14 febrero, 2012

El historial de Microsoft no es especialmente modélico. Pero BOB, su sistema operativo ¡de dibujos animados! lanzado en los 90, alcanzó simas de vergüenza ajena. Desgraciadamente, su legado continúa entre nosotros.

No, no me estoy refiriendo a J.R. “Bob” Dobbs, el Ser Supremo de la Iglesia de los Subgenios, sino a algo mucho más terrorífico.

Microsoft BOB es considerado uno de los mayores fiascos de la historia del software. Tal es así, que Microsoft canceló el proyecto poquísimo después de su salida al mercado, práctica poco habitual en la empresa.

Ahora, ¿Qué es o era Microsoft BOB? Resumiendo, aunque faltando un poco a la verdad: Un Sistema Operativo de Dibujos Animados. Siendo un poco más estrictos, en realidad se trataba de un GUI (Graphical User Interface) que corría sobre Windows 3.x y Windows 95.

Si habéis jugado a alguna de las clásicas aventuras gráficas de Lucasfilm o Sierra, como Monkey Island, recordareis que el entorno de estas consistía en un escenario sobre el que el personaje podía interactuar con objetos y personajes para avanzar en el juego. Esa era la filosofía de BOB.

El problema es que en 1995, en la era del VGA y sus 16 colores a 640×480 píxeles de resolución, donde un Pentium a 100MHz con unos pocos megabytes de RAM y menos de cien de disco duro se consideraba un maquinón, hablar de dibujos animados atractivos y, sobre todo, fluidos era sencillamente imposible.

A ello debemos añadirle una funcionalidad bastante limitada —consecuencia lógica cuando estamos hablando de un producto dirigido a absolutos iletrados informáticos—, unos elementos estéticos sencillamente abominables, y una interacción con el usuario basada en secuencias infinitas de preguntas.

¿Y cuál es la herencia de la que hablo al principio del artículo? Pues todos aquellos elementos chirriantes que fueron incluidos en los sucesivos productos Microsoft, aquellos componentes que, cada vez que nos vemos, pensamos ¿A quién se le ocurriría semejante engendro? La respuesta, en este mismo artículo. Siga, siga usted leyendo.

El usuario de Office está bastante habituado a encontrarse asistentes animados como clips odiosos, einsteins cargantes, gatitos convertibles en cuerdas de violín y demás seres (des)entrañables. Y sin necesidad de Office, en cualquier instalación nueva de Windows XP podemos darle a la búsqueda de ficheros en el explorador para horrorizarnos con un perro abominable, meneando el rabo, ejerciendo de asistente para la búsqueda.

De todos modos, todos estos personajillos y animaciones inútiles y exasperantes no son nada al lado del mayor atentado estético jamás concebido por mente humana. Sí, lo han adivinado a raíz de la execrable tipografía utilizada en este artículo: la principal herencia de BOB es la fuente Comic Sans Serif. Puaj.

Vincent Connare es el ejecutor, pero no el máximo responsable, de este horror de fuente, que fue diseñada específicamente para Microsoft BOB.

Se supone que la intención de esta tipografía infame era poder disponer de una fuente de tebeo para su uso en documentos de carácter informal. Mas la Caja de Pandora se abrió cuando se incluyó dentro del, bastante escaso, conjunto de fuentes OEM que acompañan a los productos Windows desde entonces.

El gran problema de Comic Sans no es su intrínseca cutrez, debida a la uniformidad del grosor de su trazo, su falta de armonía, su aspecto desaliñado e infantil y, en definitiva, su notoria mediocridad como tipografía. El gran problema es que la gente la usa indiscriminadamente a falta de otras alternativas.

Letreros de comercios, carteles, informes de ventas en Excel (¡era el tipo de letra oficial de una empresa en la que estuve!) y hasta documentos oficiales utilizan Comic Sans sin que los responsables, aparentemente, se den cuenta de que NO es adecuado para esos menesteres y que al resultado final le falta toda seriedad. ¿Para cuándo una esquela funeraria con esta tipografía?

Debemos considerarnos aliviados, de todos modos, al saber que una primera versión de esta fuente no sólo tenía el mismo trazo y aspecto horrible que la actual, sino que además añadía pequeños ojos a las letras en un intento por antropomorfizarlas: ojos, que por otra parte, estaban todavía peor hechos y planteados que las letras en sí. Véase el gráfico que copié de la wikipedia aquí a la derecha. El ojo se ve claramente porque el gráfico es grande… ¿Como quedaría si lo representaramos en pantalla con letras de apenas una docena de píxeles de alto?

La gente que nos dedicamos (o hemos dedicado) al diseño gráfico SUFRIMOS cuando vemos Comic Sans. En el contexto que sea.

Así que es normal que exista una reacción contundente a través de la organización Ban Comic Sans, que lucha por su prohibición. Sí, prohibición. Parece ser que la única manera de que se deje de usar esta fuente es prohibirla, hacerla ilegal, que no esté disponible. Obviamente es como clamar en el desierto. Pero aunque no se consiga esta solución extrema, debemos concienciarnos de que NO ES BUENO utilizar Comic Sans en ningún contexto.

Ban Comic Sans ofrece además abundantes alternativas por si necesitamos un tipo de letra script en alguna ocasión. Cualquier cosa menos utilizar El Engendro.

Y antes de que me olvide: dije antes que Connare no era el máximo responsable. Efectivamente.

Hay una persona que es responsable tanto de BOB, como de los personajitos animados porculones, como de Comic Sans. No es Bill Gates: este es sólo un instrumento más dentro de esta horrísona cadena de despropósitos.

Melinda French tiene la culpa. Quizás no les suene, pero si les digo que al casarse adoptó el nombre de Belinda Gates, ahora estará todo claro. Podemos imaginar esta especie de Yoko Ono del software teniendo la siguiente conversación con su futuro marido:

— Cariño, me se ha ocurrido que esa empresa que tú tienes podría hacer una cosa que me se ha ocurrido.
— ¿El qué, cariño?
— Algo así como un Windows para niños: podríamos meter así como perritos así como meneando la cola y darle una estética así como de tebeo.
— Menuda ocurrencia; pero no sé si el estado actual de la tecn…
— ¡Pues no fornicas!

Gracias, Belinda. Y gracias, Bill, por tus ganas de fornicar… nos.

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