un nombre propio hindú relativamente común. Significa algo así como Encarnación de Krishna y sería el equivalente, salvando las distancias, a Teófilo —que ama a Dios— en español. De hecho, nuestro personaje se llama de nombre completo Jiddu Krishnamurti aunque el prefería, o al menos no le importaba, que le llamaran por el diminutivo Krishnaji. E, incluso, por simplemente “K”.

Tampoco tiene que ver con los Hare Krishna, secta fundada en 1966, cuando nuestro amigo Krishnaji ya llevaba escritos muchos libros e impartidas muchas charlas. La relación es sólo nominal.

Lo que sí es verdad es que durante su infancia y juventud fue considerado por la Sociedad Teosófica la última reencarnación de Buda en esta Tierra, el Maitreya. Pero como suele pasar con los mesías de verdad, o con los que no son mesías pero tampoco unos impostores —como Brian—, sus fieles se acabaron llevando un chasco, pues al final les salió rana, al menos desde sus estrechos parámetros.

¿Quién fue, entonces, Krishnamurti?

Jiddu Krishnamurti fue un Investigador de la Psique Humana.

¿Y cómo llegó a serlo?

El 12 de Mayo de 1895, a las 12:30 de la mañana, nació K en Madanapalle, ciudad de la India, que por aquel entonces aún era colonia británica. Su padre era brahmán —una casta culta y elevada, originalmente sacerdotal— y trabajaba de funcionario para los británicos. Su madre era muy devota y, parece ser, tenía habilidades clarividentes. Tras su nacimiento un astrólogo —en la India se aprecia mucho esa disciplina— anunció que atravesaría muchísimos obstáculos para convertirse finalmente en un gran maestro.

La verdad es que a pesar de las expectativas, K era un niño enfermizo, soñador y bastante parado, hasta el punto de que muchos pensaban que era retrasado, y a causa de ello recibió muchas palizas de sus coetáneos… y de su padre. Sólo parecía mostrar interés y cierta habilidad con los aparatos mecánicos. Así, durante su infancia, las personas que le acompañaron casi todo el tiempo fueron su madre, que murió en 1905 cuando apenas tenía 10 años, y su hermano pequeño Nityananda, al que quería con locura.

Caída la familia en desgracia económica tras la muerte de su madre por motivos que no vienen al caso, el padre de K, él mismo y tres hermanos más se mudaron a la ciudad de Adyar en 1908: el padre había conseguido un trabajo, bastante mal pagado, como secretario de un pequeño área de la Sociedad Teosófica, presidida por Annie Besant en esa ciudad. Ahí es donde K conoció en sus propias carnes la pobreza y la privación.

El descubrimiento

En 1909 Charles Webster Leadbeater, un miembro importante de la Sociedad Teosófica que alegaba ser clarividente, conoce a K en Adyar y dice de él que “nunca había visto un aura más pura en nadie, sin una pizca de egoísmo”. Y eso a pesar de la pinta de retrasado del niño, que por entonces ya tiene 14 años.

Leadbeater no tarda en convencerse de su papel de Juan Bautista, de que ha encontrado al futuro Maitreya, y decide hacerse cargo de él y su educación para prepararlo en su importantísima misión mesiánica. Convencer al padre de que K deje el colegio no es fácil, y sólo deja que se lleven a su querido K si se llevan a su hermano Nityananda con él para que reciba la misma educación.

Así, sin que ninguno de los hermanos supieran el propósito real de su formación, empiezan a llevar una vida de relativo lujo, pues la Sociedad Teosófica tiene bastante dinero; pero también son obligados a seguir un estricto programa educativo por el que K no parece manifestar mucho interés, dado su carácter pasivo e indiferente. Aún así, cuando pone empeño sus logros son bastante brillantes, y, por ejemplo, logra dominar el inglés hablado y escrito en tan sólo 6 meses. Años más tarde aprenderá a la perfección francés con la misma aparente facilidad.

La Orden Internacional de La Estrella de Oriente

Sin contarle toda la verdad a K, los teósofos ya están preparando el anuncio a nivel mundial de su hallazgo. En 1911 fundan la La Orden Internacional de La Estrella de Oriente, con K como presidente, como patronato que se encargará de todo lo relacionado con el Nuevo Mesías. Los acontecimientos se complican y el padre de K, mosqueado con estas historias, demanda a la Sociedad exigiendo la devolución de sus hijos. Pierde el juicio, como era de esperar, y para 1912 Besant y Leadbeater son, a todos los efectos, los nuevos padres de ambos hermanos, que ese mismo año se trasladan a Londres. Para K, Annie Besant será como una segunda madre. Sin embargo, con Leadbeater la relación es bastante fría y distante, debida a la falta de tacto e impaciencia con la que en ocasiones trata al tranquilísimo y aparentemente refractario K.

Nityananda, Annie Besant y Krishnamurti en su llegada a la estación en Londres, abril de 1911.

No obstante no es todo felicidad dentro de la propia Sociedad Teosófica. El anuncio de K es considerado por muchos adherentes como un sacacuartos inventando por Besant. Es precisamente cuando el conocidísimo Rudolph Steiner rompe con la Sociedad para fundar su Antroposofía.

Sin embargo, a pesar de la polémica, la Orden no deja de crecer y mucha gente adinerada se apunta a ella. K empieza a recibir carísimos regalos como palacios, fincas y toda clase de lujos que le garantizan más que una mera independencia económica con respecto a sus protectores. Su fama crece tanto que cuando asiste, en 1921, a una convención de la Orden en Benarés, la gente se agolpa en las estaciones donde para el tren para poder verle. K se esconde en el váter del vagón cuando puede.

Y es que durante la década de 1910 no está del todo a gusto con su papel, con el que manifiesta una actitud muy variable e incoherente, aparte de que su adolescencia no resulta nada fácil ni para él mismo ni para los suyos, pues destila cierta rebeldía completamente ausente en la infancia; y en ocasiones ni se molesta en ser educado con su público, con quien se muestra incómodo y evasivo. Los estudios formales tampoco van bien, ya que el principal interés de K durante estos años es la mecánica de motos: acaba desarmando y armando una Harley-Davidson varias veces.

Krishnamurti Superstar

Aun así, K cumple su labor de orador/mesías de manera bastante razonable y da charlas por todo el mundo sobre conceptos teosóficos y de filosofía hindú. Pero no lo hace de verdad.

En realidad está más inclinado al lujo, la ropa cara (afición que mantendrá toda su vida sin ningún disimulo) y las fiestas… que a cualquier inquietud esotérica real. En 1918 K ya está en París con su hermano dándose la gran vida, y poco después tiene su primera —y al parecer única— relación romántica, aunque no duradera.

Pero cuando le diagnostican tuberculosis a Nityananda, las cosas empiezan a cambiar para K. En 1922 ambos se mudan al Valle de Ojay, en California, por su clima adecuado para tísicos. Por primera vez en años, preocupado por la salud de su hermano, K se retira de la vida pública y se dedica, descargado de su papel de mesías, a meditar y tomarse el día libre.

El Auténtico Despertar

El 17 de Agosto de 1922 una contractura en los hombros que luego se extende a la nuca y la columna vertebral supone el inicio de su transformación. Un bulto del tamaño de una nuez en el cuello, junto con extrañísimos síntomas, sudores, temblores y delirios, preocupan a su gente. ¡No saben lo que le pasa! K dice cosas como: Mamá, llévame al bosque, debo encontrarme con seres poderosos.

Tres días después está completamente poseído y pide que le saquen de la habitación, que “está sucia”. Le llevan al exterior debajo de un árbol, donde experimenta gran alivio. Dirá tras su experiencia:

El silencio aumenta y se vuelve intenso, más amplio. Más profundo. El cerebro que ha prestado atención a los cerros, los campos y los huertos está ahora callado. Se ha aquietado naturalmente, sin ningún esfuerzo. Sereno como un pájaro que pliega sus alas, se ha replegado sobre sí mismo penetrando en profundidades que están mucho más allá. Es una dimensión que el cerebro no puede captar ni comprender. Y no existe un observador para dar testimonio de esa profundidad. Cada parte de la totalidad del propio ser está alerta, sensible pero intensamente silenciosa. Lo nuevo, está profundidad, se expande, se aleja, cobra fuerza en sus propias explosiones, fuera del tiempo y más allá del espacio.

El Proceso

Estos episodios de repentina enfermedad extraña, que se cura por sí misma días después devolviendo un K cambiado, se repetirán desde entonces ocasionalmente a lo largo de su vida. Es lo que él mismo llamará El Proceso. Durante estas ordalías, afirma K, una otredad vastísima se apodera de él y le vacía cada vez más.

La consecuencia más inmediata de este proceso, aparte de su transformación personal, es el cambio que supondrá en su relación con la Orden: cada vez está más mal a gusto con ella. Mientras doce de sus allegados en la Sociedad Teosofíca se preparan para su papel de Apóstoles del Nuevo Mesías —diseñando ropajes y liturgias—, K se va haciendo más consciente de que su auténtico trabajo no está en reunirse con sus seguidores para hablarles de discursos que no son más que una repetición y elaboración de los conceptos esotéricos que le han embutido durante su formación: el auténtico trabajo está en el interior, y es por eso que Ojay se acaba convirtiendo en un refugio esencial para su evolución. Sus intereses cambian completamente.

La muerte de Nityananda

A finales de 1925, convencido por Besant, K viaja a la India para asistir al 50 aniversario de la Sociedad Teosófica. No teme por su hermano pues está bastante bien de salud. Sin embargo, el encuentro con sus “doce apóstoles”, sus ropajes y sus ñoñeces acaban ofendiéndole. Pero el mazazo vendrá cuando, durante el viaje, llega el telegrama que informa de que su hermano ha muerto a los 27 años a causa de su tuberculosis, complicada por una gripe que cogió tras la partida de K.

Krishnamurti se pasa diez días llorando sin parar. El dolor es tan intenso que al undécimo K ya no es el mismo de antes.

Hartazgo Teosófico

Para entonces K no se comporta exactamente como esperan sus acólitos. Algunos empiezan hablar incluso de que está poseído por un “mago negro”. K, que cada día es más serio en una orden cada vez más frívola, encuentra estos disparates insufribles. El conflicto se allega ya a Besant y Leadbeater, quienes le ven como un extraño que se ha apartado de la ortodoxia teosófica que él iba a legitimar definitivamente como salvador del mundo. Mientras, sus discípulos tienen que oir cosas como:

No deben de hacer de mí una autoridad. Si me convierto en una necesidad para ustedes. ¿Qué harán cuando yo no esté? La Verdad reside dentro de cada uno de ustedes. Cada uno de ustedes puede ser un discípulo de la Verdad si comprende que para llegar a la Verdad no hay que seguir a nadie.

¿Es necesario explicar como se estaban tomando estas afirmaciones los teósofos? Como le llegó a decir un amigo escultor: Si sigues así algún día te recibirán con piedras.

¡Ruptura!

El 3 de Agosto de 1929, durante la reunión anual de sus seguidores, en Holanda, declara:

La Verdad es una Tierra sin caminos. No es posible acercarse a ella por medio de ninguna religión o secta. Al ser ilimitada, incondicionada, no puede formarse organización alguna para conducir a la gente por algún sendero particular. En el momento que siguen a Alguien, dejan de seguir a la Verdad. La Verdad no puede ser organizada.

Y no se queda ahí la cosa:

Que cada uno piense por sí mismo acerca de sí mismo y descubra de qué manera estas nuevas ideas le pueden transformar. Este es el mensaje. Si han entendido esto, pueden pasar a otras búsquedas. Ahora, por propia decisión, disuelvo oficialmente La Orden de la Estrella.

Después del discurso acuerda la devolución a sus dueños originales de la mayor parte de los carísimos donativos y regalos —¡tenía hasta un castillo!— y rompe definitivamente con los teósofos, quienes pensarán que el Mesías les salió por la culata. K les había fallado. Y no porque negara su condición de mesías, sino porque consideraba la idea mesiánica irrelevante.

“No hay nadie a quién puedas seguir, excepto a tí mismo”

Esto no supone el fin de la actividad pública. Con su amigo y secretario Desikacharya Rajagopal encargándose del dinero y de la logística, K prosigue viajando por todo el mundo con sus reuniones al aire libre, o bajo carpas, en las que se dirige a un público creciente. Pero ahora es diferente: cualquiera puede entrar, y lo importante pasa a ser el contenido del discurso, no el orador. Cuestiona hasta sus propias palabras.

Cuando la mente barre sus imágenes, rituales, creencias, símbolos, miedos, mantras, oraciones… entonces es cuando puede ver lo real, lo eterno, lo perdurable, eso que puede llamarse Dios. El resto son meras palabras, ornamentos y decoraciones, superstición sin significado.

¡¡¡Ya en algunos países católicos le censuran por antirreligioso!!! ¡¡¡Y es que lo es!!! En Nueva Zelanda se prohíbe la transmisión de sus discursos por radio. Los obispos de Argentina piden su expulsión del país. En España, siempre a la vanguardia, queman sus libros. Olé.

Más allá del propio deseo de seguridad y salvación, [con respecto a Dios] ustedes han creado una cruel y sutil autoridad a la que se han esclavizado. Para interpretarla ustedes necesitan mediadores a quienes llaman curas que se convierten, de hecho, en sus explotadores.

El Krishnamurti maduro

A partir de su ruptura con la Orden, la vida de K, hasta su muerte, no ofrecerá muchas más sorpresas. Seguirá dando charlas y coloquios por todo el mundo con carácter gratuito. Continuará teniendo enfermedades raras transformadoras. Fundará escuelas donde los niños aprendan a usar su creatividad mental. Escribirá libros. Y, sobretodo, se dedicará a la meditación en soledad durante sus retiros en Ojay, donde gustará de caminar solo por los bosques en completo silencio. A veces, dicen, durante días.

También establece amistades con personajes de la época, aunque su mayor afinidad la tendrá, parece ser, con Aldous Huxley. Si estamos al corriente de la actividad de este, sabremos que era un autor obsesionado con el problema de la consciencia y la transformación de la mente. En ese sentido, estoy seguro de que Huxley admiraba —y puede que envidiara— a K y su limpieza mental. Cuentan las anécdotas que cuando Huxley se ponía especialmente espeso intelectualmente, K simplemente callaba.

A destacar también sus charlas con el físico cuántico David Bohm, otro gran amigo suyo, sobre la naturaleza de la realidad y la psique. De todos modos las relaciones de K, aunque muchas de décadas, atravesarán crisis de proximidad a lo largo de su vida, y sus lazos permanentes serán muy escasos.

Con respecto al dinero la actitud de K es básicamente indiferente, y suele delegar su gestión en gente de confianza. Vive de sus escritos y de donaciones, de modo desahogado, pero tampoco especialmente boyante o lujoso. Y eso que K no es muy amante de los libros, que percibe como pensamientos “congelados” que por tanto pierden su inmediatez y espontaneidad. De algún modo, razona, en el momento en el que algo queda por escrito gana “falsedad” a medida que pasa el tiempo.

Cuando citas un libro sagrado, ¿acaso no repites? Lo que repites no es Verdad, porque la Verdad no puede repetirse.

De hecho, libros “reales” concebidos como tales apenas tiene dos; el resto, más de 100, son transcripciones de sus charlas. En cualquier caso, su posición económica y su práctica ausencia de séquito le garantizan una autonomía e independencia total.

Tampoco es indiferente al mundo. Es testigo de la 2ª Guerra Mundial y, de primera mano, de la violencia sectaria en la India tras su independencia. Pero su enfoque no es el habitual, y hasta se permitía criticar abiertamente a Gandhi por adoptar posiciones patrióticas: y es que K sólo cree en la revolución psíquica permanente, en la que la transformación personal se acaba proyectando finalmente como auténtica transformación social.

¿Hay contradicción?

— ¿Acaso no te comportas como un guía espiritual?
— Yo no te doy ninguna satisfacción. No te digo lo que tienes que hacer en cada momento. Sólo señalo y digo: esto es un hecho. Es cosa tuya aceptarlo o rechazarlo.

El lector o lectora más cínico estará pensando ya si este papel de gurú-antigurú es una impostación. Pero, ay, me temo que no es así. Este hombre es impecable.

Y es que Krishnamurti no enseña nada, estrictamente. No transmite ninguna ideología, ni cuerpo de creencias, ni filosofía, más allá de la invitación a la introspección.

Lo único que K puede enseñar es precisamente NADA. Él ha conseguido vaciar su mente, y al hacerlo ha alcanzado un estado mental cristalino, sutil, profundo, no contaminado por palabras. ¿Es este estado indistinguible al del Buda o al de otros iluminados? Probablemente no.

Por eso el único personaje que quizás admita comparación con K sea Sócrates; y es que K practica ante todo el arte de la Mayéutica, pero no del modo agresivo, juguetón y pelín cabroncete que usaba el griego. K, al contrario, es dulce; te cuestiona completamente, pero es dulce, nada hiriente al hacerlo.

Otra diferencia que encuentro entre ambos es que Sócrates se regodeaba en la imposibilidad de saber a ciencia cierta, su famoso sólo sé que no sé nada. Para Krishnamurti, sin embargo, esa imposibilidad es sólo el umbral de la puerta que conduce a un auténtico conocimiento directo.

Por otra parte K rechazaba totalmente que interpretaran sus palabras, o que alguien intentara hacer un esquema con sus enseñanzas. Según él, no había nada que interpretar en sus palabras, pues no había que quedarse en ellas. Su intención última, recordemos, es que aprendamos a vaciar nuestras mentes de todo lo que no es auténtico, de todo lo que no es real aquí y ahora.

Una charla típica de Krishnamurti

El lugar: Una carpa en un prado, cerca de árboles si puede ser; y mejor sin carpa, si hace buen tiempo.

El público: De todo tipo y condición, llegado de todas partes, ocupa la carpa sentándose en el suelo, en sillas plegables o permaneciendo de pie al fondo. No ha tenido que pagar por la charla.

Krishnamurti: Llega muy quedo, se sube a un pequeño estrado y se sienta muy recto en una silla de madera barata. Un técnico le pone un pequeño micrófono de pinza en la camisa.

Ceremonia: ¿Mande? ¿Lo qué? No hay de eso.

La forma: Es probable que comience la disquisición explicando que él no es lo importante, y que el hecho de que esté en una tarima es por comodidad para que se escuche bien lo que tiene que decir. Posiblemente aclare que él no está allí para largar como un loro y que la gente acepte lo que dice, sino que está para pensar juntos. Y es que, realmente, K se dedica a pensar en voz alta para que los demás podamos seguir sus razonamientos con él, sin necesidad alguna de que tengamos que creernos lo que dice por el principio de autoridad, que K aborrece. Si la charla es aislada, probablemente sólo hable él. Si corresponde a una serie de encuentros, es probable que alguno de los últimos días se dedique a preguntas y cuestiones por parte del público.

El contenido: Los contenidos habituales de nuestra mente: el Miedo, el Deseo, el Amor, Explotar al prójimo [sic], etc… K enseña a vaciar la mente señalando los contenidos que la llenan habitualmente, y la manera en que lo hacen, utilizando desarrollos lógicos comprensibles hasta por un niño. Por ejemplo: Siempre que existe un deseo, es porque antes ha habido una imagen mental de la cumplimentación de ese deseo. El deseo sólo puede existir en una mente que proyecta experiencias del pasado en expectativas de futuro. Las aseveraciones de K pueden pasar más o menos indiferentes o pueden suponer una serie de pequeñas —o grandes— revelaciones sobre nosotros mismos. Y es que K siempre habla de ti, si aceptas escucharle con atención.

El tono: K practica hipnosis, no hay duda; sus cambios de entonación, sus pausas, están extremadamente bien enhebradas. En muchas ocasiones parece dejar que el oyente complete los significados, antes de proseguir él mismo en la dirección en la que quiere llevar el razonamiento. Parece bastante claro, de todos modos, que lo hace de manera instintiva y no estudiada, y es lo suficientemente espontáneo como para interrumpir frecuentemente su ritmo habitual para detenerse en explicaciones breves y rápidas cuando es necesario. Y el sentido del humor no está ausente, aunque rarísima vez haga chistes.

El final: K pregunta en voz alta si ya está bien por hoy y puede irse, dice adiós, y se levanta y se marcha sin alharacas de ningún tipo.

El epílogo curioso: Un equipo de filmación ha grabado en video a K durante la charla. Durante la noche, editan la grabación y hacen multitud de copias. Al día siguiente venden cintas de VHS (si estamos en los 80) para que el público que asistió el día anterior si lo desea se lleve la charla a casa y la vuelva a ver. Las cintas no son baratas, obviamente, pero pagan la carpa y las sillas.

¡Krishnamurti en vídeo!

Me grabo en vídeo para que nadie tergiverse mis palabras y me convierta en lo que no soy. Si hubiera habido vídeo en tiempos de Jesús, tendríamos otra Iglesia en Roma.

Y es que tenemos una noticia excelente: existen horas y horas y horas de grabaciones audiovisuales con Krishnamurti hablando en carpas o participando en coloquios con pensadores y eruditos. Aunque murió en 1986, aún tenemos a K ahí gracias a su loable iniciativa de ser filmado para la posteridad.

Por tanto, no me voy a detener a interpretar el pensamiento de K. A él no le habría gustado y, peor aún, no tendría ningún sentido desde mi pobre mente anclada en el espacio y el tiempo “mejorar” las palabras de este genio.

Es por eso que en AstropuertoTV vamos a prestar especial atención, desde hoy, al material audiovisual presente en internet relativo a K para su inclusión en esta revista. Esperemos que sea el suficiente como para convertirlo en un asiduo.

Mientras, hay algo de material gratuito en español y otros idiomas —pero ni mucho menos la totalidad o lo más relevante— en el Repositorio Oficial de Enseñanzas de Krishnamurti, gestionado por las diversas fundaciones que manejan su legado.

Despedida y cierre

Espero que con este artículo, en el que hay muchísimas lagunas por brevedad, el lector o lectora haya al menos eliminado sus prejuicios sobre este personaje y se haya despertado la curiosidad por conocerlo un poco más de cerca. No se arrepentirá. No conozco a nadie que lo haya hecho.

17 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

¡Vaya regalo! hacía tiempo que quería empezar a conocer a Krishamurti y ahora empiezo gracias a vosotros.

¡Pues gracias! :)

Luego me miro este primer video.

Comment by — 17 enero, 2012 @ 13:59

pues por lo poco que sé de ti, sé que te va a llegar al alma.

Comment by Alberto V. Miranda — 17 enero, 2012 @ 14:19

Chico listo :)

Comment by — 17 enero, 2012 @ 15:29

Lo conocí por un vídeo que pasaste hace tiempo, pero no me había puesto aún a escucharle. Estoy seguro de que valdrá la pena.

Comment by spiff — 18 enero, 2012 @ 19:16

Alberto, ¿podrías decirnos la referencia de los únicos dos libros que escribió?

Por otro lado, gracias por descubrirme la palabra: otredad, alprincipio pensé que se te había ido la olla :)

Un abrazo

Comment by — 18 enero, 2012 @ 19:49

Como oí hace poco a una filósofa contemporánea de cuyo nombre no me acuerdo:

El amor al prójimo es el amor a la otredad, al otro desconocido, a lo que en el fondo no puedes conocer de ninguna manera y sobre el cual has de adoptar la actitud correcta.

Ante la otredad cabe la agresión, la tolerancia, el respeto, la prudencia y muchas actitudes. La ética se basa en la actitud práctica que uno adopta ante la otredad.

Cuando etiquetamos a la otredad y la damos por conocida (ej: este es judío) es cuando la convertimos en un objeto y nos consideramos con derecho a hacerle lo que nos dé la gana (ej: mandarlo a auschwitz).

Comment by Alberto V. Miranda — 18 enero, 2012 @ 20:49

Los libros que escribió como tales son:

“Comentarios sobre el Vivir”

http://www.upasika.com/docs/krishnamurti/Krishnamurti%20-%20Comentarios%20sobre%20el%20vivir%201.pdf
http://www.upasika.com/docs/krishnamurti/Krishnamurti%20-%20Comentarios%20sobre%20el%20vivir%202.pdf
http://www.upasika.com/docs/krishnamurti/Krishnamurti%20-%20Comentarios%20sobre%20el%20vivir%203.pdf

Y sus “diarios”:

http://www.jiddu-krishnamurti.net/es/libro-de-notas

De todos modos todos sus libros y casi todo lo que sale de su boca es admirable. A mí me gustó especialmente este libro en su momento. Fue por el que le descubrí en los 90: http://www.jiddu-krishnamurti.net/es/la-libertad-primera-y-ultima

Comment by Alberto V. Miranda — 18 enero, 2012 @ 20:55

Oye, a ver si le dais a las estrellitas que las tenéis muertas de asco y a nosotros nos hacen mucha ilu.

Comment by Alberto V. Miranda — 18 enero, 2012 @ 20:57

Me bajo alguno y lo leo. Gracias mil.

Le he dado a la estrellita pero que sepas que no te he dado un 10 :)

Comment by — 19 enero, 2012 @ 9:50

道: “gurú” es un extraño nombre para un ordenador :)

Comment by Alberto V. Miranda — 19 enero, 2012 @ 16:03

Tal vez recuerde a Sócrates en la forma, pero en el “pensamiento” (ya sabemos que no pensaba porque era aferrarse a un arquetipo del pasado donde solo se podía cerrar espacios) me recuerda a Heráclito.

Comment by Jesus — 21 enero, 2012 @ 19:51

Yo encuentro que Gurú es un nombre bonito para él, esa pantalla me cuenta muchas cosas de valor :)

Comment by — 25 enero, 2012 @ 8:02

Jiddu Krishnamurti y La Libertad.

“¿Sabe?, señor, la libertad puede existir sólo cuando la mente no se halla en conflicto. Casi todos vivimos en conflicto, a menos que estemos muertos. Uno se hipnotiza a sí mismo, o se identifica con alguna causa, con algún compromiso, alguna filosofía, secta o creencia; nos identificamos tanto que quedamos completamente hipnotizados y vivimos en un estado de sueño. Casi todos vivimos en conflicto; la terminación de ese conflicto es la libertad. Con el conflicto no puede haber libertad. Uno puede buscarla, puede desearla, pero jamás podrá tenerla”.

Obras completas, volumen XVI
Bombay, 13 de febrero de 1966
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

Comment by Guzmán — 22 abril, 2012 @ 17:17

Cuando dices Guzman : jamás podrá tenerla , la libertad, sentencias.
La libertad es el derecho que tenemos de cuestionarnos a nosotros mismos para sin conceptos propios ser objetivos. Eso es la libertad , la posibilidad que nos brinda la razón para no estar condicionados por la negación.
Sentencio : La creatividad , es la progresión del desarrollo que apunta hacia lo infinito.saludos Guzman

Comment by BALI — 2 junio, 2013 @ 19:24

Decir que K es solo, una de las mentes mas lúcidas me sabe a poco. Yo le quitaría el solo, para no restarle importancia. Saludos

Comment by BALI — 2 junio, 2013 @ 19:28

sólo

Comment by BALI — 2 junio, 2013 @ 19:30

Con mis respetos BALI…Percibo que K. no era una mente lúcida, sino que era la MENTE… Y la MENTE siempre es lúcida…Lo que casi nunca es lúcido es el cerebro absurdo-condicionado que nos gastamos el resto de los mortales…
Krishnamurti era tan solo un ESPEJO…, únicamente eso ( y ahora si recupero la palabra SOLO).

Comment by Kuako — 7 junio, 2015 @ 0:30

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17 octubre, 2011
No cabe la menor duda: el modelo de 8 circuitos de Timothy Leary es pseudociencia. Es posible que ninguno de los aspectos de esta teoría tenga un mínimo de veracidad. Eso no impide que contenga puntos de vista de lo más interesante y que sugiera especulaciones de largo alcance sobre la naturaleza de la psique y del cosmos que creemos conocer.
26 febrero, 2012
El libro de Huxley, escrito en 1931, es sorprendentemente vigente ochenta años después. Este artículo explora la sociología del condicionamiento descrita en esta magna obra desde el punto de vista de la psicología moderna y, como no, de la dimensión ética: porque "educar" significa "sacar de", no "embutir en".
 
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