24 diciembre, 2011

Una cosa buena de la crisis: ya no se financian edificios monstruosos y horribles con el dinero de nuestros impuestos. Una cosa mala de la crisis: vamos a tener que aguantarlos hasta que se derrumben.

Los anglosajones tienen una expresión, eyesore, que podríamos traducir literalmente como irritaojos; aunque los hispanos tenemos una palabra, de uso más o menos común y no un constructo, que se podría utilizar para expresar lo mismo: adefesio.

Y cuando hablamos de arquitectura, abundan demasiados ejemplos. Empezamos por España, maravilloso país donde cada capital de provincia tiene al menos un adefesio (la palabra se parece a edificio… ¿vendrá de ahí?) construido durante esta década pasada con la intención de glorificar al alcalde paleto de turno. El horror construido suele ser carísimo y financiado con métodos dudosos que incluyen expolios y mamoneos de diverso tipo.

En Oviedo destaca el que se conoce como El Calatrava o La Ñocla.


Por lo que he podido deducir a partir de las distintas noticias que pude leer durante su construcción, he entendido que el Sr. Calatrava se pasó por aquí, nos vió con la boina bien enroscada y nos propuso traer La Modernidad a Oviedo. De este modo sutil nos endiñó bien, vía anal, lo que parece claramente el (bastante ramplón) proyecto fin de carrera de uno de sus innumerables becarios.

Para su izado los ingenieros encajaron la estructura completa con un calzador gigante de casi 300 metros, construido a tal efecto, entre inmuebles ya habitados que, inoportunos ellos, rodeaban el relativamente pequeño solar donde se construyó. Como se puede ver en la foto superior, es un auténtico horror inarmónico y una monstruosidad urbanística.

¿Y para qué sirve La Ñocla? Pues se supone que inicialmente iba a reunir un palacio de congresos y un gran centro social, aunque más tarde se planteó “la necesidad de matizar o suprimir la creación de un centro social” entre otras muchas irregularidades. Esta necesidad de “matizar o suprimir” no afectó al centro comercial, que SÍ se hizo; a pesar de que, si no lo entendí yo mal, por ley no se podían hacer más en la zona pues ya había demasiados. Pero bueno, se cambia el PGOU ad hoc y listos.

Y por ello en el interior del adef… edificio podemos gozar con una distribución de planta hexagonal, muy utilizada últimamente en el diseño de malls en USA para desorientar al cliente/víctima.

Pero paso de seguir hablando de este horror concreto porque lo tengo al lado de casa y me pone de mala hostia, así que cambio de tercio: Veamos otros adefesios de lo más variopinto.

La Casa Sutyagin, aquí a la izquierda, es una oculotoxina arquitectónica notable con una historia bastante peculiar y un buen ejemplo de Arquitectura Vernácula.

Resulta que el Sr.Sutyagin y su familia, residentes en Arkhangelsk, Rusia, decidieron construir de modo improvisado una casita de madera como hogar para todos, sin usar planos ni nada de eso que utilizan los arquitectos. La cosa se les fue de las manos un poquito y tras 15 años de trabajo la casa alcanzó 44 metros de altura con 13 plantas.

Lamentablemente, el dueño tuvo que pasar una temporada en la cárcel durante la cual la casa se deterioró un pelín. Finalmente el ayuntamiento de Arkhangelsk decidió derribarla en 2008 aplicando la normativa contra incendios. Pena.

En Milán tenemos otro horror bastante parecido: La Torre Velasca. Curiosamente, cuando miras en la wikipedia y páginas de arquitectura, estas no hacen ningún comentario sobre lo fea que es.

Por lo visto está inspirada en la rica arquitectura medieval y renacentista de la ciudad. Pero cuando observamos la realización, las proporciones, los materiales y el color (eso sin considerar el entorno), creo que a poco que pensemos podemos afirmar sin duda alguna que estamos delante de todo un señor pegote.

Fue construida durante los años 50 por un prestigioso (¿seguirá siéndolo?) grupo de arquitectos y mide 100 metros de altura, con lo que destaca en medio de la ciudad como una mosca en la taza del váter.

Y como este artículo podría ser infinito, cambiamos de palo: de lo feo, a lo kitsch. Es el caso de la sede central de Longaberger, una empresa usamericana que se dedica a la fabricación de, lo han adivinado, cestos y otros objetos para la decoración del hogar.

Su fundador, el Sr. Longaberger, pretendió que todos los edificios de la empresa tuvieran forma de cesta; pero sólo se completó la sede principal de la empresa antes de su muerte. Tras esta, sus hijas dijeron que más cestas pues como que no.

Debo reconocer que el edificio feo, feo, no es. Es incluso armónico. Hasta original. Pero ante todo, bizarro, haciendo honor al título de este artículo.


A los yanquis les gusta mucho esto de hacer edificios que se parecen a cosas. No en vano se habla de Novelty Architecture como uno de los movimientos punteros actualmente en el inefable país.

Y como muestra de lo que digo, la siguiente foto. Que no es de un montón de libros: los libros SON la Kansas City Library.


Puede gustar más o menos. Pero está claro que podían haber puesto otros títulos que no fueran putos best-sellers. Sólo parece faltar El Truño Da Vinci.

Fuera de USA también se da este tipo de arquitectura bromista, aunque a veces los resultados parecen el producto de un niño de 3 años con tendencias psicóticas. Creo que en este sentido se lleva la palma el Elephant Building, que ni concreto ni abstracto, provoca abundante lagrimeo y rechinar de dientes. Helo aquí:


Esta especie de giñao-pinchao-en-un-palo parece pequeño, pero mide nada más ni nada menos que 102 metros de altura y se ha convertido en un ¿símbolo? de Bangkok. Lo triste es darse cuenta de que si le quitamos el “ojo”, las “orejas” y los “colmillos” y lo dejamos un pelín más simétrico, se quedaría en el edificio M y no dolería tanto mirar para él.

Cambiando de palo, la arquitectura de índole totalitario suele ser amiga de moles grandonistas de muy mal gusto. Afortunadamente, muchas veces problemas de financiación y/o las circunstancias impiden que se lleven a cabo. Es el caso del Palacio de los Soviets, un engendro para el que se presentaron multitud de diseños, siendo el ganador la propuesta de Iofan-Schuko-Gelfreikh, aquí mismo representado en un dibujo que le compara con otras estructuras de la época.


Aunque nunca se llegó a construir (y hoy ocupan su lugar unas piscinas públicas), el solar donde se decidió hacerlo estaba ocupado, vaya, por una catedral que se demolió a tal efecto en 1931. Y la decisión final de no ser construido no fue política o estética: al contrario, ya que desde su fase de proyecto se vendió como propaganda del poder de la arquitectura soviética. Lo que ocurrió es que estalló la 2GM y el acero de su estructura se recicló para fabricar armamento y defensas para la ciudad.

Se suele considerar este edificio como ejemplo de la Arquitectura Estalinista, obsesionada por convertir Moscú en una ciudad de rascacielos emulando a Nueva York. Pero no construyendo prismas de acero y cristal, sino auténticas moles de inspiración decimonónica. Las 7 Hermanas constituyen el principal legado de esta época.

Pero tampoco hace visitar un estado totalitario para encontrarse moles filosoviéticas. El Boston City Hall está considerado uno de los edificios más feos del mundo entero en muchas encuestas; sinceramente, creo que es un tipo de arquitectura tan común, que es fácil encontrar un engendro de este tipo en cada ciudad industrial de más de 50 mil habitantes.


Lo peor ocurre cuando a este estilo de construcción de aspecto rígido y pesado se le intenta, arquitecto mediocre mediante, darle un toque deconstructivista-posmoderno.

Haciendo una analogía… ¿Cómo le explicas a una persona que sólo entiende el arte figurativo que el arte abstracto no consiste sin más en dar cuatro brochazos mal dados? El arte abstracto también requiere equilibrio, armonía, movimiento, belleza. Y a veces ocurre que la ruptura con el pasado se pone de moda apareciendo tuercebotas, enarbolando sus propuestas, hasta de debajo de las piedras.

Es lo que ocurre en el caso de esta mierda de aquí a la izquierda, que encontré hace tiempo por internet y no sé dónde está ni como se llama; y prefiero no saberlo, qué quereis que os diga.

Y como ya me estoy yendo de la olla un poquito a la hora de exponer, de modo un tanto caótico, ejemplos de arquitectura inusual (por llamarla de alguna manera), mejor dejo el artículo aquí.

2 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

Lo del Hotel Ryugyong, en su primera época, también dispone de objetos sin eclosionar:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/90/Dprk_pyongyang_hotel_rugen_05_s.jpg?uselang=es

Aunque molar mola, para qué decir que no.

¡Buen artitruño!

Comment by Manuel — 9 junio, 2012 @ 16:49

muy entretenido

Comment by ninyure — 18 junio, 2012 @ 19:28

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