24 diciembre, 2011

La hipótesis Sapir-Whorf asegura que el lenguaje condiciona nuestra percepción del mundo. Si es correcta, entonces los indios Hopi viven fuera del Tiempo.

El Pueblo Hopi

Los indios Hopi, de los que apenas quedan 7000 individuos en una reserva al noreste de Arizona, pertenecen al grupo de nativos americanos conocidos como Shoshón, perteneciente a su vez al grupo de los indios Pueblo, llamados así porque, a diferencia de otras tribus amerindias, son sedentarios y viven en casas de adobe. A los indio Pueblo se les supone descendientes, o al menos emparentados culturalmente, con los aztecas.

Su organización es matrilineal* y su apego por la tradición es notable, sufriendo escasa occidentalización aparte de una relativamente exitosa implantación del cristianismo en parte de la población. Mayoritariamente pobres, viven de la minería y el turismo, aunque este está condicionado por el respeto obligado a la cultura Hopi, con lo que no es de masas: por ejemplo, la toma de fotos está regulada y la grabación en video, prohibida. Asimismo muchas ceremonias y rituales están vetados a los turistas.

* La propiedad de los bienes, de la casa y de las tierras es de la mujer, y la herencia se deja a las hijas. Cuando una mujer Hopi quiere divorciarse, pone los mocasines del marido fuera de la puerta de casa.

La etimología de Hopi deriva de la palabra Paz, ya que se definen a sí mismos como los pacíficos, aunque parece ser que hace siglos eran todo lo contrario, un pueblo completamente volcado en las artes de la guerra. Que sean amantes de la paz no impide que estén en conflicto legal permanente con los navajos por motivos territoriales, pues la reserva Hopi está completamente situada en el interior de la Navajo.

Los Hopi son conocidos en Occidente gracias a la película experimental Koyaanisqatsi (literalmente forma de vivir que se destruye a sí misma y que clama por vivir de otra manera en lengua Hopi) , dirigida por Godfrey Reggio, producida por Francis Ford Coppola y musicalizada por Philip Glass. La película es una interpretación del rico corpus de profecías de los Hopi.

Precisamente si algo hace interesante a esta cultura son sus profecías y su cosmovisión asociada. En este artículo abordaré esta última, asumiendo con el mínimo de reservas la Hipótesis Sapir-Whorf, que postula que la forma de un lenguaje afecta directamente a los procesos cognitivos y a la percepción del mundo.

Y es que el lenguaje Hopi, englobado dentro de la familia lingüística yuto-azteca, es realmente curioso.

La Percepción del Tiempo

Dentro de la lengua Hopi no existe el concepto de tiempo. ¿Cómo es esto posible?

Pues para empezar, no es verdad en sentido estricto. Inicialmente Whorf postuló la afirmación anterior. Análisis posteriores realizados por él mismo y sus herederos comprueban que en realidad, embebida dentro de su lenguaje, sí existe una idea de temporalidad que casi siempre se expresa en forma de metáfora espacial. En ese sentido los lingüistas whorfianos distinguen entre fenotipos y criptotipos, o sea, conceptos explícitos e implícitos. Por tanto, el Tiempo en el lenguaje Hopi no es un concepto independiente y siempre se expresa entre líneas, por así decirlo.

En efecto, para un indio Hopi, el Tiempo se asimila al Espacio. Cuando algo está por ocurrir, lo expresa como que algo se acerca. Cuando algo ya ha pasado, es algo que se aleja.

Tampoco la distancia se expresa en términos absolutos, sino en función del esfuerzo y la complejidad que supone el ir de un punto a otro. Esto se puede resumir diciendo que el pensamiento Hopi es ante todo operacional. ¿a qué se refiere exactamente esto? En que las cosas se piensan en función de lo que es necesario para llevarlas a cabo. Para un Hopi, el movimiento de algo no está descrito tanto por su trayectoria como por la fuerzas que se emplean para realizarlo.

Adicionalmente, ni siquiera existe una concepción de Tiempo único independiente de la localización geográfica o la experiencia personal. Si un suceso ocurre a cierta distancia, no adquiere entidad hasta que llega la información de ese suceso. Literalmente, para un Hopi las cosas ocurren cuando se entera de ellas. Pero independientemente de esto, si están lo suficientemente lejos en el espacio, también lo están del presente.

Reconozco que esto es muy lioso. Dejemos que lo explique el propio Whorf:

Lo que ocurre en un pueblo distante si es actual (objetivo) y no es una conjetura (subjetivo) sólo puede conocerse «aquí» más tarde. Si no ocurre «en este lugar», no ocurre tampoco «en este tiempo»; ocurre en «aquel» lugar y en «aquel» tiempo. Tanto el acontecimiento de «aquí», como el de «allí» se encuentran en el reino objetivo, que en general corresponde a nuestro pasado, pero el acontecimiento de «allí» es el más lejano de lo objetivo, queriendo significar esto, desde nuestro punto de vista, que está mucho más lejos en el pasado, como también lo está en el espacio que el acontecimiento de «aquí».

NOTA DEL COORDINADOR: Aunque muchas veces se ha tratado (y se sigue tratando) de demostrar que los Hopi son precursores de Einstein, esto no es cierto. Si es verdad que existen paralelismos entre el concepto de suceso relativista y la mentalidad Hopi; pero eso no significa que hayan formulado la relatividad de Einstein antes que él.

Por supuesto, no existen unidades de subdivisión del Tiempo. A lo más que llega la lengua Hopi es a distinguir entre Día, Luna y Estación, y no tanto como un transcurrir temporal como por los cambios que producen en el entorno estos ciclos naturales. Dentro de su mitología, el Sol es un hombre joven que todas las mañanas se levanta en el este, da un paseo por el mundo y por la noche se baña en el mar antes de volver a casa por otro camino.

Curiosamente no existe el concepto astronómico de año en el lenguaje Hopi original y como se puede deducir, no existe ninguna unidad de medida superior. Es curioso en cuanto tienen calendarios tallados en la roca que utilizan la luz del Sol, pero sólo son utilizados para celebrar los cambios de estación. Sólo tras el contacto con los misioneros cristianos llegaron a entender conceptos como hora o semana.

En ningún caso el Tiempo se considera una sustancia, algo cuantificable que se pueda expresar mediante un sustantivo. Para decir “mañana”, la expresión literal es “mientras la fase matinal ocurra”. De todos modos, tienen claro el concepto de secuencia, del orden en el que las cosas suceden.

A estas alturas sería correcto preguntarse si tienen verbos, dado que toda acción transcurre en el tiempo. Sí los tienen y de hecho la estructura típica de una oración es Sujeto-Objeto-Verbo; pero su conjugación es mucho más simple que en las lenguas que conocemos, y harto curiosa.

Por cierto que se ha negado (incluso el propio Whorf lo hizo al principio) la existencia de cualquier tipo de modulación en los verbos Hopi, pero los lingüistas modernos han concluido que no es así. Aun así, el mito persiste en muchas publicaciones y afirmaciones que se realizan sobre esta cultura.

Lo más parecido a una referencia temporal que existe en sus verbos es la referencia a la duración de algo: pueden matizar si algo es muy breve, si no lo es tanto o si es permanente. Curiosamente, los sustantivos que en occidente utilizamos para designar eventos fugaces como relámpago, ola, meteoro, en Hopi sólo tienen sentido expresados como verbos: no duran lo suficiente como para ser “algo”. Incluso el concepto “luz” no existe como sustantivo, sino como verbo.

Respecto a los modos, existen dos análogos a nuestro indicativo-subjuntivo: uno para aquello que se está manifestando ahora mismo y otro para lo que está empezando o dejando de manifestarse. Esto quedará más claro cuando hable de su metafísica. Por otra parte, existen multitud de partículas que expresan si una acción es cíclica, puntual, continua, etc… admitiendo un montón de matices a la hora de describir sus cualidades, con lo que no estamos hablando de una lengua especialmente limitada.

Metafísica

Si en Occidente distinguimos entre Espacio y Tiempo, los Hopi parecen distinguir entre mundo Objetivo o Subjetivo, aunque esta diferenciación no es como la nuestra, que meramente asocia lo Objetivo al mundo externo y lo Subjetivo a la experiencia interna de cada cual.

Antes de proseguir hay que darse cuenta de que la manera correcta de explicar la metafísica Hopi es usando la lengua Hopi. Hablar de Objetivo y Subjetivo no deja de ser una licencia y una aproximación. Expresar la metafísica Hopi con todos sus matices utilizando una lengua europea es difícil, con lo que me limitaré a un esbozo.

Para un Hopi, lo Objetivo es aquello que es percibible por los sentidos y se manifiesta en este preciso momento. Dentro de lo Subjetivo está todo lo demás; desde el mundo interior de cada persona, el reino de la mente, hasta aquello que nosotros situamos en el pasado y el futuro.

Este mundo Subjetivo, importante aclaración, es único y compartido por todos los seres, lo que condiciona profundamente su relación con las demás entidades vivientes e inanimadas, ante las que manifiesta un respeto reverencial, a diferencia de Occidente donde se supone que la Subjetividad es exclusiva de cada sujeto. Por ello, un indio Hopi no experimenta un Yo o un Ego del mismo modo que nosotros, ya que sus pensamientos, temores, emociones y esperanzas no pertenecen tanto a él mismo como a la Totalidad. Si le preguntamos donde reside su consciencia, probablemente se señale el corazón antes que la cabeza (lo que parece ser una constante en la propiocepción de los indios americanos) y reconozca la existencia de un corazón presente y compartido en todos los seres.

Aclarada esta dualidad esencial de la realidad, el transcurrir de los acontecimientos se describe sin más como un tráfico entre el mundo Objetivo, que es definido y concreto, y el Subjetivo, nebuloso e intangible.

Así, cuando algo se “acerca”, lo que ocurre es que lo Subjetivo se va concretando hasta hacerse Objetivo. Y cuando se “aleja”, lo Objetivo se disuelve en lo Subjetivo. Este proceso es gradual, y a medida que un suceso se hunde en el pasado, va perdiendo objetividad hasta hacer totalmente subjetivo y, en cierto modo, borroso. Pero no por ello menos real. En palabras de Whorf:

Conforme el reino objetivo despliega su atributo característico de extenderse, alejándose del observador hacia esa impenetrable zona remota, que se encuentra muy lejos en el espacio y muy atrás en el tiempo, se llega a un punto en el que cesa de ser concebible la extensión en detalle, perdiéndose ésta en la vasta distancia; en este punto, lo subjetivo se desliza por detrás de las escenas y se funde con lo objetivo, de forma que a esta inconcebible distancia del observador —de todos los observadores— existe un fin y un comienzo de las cosas, que lo rodea todo y donde se puede decir que la existencia misma oscila entre lo objetivo y lo subjetivo. Es el abismo de la antigüedad, el tiempo y el lugar del que se habla en los mitos, que sólo es conocido subjetiva o mentalmente, el hopi se da cuenta, e incluso expresa en su gramática, que las cosas dichas en mitos o historias no tienen la misma clase de realidad o validez que las cosas del momento presente, las cosas de la preocupación práctica.

Todo esto implica que, para un Hopi, tanto el pasado como el futuro ya existen en cierta forma nebulosa, lo que se refleja en sus creencias mitológicas.

Mitología

Los Hopi tienen una mitología notable, y hasta algo que podríamos llamar Historia; lo que resulta chocante después de todas estas reflexiones sobre su percepción del Tiempo. Pero esto se comprende mejor cuando comprobamos que a sus diferentes ciclos históricos los llaman “Mundos“. Y que abarcan tanto el pasado como el futuro.

Como expliqué antes, los eventos ubicados en el pasado o futuro lejanos tienen naturaleza de mito, y este se convierte en la expresión difuminada de algo real que está muy lejos de aquí. Y aun siendo una cultura sin escritura, conservan la información del pasado (y del futuro, hablaré de sus profecías en otro artículo) tallada en forma de dibujos en piedra, petroglifos. Estos existen como grabados en paredes de roca y también en antiquísimas tablas de mármol cuya existencia ha sido confirmada por algunos investigadores, pero que por lo general son fuertemente custodiadas por los diversos clanes.

Estas hablan de su propia cultura y también de la totalidad de la Humanidad. Así describen nuestro mundo como el Cuarto Mundo, ya que antes hubo otros tres, separados entre sí por catástrofes. El Primer Mundo acabó por el fuego, el Segundo por el hielo y el Tercero por el agua (lo que coincide con el mito universal del Diluvio).

Los Hopis sobrevivieron a la última destrucción gracias a que la Madre Araña (una figura central en su mitología y otras emparentadas) escogió a los más justos y les metió en unos juncos para que flotaran en el agua. Una vez pasado el diluvio, los supervivientes migraron por lo que, según su descripción, era la totalidad del continente americano. Durante esta migración, la población aumentó y las disensiones entre clanes provocó que hubiera una serie de escisiones que, según ellos, dió lugar finalmente a la totalidad de civilizaciones presentes en América.

Nuestro Mundo actual, el Cuarto, ha de dejar paso al Quinto de forma inminente, y esto sucederá cuando el Gran Hermano Blanco del Este, conocido como Pahana, retorne (!). La Humanidad deberá recorrer en total 7 Mundos.


Me despido con un enlace a google books que contiene información detallada sobre la lengua Hopi y su percepción del Tiempo: Hopi time: a linguistic analysis of the temporal concepts in the Hopi language

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Gracias. Muy buena información. Pasé un buen rato leyéndola.

Comment by Anónimo — 17 septiembre, 2013 @ 2:23

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5 enero, 2012
Las profecías son una constante en casi todas las culturas humanas. Se puede creer en ellas o no, pero los paralelismos que existen entre algunas, a pesar de sus orígenes totalmente dispares, las hacen merecedoras de análisis. A este respecto, los indios Hopi poseen un corpus profético de lo más jugoso.
 
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