2 noviembre, 2011

Nadie duda a estas alturas que la motivación real para llegar a la Luna fue más política que científica. Que el transbordador espacial o el radiotelescopio de Arecibo fueron en origen proyectos militares. Y que hoy en día la industria aeroespacial sólo piensa en términos de lucro. El pequeño Ceres, sin embargo, sólo ofrece conocimiento.

En la primera imagen podemos ver la mejor foto existente de Ceres, tomada por el Telescopio Espacial Hubble. Se pueden observar detalles en la superficie. En la segunda foto se aprecia la rotación de Ceres y la existencia de un punto brillante de naturaleza desconocida bautizado Piazzi, en honor al descubridor de este planeta enano. La última compara Ceres con la Luna y la Tierra. Ceres es más o menos del tamaño de la península ibérica. [imágenes extraídas de la wikipedia]

foto del hubble + fotos en rotación + comparación con la luna y la tierra
¿Cómo es posible que, en todas las décadas que llevamos de exploración espacial, hayamos lanzado multitud de sondas a Marte, un puñado hacia Júpiter y el resto de planetas exteriores, pero hayamos ignorado a Ceres de tal manera?

Ceres fue descubierto el 1 de Enero 1801 por Giuseppe Piazzi, en uno de los episodios más apasionantes de la Historia de la Astronomía. No sólo porque fue encontrado, perdido y vuelto a encontrar gracias a las matemáticas de un jovencísimo Gauss; también porque formó parte de una de las primeras búsquedas sistemáticas de nuevos cuerpos celestes.

Bode y Titius, astrónomos de la segunda mitad del siglo XVIII, fueron los primeros en concretar una ley que ya se venía barruntando desde, al menos, el siglo anterior: Que había una relación geométrica, relacionada con números enteros, que explicaba las distancias a las que se encontraban los planetas. Estamos hablando de la Ley de Titius-Bode, obsoleta desde el descubrimiento, en 1846, de Neptuno, primera excepción importante a la misma.

Según Titius-Bode, entre Marte y Júpiter había un hueco intrigante probablemente habitado por un planeta desconocido. El descubrimiento en 1781 de Urano, un planeta más allá de Saturno que cumplía la citada ley, no dejaba de reforzar esta hipótesis. Así, Xaver von Zach, propuso a los mejores astrónomos de su época coordinar esfuerzos para encontrar el planeta desconocido.

Esta búsqueda no sólo dió sus frutos con el hallazgo de Ceres, al que inicialmente se le consideró como un nuevo planeta; a partir de ella se encontraron muchos otros componentes de lo que hoy llamamos Cinturón de Asteroides entre Marte y Júpiter. En su época fueron un concepto revolucionario en Astronomía; de hecho, asteroide, nombre dado por el gran Herschel a estos objetos, significa “con forma de estrella”, ya que suelen ser objetos tan pequeños que parecen puntos tenues, igual que estrellas poco brillantes. Pero a diferencia de estas, los asteroides están en nuestro propio Sistema Solar y se mueven. Y a diferencia de los cometas, no tienen cola.

Así se descubrieron finalmente cuatro asteroides importantes: 1 Ceres, 2 Palas, 3 Juno y 4 Vesta. Y también infinidad de cuerpos menores. En todos los casos, cuando se habla de asteroides se suele poner el número de orden de descubrimiento delante del nombre para indicar su categoría.

Sin embargo, de entre todos estos objetos Ceres es especial, hasta tal punto que se le ha reconocido finalmente la categoría de planeta enano, tras mucha deliberación entre astrónomos profesionales, no exenta de polémica, sobre lo que era un planeta o no. Esta denominación es quizás injusta. Se supone que la definición moderna de planeta implica a) que sea lo suficientemente grande como para adoptar una forma más o menos esférica b) que orbite alrededor de una estrella y no de otro planeta, sin ser el mismo una estrella. Estas dos condiciones son cumplidas por Ceres, pero no la tercera: c) que haya desalojado el resto de objetos de su órbita. Por cumplir a) y b), pero no c), se le considera enano.

Debo decir que la condición c) no depende exclusivamente de las características intrínsecas del planeta, sino de su relación con la distancia al Sol. Si la Tierra estuviera a la distancia de Plutón, no podría limpiar su vecindario. Véase el concepto de Esfera de Hill en la wiki y este excelente artículo al respecto.

Cuestiones de nomenclatura aparte, nos encontramos que Ceres contiene por sí solo 1/3 de la masa total del Cinturón de Asteroides. También que parece tener una tenue atmósfera que se supone compuesta de vapor de agua, lo que hipotetiza la existencia un océano similar al predicho en Europa, el satélite de Júpiter. El periodo de rotación es de unas 9 horas. Su temperatura superficial, estimada en 40º bajo cero, no es demasiado baja, y sus características orbitales no lo hacen excesivamente complejo de alcanzar por una sonda, ya que está relativamente cerca, poco más allá de Marte.


Mas aún, a pesar de su algo excesiva inclinación sobre la eclíptica, paradójicamente es más fácil, desde las proximidades de la Tierra, enviar naves a Ceres que a Marte: el tiempo de viaje es menor y además, el número de ventanas de lanzamiento también: viajar a Marte es adecuado cada 780 días. A Ceres, cada 466.

¿Por qué no hemos ido a Ceres todavía?

Existe en marcha una misión para la exploración de Ceres: DAWN, especialmente novedosa por ser la primera que utiliza propulsión iónica en vez de tácticas de fly-by para ganar impulso. Fue lanzada en 2007, tras infinidad de cancelaciones y retrasos sobre el plan original.


En el momento de escribir estas líneas la nave está a un poco más de un año de contactar con Vesta, para luego dirigirse a Ceres y ponerse en órbita baja alrededor de él en 2015.

Vesta y Ceres son muy distintos. El primero es un planeta basáltico, como la Luna, al que se supone un núcleo metálico, como la Tierra. A pesar de ser muy pequeño y no formar una esfera perfecta, ha experimentado diferenciación en sus capas internas, lo cual supone un enigma considerable y presupone la existencia de minerales radiactivos que hayan fundido el interior del asteroide.

A Ceres también se le supone esta diferenciación en capas, pero parece más rico en minerales de carbono y agua que el anterior: se estima que la superficie contiene una capa de hielo de 100km de espesor; más agua que la de todos reservorios de agua dulce de la Tierra juntos.

Esto no implica per se la existencia de vida en Ceres. Pero sí la posibilidad de convertirse en una futura plataforma de exploración, una especie de apeadero interplanetario, debido a la ya citada abundancia de agua (sólida), a una insolación utilizable como fuente de energía (a pesar de ser casi 10 veces menor a la que recibe la Tierra) y a su bajísima velocidad de escape, de unos 500m/s. De hecho, a nivel de recursos explotables y otros parámetros (como el corto ciclo de rotación y las diferencias de temperatura entre el día y la noche) resultaría, en principio, mucho más fácil colonizar Ceres que la Luna… una vez llegados allí.


¿Y por qué no hemos ido a Ceres todavía? Por más que he buscado en internet la razón porque la que se ha ignorado tanto este cuerpo en la exploración espacial, no la he encontrado. El hecho de que investigar Ceres no aporte beneficios directos, económicos o de otro tipo, tampoco es suficiente, pues si así fuera tampoco estaríamos explorando las lunas de Saturno.

¿Es posible que se trate de un simple asunto de popularidad y “gancho”?. Marte o Júpiter tienen relevancia desde la antigüedad por el papel de dioses que se les otorgó, además de tener protagonismo estelar, valga la broma, en muchas obras de ciencia ficción y en la mitología popular contemporánea. Ceres, sin embargo, es pequeñito y fue descubierto avanzada la Era de la Razón. La ficción pocas veces le ha contemplado como lugar interesante (a no ser algún inframúsico chiflado o algún cineasta perturbado) y, al nivel de calle, la palabra “Ceres” no produce ninguna evocación o es asociada a la deidad griega del mismo nombre antes que a un cuerpo celeste. Pero la verdad es que estos argumentos no se sostienen. Si así fuera, por el mismo motivo otras muchas misiones de exploración espacial jamás se habrían llevado a cabo.

¿Alguien lo ha estado impidiendo? Sinceramente, tampoco creo que haya una conspiranoia gubernamental o judeomasónica que haya impedido la exploración de Ceres.

De hecho, casi me atrevería a decir que NO ha habido razón alguna de peso para ignorar el estudio de este asteroide tan interesante. Con lo que finalmente la única respuesta posible para responder al título de este artículo parece ser: misterio.

Aun así, nunca es tarde para rectificar. Qué ganas tengo de que llegue 2015.

PS: para saber más, recomiendo, aparte del enlace a la wikipedia, esta página.

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