26 febrero, 2012

El libro de Huxley, escrito en 1931, es sorprendentemente vigente ochenta años después. Este artículo explora la sociología del condicionamiento descrita en esta magna obra desde el punto de vista de la psicología moderna y, como no, de la dimensión ética: porque “educar” significa “sacar de”, no “embutir en”.

Introducción

He elegido este libro porque desarrolla las consecuencias de la aplicación de cierta concepción educativa llevada a su extremo. A través del análisis del contexto en que se realiza, de sus características y de sus consecuencias, espero poder mostrar cómo lo que se nos ofrece es un ejemplo de lo que NO se debe hacer para educar. Por último, estableceré la lamentable vigencia que tienen ciertos aspectos de este sistema aberrante con el que nos advierte Huxley de los peligros de educar mal.

Breve conceptualización de educación

La concepción personal de educación que poseo, y que aplicaré durante toda la reflexión, es la siguiente:

Educar es aportar o disponer las condiciones adecuadas para que el ser humano desarrolle un sistema de valores, conocimientos, procedimientos y estrategias con el que desenvolverse de forma óptima y autónoma con respecto al medio, al prójimo y a sí mismo.

Aunque explícitamente no utilizaré esta definición, me apoyaré en ella para establecer el juicio sobre la validez o valor ético del sistema que analizo.

Contexto

En la sociedad que se describe en Un Mundo Feliz existe un planteamiento base a partir del cual se estructura todo el sistema social: La felicidad. Se plantea como objetivo final de toda la política y de todo sistema social el dotar a sus integrantes de felicidad. La felicidad planteada desde la concepción epicúrea de ausencia de dolor/preocupación y satisfacción plena e inmediata de los deseos.

  • Eliminación de la preocupaciones: Se lleva a cabo a través de una estabilidad absoluta. En tal estabilidad no surgen nuevos problemas y los antiguos ya están resueltos. No hay lugar para la incertidumbre.
  • Satisfacción plena e inmediata de los deseos: Se dice a los individuos qué deben desear y se les da (“Las gentes son felices, tienen cuanto desean y no desean nunca lo que no pueden tener”). Por una parte, establece una estructura inamovible en la que las obligaciones inherentes a la posición social se llegan a identificar con gran parte de los deseos (“Amar lo que hay obligación de hacer”). Utilizando la “educación”, el individuo convierte en deseos lo que serán sus obligaciones. Así, satisface sus deseos a través del mero cumplimiento del rol social que se le asigna. El resto de los deseos del individuo se reducen a la satisfacción puramente fisiológica. Para el resquicio de incertidumbre que pueda surgir, está es soma, la droga del olvido y felicidad inmediata, que en realidad es una simple desconexión cognitiva.

En este contexto tenemos un estado que “vela” por lo que entiende por el bienestar de sus integrantes. Pero es precisamente lo que entiende por bienestar lo que inhabilita la idea completamente. El “despotismo ilustrado”, la aplicación sistemática de los principios científicos al gobierno del pueblo para beneficio de éste, pero sin contar con su opinión al respecto. En este caso, se cambia “…sin contar con su opinión…” por “…conviertiéndolo en su opinión…” y se parte de una concepción aberrante de “beneficio”. Desde la perspectiva de la psicología de la educación, se trata del estilo educativo sobreprotector llevado a sus últimas consecuencias. Estas consecuencias las veremos a continuación.

Procedimiento

En este sistema social que observamos, hay dos “enseñanzas”: La técnica y los valores sociales. La técnica permite al individuo ser productivo y los valores sociales le mantienen inserto en la estructura social. La enseñanza técnica es la enseñanza de lo necesario para desarrollar un trabajo concreto. No se aborda explícitamente en el libro, únicamente se sugiere en algunos momentos que se trata de lecciones magistrales apoyadas en textos. En realidad, en este sistema, la técnica es la enseñanza menos importante. Lo principal es la inculcación de los valores necesarios para la inserción social del individuo. Para ello se usan dos sistemas:

  • El condicionamiento clásico: Desde que los individuos nacen se les impone por medios biológicos las diferenciaciones físicas que supondrán la base del sistema de castas. Además se les comienza a condicionar positivamente hacia las condiciones de trabajo en las que se encontrarán durante su vida. Por ejemplo, se priva de alimento a un feto y cuando finalmente se le alimenta, se le coloca en posición invertida para que asocie el bienestar con esa posición. Este feto dará lugar a un mecánico cuya profesión le llevará a pasar la mayor parte del tiempo boca abajo…. y que estará a gusto en esa posición. “Su acondicionamiento ha tendido los rieles por donde él ha de rodar”. También se usa el condicionamiento para alejar a los individuos de los libros y de la naturaleza, ambos peligrosos gérmenes de la reflexión. Por último, se condiciona positivamente hacia algunos de los temas que pueden producir mayor inquietud en el individuo, como la muerte, asociándolos con juegos y diversión para disolver su capacidad potencial como fuente de angustia.
  • La hipnopedia: La hipnopedia, como bien explica Huxley, no permite enseñar conocimientos de forma significativa. Únicamente almacena en el cerebro la forma, sin atender al contenido. Supone la memorización de forma automática de frases oídas una y otra vez durante el sueño. Se utiliza aquí para programar principios morales que servirán de pilar a todo el comportamiento social del individuo, reglando toda su interacción con los demás, con el medio e incluso consigo mismo. Dirigen además los gustos y preferencias en todos los sentidos, determinando así también el tiempo de ocio.

La principal característica de estos dos métodos, es que no se trata de enseñanza, sino de programación. Se insertan en el individuo esquemas de conducta sin atender a la voluntad de éste para nada. Contempla al ser humano como una máquina con recursos y limitaciones. En esa “máquina” se programan unos comportamientos y se reduce el papel del individuo a elegir entre las opciones que se le han grabado como posibilidades de conducta. En definitiva, se le convierte en un perfecto mecanismo de comportamiento social apto.

El individuo no tiene elección, no tiene libertad, no ejerce en absoluto ningún tipo de juicio crítico (“La educación moral, que no debe nunca ser racional en modo alguno”).

El sistema de clase magistral estricta ha sido muy criticado desde las nuevas perspectivas de la educación. En él, el sujeto recibe conocimientos y se le pide que reconozca la autoridad del profesor de tal forma que ha de suponer la validez de esos conocimientos. Pero aún así, puede negarse, puede ejercer la crítica sobre lo que recibe y sopesar la validez de los datos, compararlos, elegir si los conserva o no. En el sistema de Un Mundo Feliz, no hay siquiera posibilidad de ejercer el juicio crítico, el conocimiento es escrito directamente por medios (en principio) ineludibles, forzando una actitud pasiva y acrítica en el individuo.

Esta es la expresión más extrema de la autoridad, la orden que no se puede desobedecer. No es necesario vigilar ni imponer, porque se ha conquistado parte del individuo y él mismo se obliga a realizar lo que se considera “correcto”. En “1984″ de George Orwell, se eliminaban del vocabulario las palabras cuyo significado se refería al ejercicio del libre albedrío para impedir al ciudadano la sola idea de desobedecer. Aquí no es necesario privar de la idea de la libertad, porque el individuo cree vivir en libertad. Se ha introducido en su pensamiento el parásito de la voluntad ajena que el individuo confunde la propia, que termina creyendo genuinamente suya. Esta voluntad, esta idea ajena parásita, crece hasta no dejar espacio a otras visiones. Puede pensar en otra libertad, pero no quiere. Todos piensan igual y están encantados con ello. No conocen otra cosa, no la imaginan, porque aunque pueden, cualquier otra opción dispara los mecanismos hábilmente colocados en su mente para el absoluto rechazo. Si estas ideas “inadecuadas” persisten… soma (droga), olvido, desconexión del pensamiento. Si persisten aún más, se exila a una isla al individuo.

Por estos métodos se consigue reglar cada acción, cada aspecto de una vida. Todo es hecho según unas inmutables reglas que poseen una supuesto valor intrínseco e indiscutible. Programación unidireccional, negando la participación del individuo, negando su creatividad, su capacidad para adquirir el conocimiento de forma autónoma, su capacidad para desarrollar nuevas estrategias para resolver problemas, su diversidad. Porque aquí se impone la homogenización, no hay una mayéutica del conocimiento, sino una fabricación en serie. Se crean clones con mínimas diferencias, apenas breves variantes en el orden o frecuencia de elección de las mismas opciones repetidas en todos los individuos. Muchos cuerpos y una sola mente repetida una y otra vez a lo largo de un mecanismo de relojería con todas sus piezas iguales.

Este es el proceso de implantación de las ideas. Lo opuesto a la enseñanza. Donde se puede obtener la riqueza de la diversidad, se opta por la austera repetición de lo mismo. Allí donde se ilumina el crecimiento y la autonomía, se tiende el manto opaco de la esclavitud. Es la esclavitud de nosotros mismos, nuestras limitaciones negándonos la utilización de nuestros recursos. Nuestros mecanismos más simples de aprendizaje, heredados de nuestro pasado instintivo y animal vueltos contra nosotros para convertirnos en máquinas. La pérdida, la negación y la corrupción de la voluntad.

Para invadir la voluntad hay que eliminar el pensamiento, reducir al hombre a la satisfacción regresiva infantil de sus deseos más básicos: Comida, confort, sexo y alguna emoción simple controlada para no exceder ciertos límites. Mantener ocupado al individuo para impedir la reflexión, invalidar la actividad cognitiva más allá de lo estrictamente necesario para el desempeño de la función productiva. No quiere pensar en libertad, pero no sólo eso, sino que además está demasiado ocupado disfrutando de sus placeres básicos como para siquiera plantearse pensar. Estos placeres básicos que incluyen, gracias a los aberrantes instrumentos utilizados, la propia pertenencia y ejercicio de las normas sociales del sistema.

“Nuestro Ford hizo mucho por quitar prestigio a la verdad y la belleza y dárselo al confort y la necesidad. La producción en masa exigía este cambio.”

Consecuencias

Como anticipé al hablar del contexto, todo lo anteriormente expuesto es la expresión de un sistema de sobreprotección. El estado es representado en las últimos capítulos por el Inspector Mustafá Mond, que explica a los protagonistas la filosofía subyacente al sistema. Defiende la idea del “animal social”, del grupo humano como un organismo cuyas células son los sujetos. Todos actúan como ese único organismo autodirigido, en este caso hacia la autopreservación y la consecución del ya descrito concepto de felicidad.

Pero aquí se esconde una fuerte falacia. En este sistema el “animal social” no se autodetermina en absoluto, es la mascota del estado, representado por los pocos que pueden pensar, libres de las reglas que enuncian jactanciosos como necesarias y positivas. Mustafá Mond dice:

John: Creía que nadie sabía nada de ese libro en Inglaterra.
M.Mond: Casi nadie. Yo soy uno de los poquísimos. Está prohibido. Pero como yo hago aquí las leyes, puedo también quebrantarlas.

Y revela aquí el papel “tutor” de unos pocos sobre el grupo. Unos pocos, el estado, que decide y determina sobre el “animal social”, unos amos que malcrían a su mascota. Unos padres que sobreprotegen a su hijo hasta convertirlo en un ser que sólo responde a sus instintos, los propios y los artificialmente creados para su control y la perpetuación de su estado regresivo de infantilidad.

¿Está de acuerdo el individuo con el modo de vida que se ha elegido para él? No tiene opción, no tiene opinión, se le ha destruido la posibilidad de tenerla antes de que surgiera.

Este es el modelo educativo sobreprotector aplicado a una sociedad entera

Este modelo, aplicado a un niño, produce múltiples efectos negativos: Baja autoestima, inseguridad en la propia capacidad, tendencia a la depresión, estretegias para resolución de problemas erróneas (huida, demora, espera a la resolución espontánea), déficits cognitivos. Su aplicación en este sistema social suple los problemas de autoestima desplazando el self hacia lo físico, hacia la sociedad global y hacia el condicionamiento que impone una buena imagen propia. No hay problema con la resolución de problemas porque no hay problemas que no sean puramente referidos a una técnica básica para trabajar, que es lo poco que se conoce. Los otros problemas se afrontan con la droga soma. No hay depresión porque no están los otros dos factores, además, de nuevo el soma para cubrir cualquier brote de malestar pasajero.

Pero hay un factor que he omitido deliberadamente: La maduración. El sujeto maduro posee capacidad para desenvolverse adecuadamente y alcanzar los objetivos vitales que se fija para su realización. En este sistema social no hay nada parecido a un objetivo. La muerte no les asusta porque están condicionados, pero también porque, al no tener nada que hacer, no dejan nada incompleto. No tienen identidad, no tienen capacidad de madurar y convertirse en personas. No tienen espíritu vivido como religión, como ética, como moral o como finalidad vital. Sólo tienen principios prácticos para perpetuar su condición de seres sin más objetivo que responder como máquinas a los estímulos controlados que les alcanzan.

En su obra El árbol de la ciencia, Pío Baroja plantea la metáfora del pecado original. El hombre no podía pecar antes de tomar la manzana del árbol de la ciencia del bien y del mal. No podía porque sólo era un animal, sus instintos le guiaban sin ninguna voluntad, al no tener elección no tenía responsabilidad. Pero tomó el fruto, adquirió la razón, la voluntad. Creyó que adquiriría la omnipotencia divina, pero adquirió el discernimiento del bien y el mal, el conocimiento, la capacidad de decidir libremente y la responsabilidad asociada. Este sistema social convierte al hombre en el animal, devuelve al árbol la fruta y olvida la razón, olvida el bien y el mal, olvida el conocimiento y la responsabilidad. Devuelve al hombre el instinto como única guía. Pierde así el hombre la responsabilidad, pero también la potencialidad de ser más que un animal o una máquina.

M.Mond: Yo, que me interesaba mucho por la verdad, también la he pagado. [...] así es como lo he pagado. Escogiendo servir a la felicidad. La de otros, no la mía.

El Inspector sacrifica la verdad (en el libro, su amor a la ciencia y al saber), pero también sacrifica la humanidad de todos los individuos cuya mal entendida felicidad garantiza.

Correspondencias

Se puede leer Un Mundo Feliz como una novela de ciencia ficción dentro del subgénero de las antiutopías, un género bastante fructífero de por sí (1984, El mundo interior, Ypsilon Minus, Metrófago, etc…). También se puede ver como una novela de transformación, la de los dos protagonistas (Bernard y John, el salvaje), o como una novela de ambiente, con un escenario muy elaborado. Todas estas clasificaciones de género coinciden en situar el contenido de la obra cómodamente separado de la realidad que nos rodea…

Lamentablemente, no existe tal separación. Un Mundo Feliz es todo lo anteriormente citado, pero también es una crítica, una profecía y, sobretodo, una advertencia. Creemos que los habitantes de este sistema infantiloide son seres curiosos, los miramos como animales enjaulados tras los renglones y nos maravillamos de su autocomplacencia en la pasividad. Observamos desde la distancia segura de nuestro lado del papel. Pero esa frontera que nos separa es, efectivamente, de frágil papel. No somos lo que se nos muestra en Un Mundo Feliz, pero en nuestra sociedad hay muchos elementos de los que se nos describen aquí.

Desde el poder se puede fomentar la ausencia de crítica, eliminando los medios para poder ejercerla. Si no se enseña historia, no hay referencias para comparar la actuación política. Sin literatura y lengua, puede convencerse con textos que utilicen los más simples resortes de la oratoria, pues hasta esos se desconocerían. La Filosofía reproduce en el individuo el camino del pensamiento del hombre a lo largo de la historia, preparándole para pensar por él mismo, para juzgar la verdad. Sin una educación filosófica y crítica se corre el riesgo de que nunca aparezca la capacidad de decidir. Pensemos en sociedades excesivamente pragmáticas, donde la enseñanza esté puramente dirigida a la técnica necesaria para realizar su trabajo, descuidando todos los demás aspectos de las humanidades.

La enseñanza impuesta, la programación del individuo, también está presente. La publicidad busca crear en nosotros las necesidades convenientes. Utiliza para ello las más sofisticadas técnicas psicológicas. Anuncios con métodos subliminales, supermercados donde todo está situado donde resulta más atractivo, el sonido lleva a pasar más tiempo en ellos, los colores nos relajan y descienden nuestras defensas… todo tipo de estrategias para conseguir que se compre más y se desee más.

Por otra parte, el control mediante la distracción ya vienen de antiguo. Los romanos lo llamaban “pan y circo”, hoy en día es el fútbol entre otras cosas. La televisión pública (frente a la privada) no supone un necesario reducto para la cultura en este medio banalizado, como se supone que debiera ser, sino una prolongación de los mecanismos de transmisión y programación de deseos y opiniones a la masa.

En un sentido más estricto, tenemos las sectas, donde se sumerge al sujeto en el love bombing (saturación de amor) para captarle y llevarle a un estado infantil donde es fácilmente manipulable.

Así vemos que, en menor o mayor medida, no tenemos tan lejos como creíamos el mundo feliz de Huxley. El fantasma del control acecha debajo de nuestra cama.

Conclusión

Entiendo la educación, como decía al comienzo, como un medio para generar autonomía en el individuo. Pero los mismos mecanismos utilizados para lograr este objetivo pueden devenir en herramientas para conseguir lo contrario. Si la educación puede situar al individuo en el punto de partida para recorrer su camino como persona, la educación mal entendida, deformada, puede impedir que nunca encuentre un camino que recorrer. Como un cincel para la piedra, nuestra es la responsabilidad de hacer con ella una escultura que muestre lo sublime que hay en el hombre y no un arma para convertir su futuro en un montón inerte de gravilla.

5 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

Me ha parecido muy interesante.

Al llegar al apartado de conclusiones interpreto (corrígeme si me equivoco) una similitud con los sistemas de educación/adoctrinamiento propio de dictaduras comunistas como la de la URSS de prinicpios del siglo XX o China incluso en la actualidad (lo de la ideología política quizás sea impresión mía, ya que también podría darse en regímenes totalitarios de derechas como pudiera ser el movimiento nazi en la Alemania de entreguerras). Está claro que es un tema muy delicado ya que cuanto menos voluntad de los individuos, parece que también se consigue un país más poderoso al concederles a los gobernantes carta blanca para campar a sus anchas. Una idea que da miedo, y mucho más en lo tiempos de crisis que nos ha tocado vivir.

Hoy en día podemos encontrar signos de intentos de manipulación a casi todos los niveles (fomento de consumo, modelo de vida deseable, imagen personal, etc.) pero me inquieta comprobar que esos anhelos no se implantan en la educación oficial sino que vienen de otras fuentes a veces no fácilmente identificables, así como también me asusta la facilidad de penetración que tienen esas ideas. En ese sentido se hace más complicado el luchar contra esas tendencias impuestas, ya que al no tener identificado al “enemigo” no se resolverá tan fácilmente cambiando el modelo de educación en la enseñanza (y que conste que lo de las clases magistrales es un método más que criticable).

Comment by Eloy Carrera González — 20 abril, 2012 @ 22:04

De lo que hablas no es algo nuevo, y no siempre se ha realizado mediante adoctrinamiento o represión.

Una de las preguntas que yo me hacía desde niño era como podían existir en la antigüedad imperios que hoy tardarías días en recorrer en un coche moderno. Dicho de otra manera: ¿Cómo podían extender su poder a tales distancias sin que la gente pasara o se rebelara? La respuesta es: control mental.

En la antigüedad se ejercía de muchas maneras (incluyendo los castigos ejemplares periódicos) pero hubo maneras muy sutiles. Por ejemplo, Alejandro Magno, al poner su efigie en todas las monedas, se convertía en una presencia real para todos los ciudadanos del Imperio, dejando de ser “el emperador, allá lejos” a alguien con rostro.

Hoy en día el control mental se hace mediante TV, sobre todo, y otros medios en menor medida. Creo que la TV es especialmente útil para este propósito, pues su inmediatez es absoluta. De este modo se puede aplacar o canalizar la rabia de la masa mediante fútbol o fórmula 1, a la vez que se instauran los valores prosistema, que no se trata sólo de “consume” sino de “los enteógenos son malos”, “el dinero te hará feliz”, “la violencia contra el sistema es tabú”, etc…, etc…

Es muy interesante el trabajo de Gramsci al respecto y su concepto de “hegemonía cultural”, que gira en torno a esto que acabo de describir.

Comment by Alberto V. Miranda — 21 abril, 2012 @ 9:11

Sí, además una de los barbaridades más execrables (si no la que más) concebida por la especie humana es la esclavitud. Recuerdo una película de romanos (no sé si era “Quo Vadis” o “La túnica sagrada”) donde un tribuno romano se sorprendía ante el concepto de abolir la esclavitud y exclamaba “si no hubiese esclavos, ¿quién iba a trabajar?”. En “Un mundo feliz” se salva ese escollo esclavizando al individuo sin que sea consciente de ello, con lo que la posibilidad de rebelión o incluso de crítica se elimina de raiz. Hoy en día hay una nueva esclavitud pero en muchos casos tenemos dentro de nosotros el propio látigo que nos flagela.

Pero con respecto a lo de la TV, que es evidente el poder que tiene, me preocupa más el tema de quién mueve los hilos porque por ejemplo desde un punto de vista sociológico es muy interesante ver cómo los programas del “corazón” han desplazado a las telenovelas, dándose un poder irreal a famosos de medio pelo. ¡Y lo más increíble es que la gente quiere ver y demanda ese tipo de programas! Ya tenemos un nuevo elemento para la fórmula de “pan y circo”.

Y lo que también me inquieta es el tema de que, habiendo hoy en día tanta diversidad de medios de información (y no todos son de propaganda) se sigan difundiendo los mismos valores de felicidad. Así se comprueba que hay una demanda creciente de intervenciones estéticas (en el que los hombres han entrado con fuerza como clientes), se vive por encima de nuestras posibilidades económicas (cuando era pequeño mis padres no me compraban playeros caros ni teníamos un Audi, y eso que no nos faltaba el dinero sino que había otra mentalidad), gastamos en móvil y en internet una pasta desorbitada para el servicio que ofrecen (y no me refiero sólo a la calidad de conexión sino a la necesidad real que tenemos de esas cosas), ves padres que les compran un móvil a su hijo de 10 años porque “todos los de su clase lo tienen”, etc. Incluso vemos que se suele cuestionar cualquier corriente que se separe de lo que piensa la manada tratando esas conductas como antinaturales, propias de una secta, etc., desprestigiándolas de cara a que tengan el menor impacto en la sociedad por la mala imagen y por el “qué dirán”. Es en esos momentos cuando me vuelvo conspiranoico y pienso en quién está detrás de eso: si es una especie de autocensura de la que no somos conscientes o si de verdad hay alguna figura como la del inspector Mond. Recuero un artículo de Chomsky en el que analizaba la gestión de la información en ciertos temas controvertidos (no recuerdo el tema concreto que citaba pero era un caso real de la cobertura de una noticia en USA) y en el que se preguntaba si había directrices de las cadenas o si era una especie de bloqueo mental inconsciente que impedía el considerar otras opciones que se apartaran de la norma establecida.

Me pregunto si no estaremos en una situación parecida a la de esa novela y no somos conscientes de qué es lo que nos están haciendo ni quiénes son los responsables.

Comment by Eloy Carrera González — 21 abril, 2012 @ 12:00

Muchas cosas, me quedaré con dos:

1) Cuando constantemente y desde la niñez se nos bombardea con información, llegamos a darla por hecha de tal manera que no nos planteamos, NI POR UN MOMENTO, sobre su origen o pertinencia. Esto incluye a nuestros valores sociales más básicos. Y esto es cierto, en distintos grados, tanto para los manipulados como para los manipuladores.

Como muy bien dicen en la trilogía documental de “Zeitgeist”, la asunción acrítica de esos valores nos acaba transformando en self-appointed guardians of the status-quo, asegurándonos de excluir a quienes no los acepte. Del mismo modo, el consumismo, aparte de otorgar un placer personal (el de la posesión), también ejerce un papel social: ya que tu valor está en tu capacidad de gastar.

2) El principio número 1) es conocido de sobra y ejercido conscientemente por los dueños de los medios de comunicación, y abre la puera a su uso como herramienta, para lo bueno y para lo malo.

En el ejemplo “bueno”, sólo hay que examinar en España como ha cambiado la visión de la homosexualidad en los últimos 40 años. En un ejemplo “malo”, vemos como la palabra “nacionalización” se ha convertido en el enemigo, mientras la palabra “privatización” ha dejado de significar expolio.

Somos cera o barro en manos de los medios, mucho más de lo que creemos, y estos en absoluto son inocentes. Ejemplos de manipulación grosera como los de “Intereconomía TV” pueden resultar evidentes para todos, pero incluso en medios más serenso cada contenido suele estar calculado al milímetro y dentro de unos parámetros muy estrictos de lo que es tabú y lo que no.

Otro ejemplo es la publicidad, en sus múltiples formas. Analizado fríamente, nada hay más absurdo que la publicidad, pues básicamente es un autobombo que acaba repercutiendo negativamente en el precio del producto. Sin embargo funciona. Vaya si funciona.

Comment by Alberto V. Miranda — 21 abril, 2012 @ 12:16

Muy cierto todo. Y lo de la publicidad funciona hasta para cosas en principio tan personales como la decisión de voto en unas elecciones, porque anda que no saben nada los políticos de estas cosas.

Comment by Eloy Carrera González — 21 abril, 2012 @ 18:39

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