21 enero, 2012

¿Qué es la conspiranoia? ¿Para qué sirve? ¿Dónde se la suele encontrar? ¿Deberíamos ponernos gorros de papel de aluminio para que las entidades reptilianas no controlen nuestra mente? ¿Estamos fatal del tanque? La respuesta es: todas son correctas.

Uno de los discursos que se está desarrollando con más rapidez y que encuentra cada vez más adherentes en Internet es el de la Teoría de la Conspiración. El fenómeno es ciertamente complejo y contiene un grueso de dinámicas psicológicas y arquetípicas considerables —me había propuesto no utilizar el término “arquetípico” y lo he acabado por soltar en el primer párrafo, diablos—.

Después de algún tiempo metido en foros donde se discuten las teorías conspiratorias y de haber revisado una cantidad considerable de la literatura dedicada al género, servidor ha llegado a ciertas conclusiones funcionales sobre este fenómeno; y cuando digo funcionales me refiero a que las he interiorizado en mi vida de la forma en que (creo) me son más útiles.

¿Merece la pena, pues, pasarse al club de las personas manufacturadoras de gorros protectores de aluminio? Según este estudio realizado en el MIT, aunque estos gorros efectivamente son capaces de repeler algunas radiofrecuencias, precisamente amplían las que se mueven en el ancho de banda en el que —supuestamente— emite el Gobierno (de los EEUU).

¿Entonces qué? ¿Es la idea de los gorros de aluminio desinformación propagada por las agencias de inteligencia para que usemos los gorros? ¿O es este estudio desinformación propagada por las agencias de inteligencia para que NO usemos los gorros? ¿Y quién es el que sale en la foto? ¿Será un masón, un illuminati, un sionista? ¿Trabajará para la CIA, para el MOSSAD, para la Mafia X? ¿Será un agente doble, quizás triple? ¿Será un simple friki con mucho tiempo libre y poco sentido del ridículo? ¿Y si es un reptiliano? ¿O un híbrido concebido por los grises y el gobierno de los EEUU? ¿Llevará un microchip en el cerebro? ¿Un OVNI en el ojete?

Incertidumbre

Dejemos por el momento de lado la Teoría de la Conspiración y hablemos de otro tipo de teorías, como por ejemplo las de Georg Cantor. Cantor fue un matemático ruso que se centró entre otras cosas en el estudio del infinito, lo cual le llevaría al descubrimiento de los números transfinitos. No voy a desarrollar la teoría —entre otras razones porque soy absolutamente incapaz de ello—, pero la idea básica es que existen números mayores que el conjunto de números finitos, aunque no siendo necesariamente infinitos. De hecho, hay números que son más infinitos que otros. ¿Os duele la cabeza? Tranquilos, a Cantor también le pasaba lo mismo: aparte de haber sido considerado como un charlatán por sus colegas, y por lo tanto repudiado por la academia, acabó loco en el manicomio. Otra de sus ideas delirantes era que la teoría de los transfinitos le había sido revelada por el mismo Dios. Paradójicamente gran parte de su trabajo es considerado como fundamental en el campo de la matemática.

La idea de que las ciencias exactas sean realmente exactas está muy extendida —lo suele poner en los carteles de las puertas de las facultades— aunque éste ha sido también un asunto muy discutido durante este siglo, y entre los que que abogan por la incertidumbre intrínseca de la lógica y las matemáticas se puede nombrar a Kurt Gödel con su teorema de la incompletitud o a Alan Turing —el padre de la computación— con su “problema vacilante”. No deja de ser irónico que aquel que sentara las bases de la informática —considerada nuestra herramienta más avanzada a la hora de hacer más exacta la información— insistiese en la incapacidad de esta disciplina a la hora de computar según qué cosas  (visitad este enlace si queréis saber más sobre los límites en la computación que establecieron estos pensadores).

Sigamos con el matemático George Chaitin, quien ha extendido la noción de incompletitud que enunciara Gödel. Básicamente Chaitin dice poder demostrar que existen una cantidad infinita de posibles hechos matemáticos, pero que las relaciones existentes entre ellos son imposibles de establecer. Por lo tanto, las “verdades matemáticas” son más bien “ficciones convenientes”, de lo que se sigue que si pinta así el panorama será difícil llegar algún día a la tan cacareada Teoría Unificada.

Chaitin llamó a las verdades que no pueden ser probadas y que derivan del teorema de Gödel “verdades aleatorias”. En matemáticas, un número aleatorio es aquel que no puede derivarse de un algoritmo más corto que el propio número; esta ley se denomina la medida de complejidad de Kolmogorov-Chaitin. Una verdad aleatoria, pues, no tiene explicación: simplemente es.

La Teoría Unificada de la Conspiración

Nuestra cultura nos programa para ser adictos a la certidumbre. Hasta ahora he estado hablando de la Teoría de “la” Conspiración en singular, pero bien la situación podría asemejarse al escenario que plantea Chaitin con las matemáticas: hechos que se agrupan formando tapices de verdades transitorias que por su propia naturaleza evitan ser definidas con exactitud. Como dice Jacques Vallée en Messengers of Deception:

Las teorías de la conspiración son tan solo superficialmente atractivas. Las conspiraciones históricas existen —generalmente en una multitud de formas más que concretamente en una sola—, pero suelen fallar en alcanzar su objetivo y por lo tanto cambian en estilo y propósito. Cuando el general de Gaulle tomó el poder en 1958, habían como una docena de conspiraciones diferentes luchando entre ellas para controlar el gobierno, aunque evolucionaban de forma muy rápida de un día para otro hasta que se llegó al clímax histórico.

¿Invalida esto a la, llamémosla ahora, Teoría de las Conspiraciones? El hecho de que definamos las matemáticas como “ficciones convenientes” —o dicho de otra forma, el hecho de que trabajemos con “modelos provisionales”—, no ha impedido que se hayan conseguido logros tecnológicos sirviéndose de ellas. Que no existan los reyes magos no significa que no te regalen calcetines en Navidad . Que no exista la “gran conspiración X” no significa que no existan las conspiraciones.

Kung Fu Illuminati

Personalmente soy incapaz de ver el documental Loose Change y no quedarme con la duda de que hay algo danzando entre bambalinas). El problema es cuando se busca delimitar la fuente de estos conflictos, y se achaca todo a los Illuminati, los sionistas, los Rockefeller o los reptilianos. Con esto suceden dos cosas: 1) creamos una creencia que nos limita, porque puede que no describa con exactitud la realidad y 2) detenemos un flujo dinámico de sucesos encajándolo en dicha creencia, por lo que perdemos flexibilidad en nuestros juicios; siendo además susceptibles de ser manipulados mediante esa creencia.

Del mismo modo, cuando se rechaza frontalmente la Teoría de las Conspiraciones lo que rechazamos también es esa flexibilidad en el pensamiento, haciéndose patente nuestra adicción a la certidumbre; lo que por lo general acaba generando dogmas.

Cualquier practicante de artes marciales sabe que existe un delicado equilibrio entre fuerza y la flexibilidad. El conspiranoico debe ser consciente también de esto; si se invierte mucha fuerza promoviendo posturas rígidas el efecto es contraproducente, ya que se puede acabar oscureciendo la verdad, o lo que sea que se le acerque. Demasiada flexibilidad a la hora de adoptar ideas diferentes puede contribuir a hacer la información más difusa y, por lo tanto, más increible.

Pensamientos PsicoProfundos

A otro nivel, puede que la Teoría de las Conspiraciones tenga que ver con el resurgimiento de ciertas fuerzas arquetípicas reprimidas en la cultura moderna. El querer ver más allá del orden establecido —incluso el querer ver más allá de la realidad consensuada— puede interpretarse como un resurgimiento de arquetipos ignorados por nuestra cultura como el del mago/chamán o del embaucador, el trickster en inglés. Como dice el escritor de historia oculta Peter Levenda:

Pienso que mucha gente —gente inteligente— se resiste a tener que obedecer a la autoridad. La resistencia abierta a la autoridad usualmente conlleva arresto y tortura, cuando no la ejecución. Resistirse secretamente a la autoridad, sin embargo, tiene su encanto. Uno sigue vivo y uno resiste. En el caso de la autoridad espiritual, una persona inteligente no puede soportar que un eunuco vestido de negro de nariz colorada tenga cualquier tipo de conexión con Dios que ni pueda obtener la persona media. La persona inteligente quiere hablar con Dios directamente, y no seguir las instrucciones de un cura cansado, o lo que sea. Esta persona —mediante el acto de contactar con poderes superiores o fuerzas por sí mismo— se vuelve una suerte de “anti-sacerdote”, y por lo tanto nace un nuevo culto. Las conspiraciones son un hecho de la vida cotidiana: crecen como hongos alrededor de los depósitos de agua de las oficinas. Se mantienen ocultos a los ojos de los directores y supervisores; intentan crear cambios, indirecta y discretamente. Añade a Dios o a los poderes ocultos —o política, espionaje y golpes de estados— y tienes una mezcla irresistible para cierto tipo de persona.

Todos sentimos que hay un misterio en el corazón de la realidad; véase si no la popularidad de las novelas de crímenes, misterio u ocultismo. El espía y el ocultista viven en la periferia de ese misterio elemental, que tiene que ver con la Autoridad, el Rey y la Realidad. La misma palabra “realidad” viene de la misma raíz que “real”: la realidad es cualquier cosa que diga el Rey. La palabra “realidad” proviene de la misma raíz que “real”: la realidad era cualquier cosa que dijese el Rey. El estado “real” era el reino. Fuera del reino, no había Rey y, por lo tanto, no había realidad. Para retar al Rey, uno tenía que ser de fuera de más allá de las fronteras del reino: uno tiene que estar en comunión con fuerzas no-reales; uno tiene que representar al anti-Rey.

Levenda también advierte cierta tendencia sectaria combinada con cierta dosis de hibris que se suele dar en los cenáculos dedicados a estos temas. Avisadme si queréis que os recomiende dos o tres sitios de este tipo en Internet:

¿Qué es lo que piensas que conduce a los ocultistas a los campos del espionaje y la acción revolucionaria? El conocimiento secreto; la ilusión de un poder secreto; el hombre o mujer que camina entre nosotros, común y corriente, incluso de apariencia poco atractiva y que en realidad es el Maestro del Templo o un Coronel de la KGB. Es el mismo tipo de atracción que Batman, Superman o Spiderman tienen sobre generaciones de pre-adolescentes. Espías y magos se parecen mucho a Batman, excepto en que existen realmente y ejercen influencia indirecta sobre eventos mundanos; los magos piensan que ellos también lo hacen, y tienen el beneficio —a veces— de un culto de personas con ideas similares que sostienen su sistema de creencias mediante lo que Robert Anton Wilson denominaba “una realidad consensuada”.

Por otra parte, la inmersión dentro de la Teoría de las Conspiraciones conlleva también, en términos junguianos, un proceso de individuación, dado que los contenidos de ésta alejan al conspiranoico del consenso social. Tendencias exageradas a la hora de etiquetar a todo bicho viviente como un conspirador pueden considerarse como una proyección patológica sobre los demás del  arquetipo de la sombra, la integración de la cual es parte del proceso de individuación. La insistencia en encontrar “la gran conspiración X” puede también interpretarse como un intento de tomar consciencia del Unus Mundus, que es el estado final del proceso.

Hiperconectividad y Sincronicidad

Hemos hablado anteriormente de la idea de Chaitin sobre la imposibilidad de establecer relaciones exactas —dicho de otra forma, causales— entre los hechos. La tendencia del conspiranoico va, sin embargo, en dirección opuesta. Este ve conexiones ocultas entre hechos aparentemente no relacionados entre sí; esto es, hechos acausales. Esta tendencia se ha visto incrementada de forma exponencial con el surgimiento de la esfera de los mass-media, especialmente Internet. Con el aumento de la cantidad de información, el conspiranoico ve surgir ante sí patrones de sucesos cada vez más sofisticados.

¿Es este modo de organizar la información algo patológico? Ciertamente escapa a la lógica de causa-efecto a la que estamos acostumbrados. Sin embargo, sí ha habido gente que ha estudiado el fenómeno de las relaciones acausales, y ahí es donde entra el concepto de sincronicidad. La idea es que lo que comunmente llamamos casualidades podrían de hecho formar parte de una fuerza que, de forma similar a la gravedad, agrupa hechos según su significado. Entre los pensadores que propusieron estas ideas se encuentran el psicólogo Carl Jung, el físico Wolfgang Pauli o el surrealista André Bretón, quien denominó a la sincronicidad “azar objetivo”.

Esta forma de pensamiento estaba extendida entre los antiguos, aunque en la actualidad la psiquiatría la denomina despectivamente como “pensamiento mágico”. En su libro Sincronicidad: puente entre materia y mente, el físico David Peat relaciona estas fuerzas de la sincronía con el uso de oráculos —como por ejemplo el I-Ching o las runas— dentro de las tradiciones chamánicas de todo el planeta.

En este sentido, son interesantes las ideas del mago Aeolus Kephas sobre la paranoia como generadora de estados alterados de consciencia —los cuales se encuentran en la base de cualquier tradición chamánica— y de como manejarse con ellos:

Me gusta pensar sobre mí mismo que soy un eso-terrotista. Practico la diseminación de la paranoia más que ser partícipe de ella (como haría un terrorista que se inmola con sus propias bombas ¡piensa en ello, sucede todo el tiempo!) La meta es la conciencia paranóica, y no la paranoia en sí, esto es, paranoia en el sentido poético y mágico, más que en el sentido mundano, clínico o político. Efectivo o no, mi trabajo está diseñado para impactar en el lector, para producir descargas de verdad y/o belleza que espero coloquen al lector en un estado de consciencia elevado, quizá similar —si no indistinguible— a una forma de paranoia, esto es, el sentimiento de que nada es lo que parece.

Etimológicamente, paranoia significa “fuera de la mente”, y de forma bastante interesante este significado es cercano al sentido original de “éxtasis”, que significa “fuera del cuerpo”. En este sentido más profundo, la paranoia conlleva la consciencia de un orden de realidad más allá de los parámetros de la mente, esto es, del conocimiento racional. Es la precursora de estados elevados de consciencia, y la puerta a las esferas Imaginales. Para ver el cuadro entero —sea Dios, la magia(k) o la Gran Conspiración—, debemos dejar atrás todo lo que pensamos que sabemos de la “realidad”. La inseguridad y la incerteza de esta partida —el viaje a lo desconocido— es cercano a la paranoia, no en el sentido de ser perseguido, sino en el sentido de no saber qué es real.

Todo lo que vemos o parecemos es solo un sueño dentro de un sueño.
-Edgar Alan Poe.

¿Qué hay más paranoico que esto? Y por otro lado, ¿hay algo más romántico, poético y que otorgue más fuerza? La clave a la hora de distinguir entre las “creencias” (o percepciones) paranoides es que solo algunas de ellas otorgan fuerza; el resto debilitan y confunden. Paradójicamente, en mi experiencia al menos, son las ideas que más nos desestabilizan, las que más nos trastornan o que más nos aterrorizan las que nos dan más poder; hay que buscar las ideas que nos proporcionan una extraña sensación de confort; aunque sea un confort que implique desesperación y resignación.

Adentrarse en el marco conceptual chamánico implica plantearse ciertas ideas que nos resultan inverosímiles dentro de nuestra cultura, como por ejemplo el acceso a otros mundos mediante la alteración de la consciencia en donde pueden encontrarse entidades aparentemente autónomas y que guían al chamán/psiconauta, lo que Khepas llamaba un poco más arriba las esferas Imaginales, a las que se puede acceder por ejemplo mediante la DMT.

En este sentido, Kephas hace unas interesantes y lúcidas reflexiones sobre dos de los autores que más han contribuido a presentar al gran público la existencia de estos seres:

Con gente como Whitley Strieber y David Icke, el problema está menos en los errores que puedan tener sino en la tendencia a literalizar verdades Imaginarias. No creo que sea siquiera un caso de personas distorsionando la verdad o mezclándola con mentiras, sino que el hecho de definir la verdad es lo que provoca la distorsión. Y posiblemente, las intromisión por parte de las agencias de inteligencia están orientadas a este fin, lo cual es en sí otra forma de contaminación muy sutil: es una forma de mantenernos encerrados en una relación con respecto a la verdad en términos literales y exclusivos; o es o no es. En el momento en que “ellos” (nosotros) reducen verdades Imaginarias a profecías o filosofías específicas, es cuando más pueden hacer que estas influyan en el intelecto, que es el dominio sobre el cual la élite secreta —esto es, el ego— mantiene el control. Cualquier información que pueda ser contenida en un libro, un archivo secreto, memorando o página web es de entrada potencialmente engañosa, por el hecho de ser reducida a lenguaje.

De hecho, la Teoría de las Conspiraciones puede también interpretarse como un elemento erosionador del valor que adjudicamos culturalmente a la palabra escrita. Con tanta información contradictoria entre sí es una consecuencia lógica el que se pierda confianza en lo que pueda venir escrito desde cualquier medio.

En El Alfabeto contra la Diosa, el doctor Leonard Shlain argumenta que la introducción de la palabra escrita en sociedades analfabetas y que viven en contacto con la naturaleza suele tener como consecuencia la jerarquización y la aparición de estructuras patriarcales dentro de estas.

Esto es quizá paralelo al hecho de que las formas de espiritualidad basadas en el chamanismo son más cercanas a las estructuras sociales matrifocales, que hacen énfasis en la experiencia directa más que en la elaboración de doctrinas. Bajo este punto de vista, es significativa la forma en que da comienzo el popular documental conspiranoico Zeitgeist, y que tiene cierta similitud con las “verdades aleatorias” que “simplemente son” a las que hacía referencia Chaitin:

La espiritualidad es una idea particular que significa: una interacción con la intuición. En la tradición de teísmo hay una noción de apegarse a la palabra. Un acto se puede ver de mala manera para un principio divino. La tradición sin teísmo, por su parte, es muy directa en que los casos históricos no son tan importantes. Lo que es importante es estar AQUI AHORA. Ahora definitivamente es ahora.

Kualkier día te puedes morir

Al final la paranoia desvela la tremenda incertidumbre en la que se desenvuelven nuestras vidas. En los libros de Carlos Castaneda, Don Juan —cuya existencia es en sí también una gran incertidumbre— dice a su alumno:

La muerte es nuestra eterna compañera. Siempre está a nuestra izquierda, a la distancia de un brazo. Siempre te ha estado vigilando. Siempre lo estará hasta el día en que te toque.

Nuestra única certidumbre es la muerte. El resto es debatible. Quizá lo que subyazca en último término bajo las conspiranoias es el tabú generado en nuestra sociedad hacia la muerte, quien sabe. Con esta reflexión me despido hasta un siguiente artículo, si sigo por aquí, claro está. Os dejo con un nuevo mantra personal que me ha hecho gracia y que además creo que es la frase más profunda que he podido concebir hasta la fecha:

No me creo ni lo que veo.

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Es la primera vez que entro a tu web, y la verdad es que me gusta la forma en que desgranas tus argumentos y procesos de razonamiento ,como te expresas y sobre todo tu sentido del humor.
UN SALUDOTE GRANDE

Comment by Sheila — 31 marzo, 2012 @ 17:54

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