8 mayo, 2012

Seguro que en algún bar hemos sido testigos alguna vez, si no partícipes, de la clásica discusión gafapasta: ¿Qué formato suena mejor, CD o LP? Este artículo pretende acabar con la polémica de una vez por todas por el procedimiento de considerar (casi) todas las variables una a una.

Una polémica casi religiosa

He aquí una vieja guerra que ya dura muchos años: ¿Qué soporte suena mejor: vinilo o compact disc?

Yo no tengo ningún problema en dar mi respuesta por adelantado: prefiero el CD a pesar de que no es ni mucho menos un formato perfecto. Pero como hay muchos elementos en juego como para llegar a una conclusión temprana, analizaré la cuestión no sin antes hacer un repaso a mi propia experiencia, cosa que se debe hacer siempre en discusiones de tipo casi-casi-casi religioso como esta.

Divido el artículo en varias secciones según el aspecto a tratar, dejando claro que un vinilo correcto en un buen equipo suena mejor que el mejor formato digital posible en un mal equipo, y viceversa, para así dejar de lado posibles objeciones espúreas que puedan surgir al respecto comparando tal o cual equipamiento.

Bonitos recuerdos de mi juventud analógica

Desde que era un mocoso he coleccionado música, especialmente en formato LP o LongPlay (muy rara vez singles) y en cinta; aunque para ser preciso, en realidad no debería hablar de cinta sino del formato Compact Cassette. Para abreviar, lo dejaré en cinta a secas a partir de ahora.

Por entonces prefería claramente el vinilo a la cinta por varios motivos.

En primer lugar, porque la calidad de sonido era infinitamente mayor. Jamás he escuchado una cinta comercial que estuviera grabada con la calidad que merecía. Esto tiene explicación: mientras fabricar un disco no pasa de un planchazo sobre un molde, la copia de cintas es un proceso bastante más pesado y lento si se pretende hacer bien; con lo que normalmente se copiaban a altísima velocidad, perdiendo en el proceso muchísima resolución de sonido.

Por otra parte, la calidad del vinilo era menos variable, mientras que las calidades del material magnético de la cinta, de la película misma y hasta de los componentes mecánicos podían experimentar grandes variaciones de unos fabricantes a otros. En definitiva, cuando tenía la oportunidad de oir el mismo disco en sus versiones originales de LP y cinta no había, sencillamente, color en la comparación.

Otra ventaja importante del LP respecto a la cinta era el tamaño de la portada, el formato y la posibilidad de acceder a cualquier punto del disco instantáneamente. Por eso precisamente los ordenadores ahora utilizan “discos duros” y no “cintas duras”.

Volviendo a la música: eso no impedía que normalmente escuchara cassettes: pero las que yo grababa en cintas vírgenes de calidad a partir de mis propios vinilos. ¿Por qué? Por el brutal desgaste que suele suponer cada audición de un vinilo. Así, cuando apreciaba un LP especialmente, solía hacerle una copia en cinta recién comprado y después escuchaba exclusivamente la cinta, dejando el vinilo para ocasiones especiales… o para volver a copiarlo cuando la cinta estuviera ya medio transparente. De aquella consideraba, y sigo considerando, que una cinta de cromo (Type II) BIEN grabada y con Dolby B sonaba indistiguible del disco, clicks, pops y fritos incluídos.

La industria, ahorrando costes (para variar)

En los 80, sin embargo, se produjo un fenómeno que contribuyó, creo yo, al triunfo del CD como formato más aún que las supuestas ventajas del sonido digital: la industria tomó la costumbre de editar LPs cada vez más delgados y en vinilo de peor calidad.

Me viene a la memoria un álbum, no recuerdo cual, que tenía de finales de los 70 y que recompré unos 10 años después, pues tenía el viejo ya muy gastado. La nueva reedición no sólo era infinitamente más fina y endeble, sino que tenía hasta el agujero descentrado casi un milímetro, lo que se apreciaba claramente al reproducirlo en el Dual Bettor de mi hermano.

Comprar vinilos a finales de los 80 o principios de los 90 se convirtió en una lotería, teniendo que devolverlos muchas veces a causa de sus sangrantes defectos.

La primera vez que oí un CD

Precisamente a mediados/finales de los 80 escuché por primera vez un CD en casa de un amigo. Y me sorprendió, más que nada, la ausencia de ruido: Puse el Incantations Part 3 de Mike Oldfield (el primer CD que, al cabo de un tiempo, acabaría comprando) y le di al Play. Como era costumbre, intenté subir el volumen hasta oir ligeramente el ruido de fondo usual en los LPs, sin éxito. Y claro, cuando sonó la primera nota pensé que se venía la habitación abajo. En ese momento dije: ¡Olé el concepto de CD y la madre que lo parió, que se llama Philips!

Teniendo en cuenta que por entonces era imposible hacer copias caseras en formato LP o CD, con lo que no había más remedio que adquirirlos originales, y que el mismo álbum más o menos costaba lo mismo independientemente del formato, decidí dejar de comprar vinilos y adquirir sólamente CDs a causa de su ausencia de ruido y durabilidad… incluso antes de tener reproductor, que finalmente fue un Luxman de excelente calidad que compré a un amigo de mi hermano.

Y ahora, al grano: comienza la disputa.

El factor emocional

Creo que no exagero si aseguro que el factor primordial en esta guerra de formatos es emocional, y contra el sentimiento no hay razonamiento que valga. Pero sí se pueden argumentar las causas de este apego. Que cada uno/a concluya por sí mismo/a posteriormente.

Es evidente que el mayor formato del LP permitía hacer portadas espectaculares a gran tamaño, en comparación con la de los CDs, que eran una cuarta parte.

Pero esto, como siempre, es una verdad a medias, pues a la hora de la verdad lo que importaba era las ganas del editor. He tenido discos supercutres, especialmente reediciones, y discos espectaculares, como el War of the Worlds de Jeff Wayne. Y no hay que olvidar que los CDs tenían, y tienen a su favor, costumbre de traer algún tipo de libreto, cosa rara en el vinilo que traía simplemente, y no siempre, una hoja impresa a dos caras con las letras de las canciones. Y gracias.

[ Obviamente las cintas de cassette, en este aspecto, juegan en una liga inferior y poco pueden hacer contra un vinilo o un CD. ]

Si dejamos de lado la parte gráfica y/o informativa, tenemos que considerar también el tacto. Obviamente no es lo mismo el ritual, parecido a hacer al amor, de colocar la aguja, o darle la vuelta al vinilo, que el mero insertar, acto más porno, el CD en el reproductor; y no digamos si este se resistía a leer el CD, cosa muy habitual en los primeros años de la tecnología. Aquí gana el LP con diferencia.

Algo que no se suele mencionar en este tipo de disquisiciones es el hecho de que es fácil reconocer, por el diferente brillo de los cortes y las separaciones entre ellos, de que disco se trata incluso sin ver la etiqueta. En ese sentido, el vinilo tiene una especie de huella dactilar que le dota de personalidad. Recuerdo que a un amigo mío de la adolescencia el hecho de que yo adivinara de que disco se trataba exclusivamente por su patrón de brillos le resultaba asombroso y solía desafiarme cuando podía. A mí nunca me pareció un talento especial y sé de mucha gente que lo hacía.

Dentro del factor emocional hay que destacar la diferente presencia que tenía en una estantería una colección de vinilos y otra de CDs. Pero aunque no lo parezca ocupan más o menos el mismo espacio, ya que aunque el CD es más o menos cuatro veces más pequeño en área, el grosor de la caja, al menos en los primeros años de comercialización, compensaba. Y en un orden práctico, los CDs se sostienen mejor y su lomo es más fácil de leer.

Y algo que no se debe olvidar, especialmente con la personas sentimentales que suele tener aprecio a los objetos materiales: un LP exige mucho más cuidado y mimo que un CD en el trato, y por tanto, más ternura (de nuevo la dicotomía amor/sexo que mencioné antes). Esto de todos modos sólo puede ser un inconveniente en el caso de personas más prosaicas.

¡El vinilo vuelve a estar de moda!

Y llegados a este punto, voy a revelar porque estoy escribiendo sobre este asunto. Resulta que hace unos días pasé por la FNAC —no voy mucho— y he visto que en su sección de vinilos venden LPs a la friolera de casi 30€.

Me parece un abuso.

Las únicas explicaciones que se me ocurren para estos precios, o lo que es lo mismo, el que haya gente dispuesta a pagar esa pasta, son dos: el factor emocional del que acabo de hablar, con el que no me meto, y el mito erróneo de que el vinilo suena mejor el CD. Eso sí que no es verdad, al menos en la inmensa mayoría de los casos o condiciones de escucha.

Así que vamos a dejarnos de nostalgias y atacar los aspectos técnicos de esta discusión.

El problema de comparar dos soportes muy distintos

Es necesario darse cuenta que gráficas comparativas entre versiones de una misma grabación en Long Play y CD no pueden conducir a ningún tipo de conclusión relevante.

En primer lugar porque lo que se analiza no es el Long Play, sino una digitalización de él, lo que de por sí invalida muchos tipos de análisis y resultados.

En segundo porque las diferencias en el proceso de producción que ha tenido el mismo tema, normalmente separado por años, equipamiento utilizado y envejecimiento del máster original (que antiguamente se hacía en cinta magnética, lo que es relevante como se verá) pueden ser abismales. Esto es más cierto aún si tenemos en cuenta modas como las Loudness Wars de las que hablaré más adelante.

En tercer lugar las posibles variaciones en el espectro entre ambas versiones sólo se pueden juzgar respecto a la fidelidad al sonido original: o sea, el máster. Como todavía no he encontrado en internet un análisis que incluyera a este elemento en juego, considero que no se puede deducir a partir de las diferencias entre las versiones de vinilo y CD que una sea “mejor” o “peor” respecto al original, ausente.

Lo que si nos puede interesar son mediciones objetivas del rango dinámico, es decir, de la mínima y máxima señal que son capaces de registrar respecto al suelo de ruido de las grabaciones, y también del rango espectral: las frecuencias máximas y mínimas que se pueden registrar con fiabilidad.

Diferencias en las respuestas espectral y dinámica

En este artículo se hace un análisis bastante exhaustivo de varias grabaciones. La conclusión más evidente respecto al rango dinámico es que el CD le gana al vinilo por goleada. Mientras el límite teórico y práctico en un CD es de 96dB, encontrar un vinilo que llegue a los 70dB es excepcional. Eso significa que un CD admite variaciones de volumen casi 10 veces superiores respecto a un LP.

Por la parte espectral gana el LP. Se pueden observar en muchos de ellos presencia de información musical por encima de los 20kHz. El autor del artículo anterior lo considera una ventaja. A mí me parece una tontería si tenemos en cuenta que es muy probable que nuestros altavoces sencillamente no reproduzcan esa información. Achaco al fenómeno a resonancias y formación de armónicos por elementos mecánicos (la aguja) y/o electromagnéticos (en la transducción de la señal mecánica a eléctrica).

En el CD no puede existir información fiable a partir de 22kHz por la aplicación del teorema de Nyquist. Una manera de expresarlo en que cuando se digitaliza a cierta frecuencia de muestreo, esa frecuencia actúa como un espejo imaginario que reproduce en las frecuencias altas una imagen invertida de las bajas. Ello implica, entre otras cosas, que es necesario muestrear al menos al doble de la frecuencia máxima que se quiera almacenar.

Ruido analógico, ruido digital

De los párrafos anteriores se deduce que el vinilo es más susceptible al ruido que un CD, aunque sea sólo por su menor rango dinámico efectivo. Y puede que eso no sea un problema si consideramos el tipo de ruido. Puede incluso que la clave este aquí: en que el cerebro prefiera un ruido concreto al silencio total. Veremos que finalmente esto no es relevante.

Para darse cuenta de las diferencias en ruido entre un LP y un CD vamos a imaginar que sacamos un molde de una colina y la copiamos dos veces: la primera vez utilizando piedras redondas de diversidad de tamaños, desde el tamaño de una furgoneta al de un perdigón, y la segunda vez utilizando bloques cúbicos, todos del mismo tamaño.

Si observamos la primera copia, que sería la analógica, veriamos que está formada por piedras grandes cuyos huecos están rellenos por piedras más pequeñas y así consecutivamente. La otra copia, la digital, parecería hecha de lego.

En ambos casos tenemos ruido. Si nos acercamos lo suficiente a la primera copia veremos que existen multitud de huecos entre las piedras. En algún caso veremos incluso alguna grande sobresalir más de lo que debería. Sin embargo, la distribución fractal de los huecos da una sensación de organicidad considerable, y es hasta bella a la vista. En el caso de la segunda copia veriamos que la copia tampoco es exactamente fiel: pero en este caso la naturaleza de los huecos, el ruido, es relativa a las aristas y vértices de los cubos perfectamente apilados. Los huecos tiene todos la misma relación, que es exactamente la del tamaño del cubo. La sensación no es de organicidad, sino de geometría pura y artificialidad.

¿Es el ruido analógico más “natural” y agradable que el digital? La respuesta es que sí, sin duda, por su naturaleza fractal. Es el caso del Ruido Rosa (véase enlace anterior), muy cercano al Ruido Verde, que es el que se registra cuando se graba “silencio” en la naturaleza. El ruido digital es por contra más “antinatural”.

Pero la cuestion es cual la cantidad de ruido que oímos en la práctica. Para eso es necesario percatarse de que:

  1. el ruido de un CD, como se deduce del análisis del rango dinámico, puede ser hasta 10 veces menor en volumen que el de un vinilo.
  2. luego un CD puede recoger ruido del vinilo (o del propio directo) y codificarlo, si es lo queremos. El ruido analógico enmascararía al digital. Pero ni siquiera debería ser necesario añadirlo ya que
  3. NINGÚN equipo se salva del ruido analógico, simplemente porque en el momento necesario de convertir la señal digital en analógica se introduce ruido debido, como mínimo, la agitación térmica de los electrones en los cables.

Mi conclusión es que el ruido digital de un CD sólamente es apreciable en equipos de altísima gama a gran volumen. En ese mismo equipo el ruido analógico de un vinilo será audible, pero por su naturaleza no resultaría especialmente molesto. O sí.

Por otra parte el ruido digital es mitigable en grado sumo: procesos complicadísimos de interpolación digital y sobremuestreo pueden redondear nuestra colina hecha de cubitos, alisando y suavizando considerablemente sus aristas. Incluso un diminuto condensador sirve para este difuminado a falta de microprocesadores específicos. Es verdad que este proceso implica una pérdida de resolución, por supuesto. Pero estamos hablando de cubos diminutos con respecto al tamaño total de la colina. Si la contemplamos de lejos probablemente la encontremos indistinguible a la original.

Como ventaja esencial de la colina de cubos con respecto a la de cantos rodados de distinto tamaño es que, además, podemos apuntar la disposición de los cubos en una libreta no muy grande. Si intentamos apuntar la disposición de cada piedrita en la otra colina no podremos. La colina de cubos es digitalizable y fácilmente reproducible al milímetro, la otra no. Por otra parte, caminar por la la colina de esferas las descoloca en cada paseo. Mientra que por la de cubos es posible caminar sin descolocar ni una sola pieza. Así se resumen las dos abrumadoras ventajas del CD sobre el LP: la capacidad de copia exacta y la durabilidad de la información.

Podría quedar una objeción final por parte de un vinilo-defensor: que la capacidad de detalle de una grabación analógica es infinita. Pero se rebate fácilmente: la punta de la aguja no tiene un tamaño infinitamente pequeño, y su efecto es nivelador: de hecho, eso reduce el ruido. Eso sin considerar los artefactos mecánicos debidos a la amortiguación de la aguja, los baches que encuentra y su inercia. Existen de todos modos giradiscos carísimos que utilizan láser para leer el surco.

Eso sí, en ambos casos, vinilo y CD, tenemos que asumir que por las mismas causas las propias membranas del altavoz vibran con pequeñas irregularidades muy difíciles de mitigar. Pero no es lo que se debate aquí.

Técnica y Modas

Se suelen ignorar dos hechos fundamentales entre la era del vinilo y la era del CD. La diferente naturaleza del máster y la diferencia en la producción de música. Se suelen usar erróneamente como argumentos a favor de un formato a otro, pero en realidad son irrelevantes.

Hasta los años 80 los máster originales se realizaban sobre cinta magnética, en una grabación, por supuesto, de carácter analógico. A partir de esa época la grabación se hará directamente sobre un formato digital, sea cinta, RAM o disco duro.

Cuando alguien argumenta que el vinilo suena más cálido es por dos razones. La principal es que la cinta magnética, al igual que los amplificadores de válvulas, cuando saturan en determinada frecuencia, no la cortan como hace el muestreo digital: alcanza el tope de rango y la energía sobrante la convierte en armónicos de esa misma onda, muy agradables al oído.

En el caso de la cinta magnética esto es especialmente cierto con las bajas frecuencias, que generan armónicos en los medios. Como consecuencia, la música suena más rica, densa, cálida. Pero no es consecuencia del formato final, sino de la naturaleza del máster.

Este efecto es emulable mediante software. Yo solía utilizar —ya no me preocupa tanto— un plugin VST gratuito que simula la histéresis magnética de la cinta en el proceso final de mezcla de mis propios temas llamado JB Ferox que ya no está disponible. La versión actual, de pago, se llama TB ferox.

Otra gran diferencia entre la producción musical de los 70 a los 90 es el tratamiento de las altas frecuencias. Si observamos el espectro acumulado de un tema musical de los 70 bien producivo, veremos que de 1kHz a 10kHz la ganancia de pico o RMS (más relacionada con la intensidad sonora) puede bajar en una pendiente recta hasta 20 y 30 dB de un punto a otro. En un tema de los noventa, el espectro cae tan solo 10dB. Eso hace que suene más brillante y por tanto, “mejor”. Aunque a alguna gente le puede cansar tras un tiempo. Hay casos extremos, que invito a analizar, como el tema fade to grey, donde la respuesta no sólo desciende sino que permanece plana hasta los 8kHz y a partir de ahí sube otra vez (!).

Estas dos consideraciones, la saturación magnética y las tendencias en la ecualización, explican el porqué de que la mayoría de grabaciones de vinilo suenan cálidas y las de CD brillantes: Por su diferencia generacional, por así decirlo, más que por sus peculiaridades intrínsecas.

Pero la diferencia más brutal y menos considerada ha sido la tendencia de sobrecomprimir el sonido.

(Excesiva) Compresión de sonido

Alguien que se haya informado o pensado un poco se habrá dado cuenta de que la información sonora en un LP está directamente condicionada por la profundidad del surco. Si un cañonazo suena en medio de una canción, el pico de la explosión condicionará el volumen del resto de la grabación. Ese es el motivo de que a mediados del siglo XX se inventara la compresión, mediante sistemas electrónicos o electroópticos.

La compresión es un proceso que sirve para aplastar los picos excesivos en una onda, nivelando su dinámica y permitiendo que quepa la información en menos sitio. El hecho es que la música comprimida… ¡suena mejor! Es la pura verdad. Tiende a igualar diferencias desagradables en el volumen, como las que se suelen dar en guitarristas y cantantes, y da más entidad y volumen a la mezcla final si posteriormente se amplifica el resultado del compresor (que de por sí disminuye el volumen, no lo aumenta). La compresión es una herramienta fantástica: permite controlar hasta el punch de bombos y bajos y realzar enormemente cualquier mezcla… siempre que se use bien. Y perdón por lo que voy a decir, pero el tema de la compresión parece ser el que peor llevan los profesionales de esto.

En definitiva, cuando nos pasamos de compresión el sonido se aplasta, pierde dinámica y se hace machacón. Eso sí, al menos inicialmente, un tema sobrecomprimido suena de la hostia. Las Loudness Wars de los 90 (por favor clica y mira las gráficas comparativas, como complemento a estos videos de debajo) partieron de la idea cuanto más alto, mejor. Y efectivamente, coincidieron con la difusión del CD como formato.

Este video explica perfectamente en que consiste el proceso de maximización de volumen empleado en las Guerras de Volumen.

En este otro video se aprecia perfectamente —si tienes buenos altavoces o auriculares— la diferencia de calidades del mismo tema, en dos remasters distintos, al mismo volumen.

Y claro, cuando se compara la compresión y la dinámica de un vinilo de los 80 a la de un CD de los 90 o de este siglo, la diferencia es notoria. Aparentemente suena mucho mejor el CD, incluso a menor volumen. Pero a la hora de la verdad nos cargamos la esencia de la música, pues falla la dinámica, las diferencias de volumen entre instrumentos y toda la información musical que ello conlleva. Esto se extiende a multitud de reediciones en CD de álbumes antiguos.

Dos ejemplos de todo lo dicho

Ya que no puedo subir vinilos a la web, habrá que imaginarse que el primer video es de una grabación analógica, mezclado analógicamente, comprimida ligeramente de modo analógico, masterizada sobre cinta y con relativamente pocos agudos. Como así fue, efectivamente, en su origen.

La siguiente es de finales de la era CD, antes de la supremacía del MP3. Digital de principio a fin, está MUY comprimida (suena mucho más alto, como comprobarás) y tiene una mayor cantidad de agudos con respecto a la primera grabación, especialmente en las bandas de presencia [a partir de 3kHz] y aire [más de 10kHz], que la hace literalmente brillar.

¿Es la diferencia entre un sonido u otro debida al formato de escucha? No. Es debido a diferentes formas de producción.

Vapuleando finalmente al vinilo

Los efectos mecánicos de la aguja se transmiten de una forma u otra a la señal, con lo que esta no recoge fielmente la supuesta información almacenada. Otros defectos mecánicos, más fáciles de corregir, se refieren a la estabilidad de la velocidad de giro del motor del tocadiscos. Los CDs no se ven afectados pues bufferizan electrónicamente la señal y la liberan en función de un reloj interno muy preciso.

Defectos en la calidad del vinilo o la marca que queda cada vez que posamos la aguja en él producen saltos, clicks y pops que en CD sencillamente no aparecen. Errores de datos en la lectural digital se corrigen mediante computación con lo que posibles números locos son desechados e interpolados.

La separación de canales en el surco de un vinilo dista de ser perfecta. Un único surco almacena la información en estéreo pues su perfil es en forma de V, almacenando cada palito de la V la información de un canal, con lo que la aguja vibra en dos dimensiones. A efectos prácticos la vibración en un sentido acaba afectando a la vibración en sentido perpendicular.

Un fenómeno curioso que se produce en vinilos con el surco muy apretado es que la información de un punto puede verse afectada por la de la parte del surco situada adyacentemente, normalmente a menos de 2 segundos de diferencia en el tiempo. Es por eso que se puede oir un delay de muy baja intensidad antes y después del sonido original.

La diferencia de velocidad lineal al disminuir el radio de giro hace que el inicio del disco tenga más resolución que el final. Un CD, no obstante, disminuye su velocidad de giro a medida que se aleja del centro conservando la velocidad lineal (los CDs se reproducen de dentro a afuera, alrevés que los vinilos).

Por último, un adecuado aislamiento mecánico del giradiscos es esencial para que no oigamos en los altavoces los martillazos de dos pisos más abajo transmitidos a través de la aguja.

La ENORME ventaja del vinilo

Después de la Tercera Guerra Mundial será mucho más fácil recuperar la información musical de los discos de vinilo que de los CD.

Conclusiones

El CD es mucho mejor que el vinilo considerando su fidelidad, resistencia y facilidad de copia.

Destaca también en la relación señal/ruido.

Las calidades de uno u otro son equivalentes siempre que se realice una mayor inversión en el equipo analógico. Pero al mismo precio gana claramente el CD.

Muchos argumentos que se emplean en favor de uno u otro son espúreos y basados en aspectos ajenos al formato.

El único argumento válido y definitivo para preferir el vinilo al CD es de carácter romántico, sea por nostalgia del pasado o por dejar un legado al futuro, lo cual es muy respetable. Pero es un argumento muy ligado a las preferencias personales y no tiene que ver con la calidad del sonido. En este aspecto, de modo objetivo/técnico, el CD es claro ganador.

El CD no es un formato perfecto. El SACD supone una mejora sustancial y debería ser el estándar en los comercios. Sino algo mejor.


Cuestiones, polémicas y demás en los comentarios.

11 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

En mi opinión, como formato me quedo con el vinilo y el casette ,que este último es el 4*4 por excelencia, y como sonido..el c.d suena bien, pero a veces solo la primera vez, es un poco desagradecido.

Comment by Aurora Clapaucio — 23 febrero, 2012 @ 21:29

Impresionante, realmente de diez… Mira que el artículo es largo, pero me lo he leído del tirón… Me ha gustado mucho la “Enorme ventaja del vinilo” que apuntas al final.. ¡Qué bueno!

Enhorabuena. Claro y apabullantemente cierto.

Comment by Javier — 16 marzo, 2012 @ 21:14

Gracias. Sobre el párrafo ese va a haber todo un artículo en el futuro. Estáte atento.

Comment by Alberto V. Miranda — 16 marzo, 2012 @ 22:42

Cuando convivían los tres formatos al principio sí que había una diferencia considerable entre el importe de LP y cassette frente al CD, que era carísimo. Me resulta parecido a lo que ha estado ocurriendo entre el DVD con el Blu-Ray, aunque están ampliando el catálogo a un ritmo bastante rápido. Sin embargo, de lo que apenas me doy cuenta es de la transición de VHS a DVD, fíjate tú por donde, aunque creo recordar que fue bastante fulminante. Supongo que también tiene que ver el coste de los reproductores de cada uno de esos soportes, claro, ya que hace años no todo el mundo tenía reproductor de CD, igual que ahora no todo el mundo tiene reproductor de Blu-Ray (el DVD está prácticamente universalizado).

Por cierto, yo tengo una discusión similar en fotografía y en cine, a raíz del paso de las películas de cine a base de fotogramas que se han sustituido por copias digitales. Creo que puede tratarse también de un sentimiento romántico, ya que es posible que a altas calidades no se aprecie la imagen pixelada a simple vista. ¿Qué sabes al respecto?

Comment by Eloy Carrera González — 21 abril, 2012 @ 19:41

Pues la verdad es que no sé mucho, pues me temo que no soy consciente de haber ido todavía a una proyección puramente digital.

Lo que sí asumo es que siendo una tecnología reciente, habrán sobredimensionado de sobra las especificaciones pensando en los próximos 20 años, con lo que imagino que la resolución de audio y de video será bestial, con la ventaja adicional de que no se deteriora con cada proyección.

Al respecto, habrá que despedirse de los rayones y topos que empapaban las películas analógicas; aunque son perfectamente emulables digitalmente, y lo harán. Probablemente ya usen algoritmos de ruido para que la imagen no se vea TAN estable de un fotograma a otro.

Comment by Alberto V. Miranda — 22 abril, 2012 @ 13:16

Llama la atención lo que mencionas tanto en el artículo como en el comentario de que la tendencia actual es la de “imperfeccionar” (toma palabro) la alta calidad que ofrecen los nuevos medios para introducir ruido y rebajar el acabado inmaculado de los actuales soportes, ya que demasiada perfección es contraproducente y nos hace percibirla como algo fallido. Con la música hecha por computador pasa igual y es más, percibimos como más perfecta aquélla que tiene errores incorporados a propósito en lugar de aquélla ejecutada con precisión milimétrica (sobre todo en los ritmos y sincronización de los instrumentos). Es decir, algo demasiado perfecto nos parece inferior estéticamente.

Comment by Eloy Carrera González — 22 abril, 2012 @ 18:43

Muy bueno, por cierto yo también escuche a Mike Oldfield, la primera vez que escuche un CD.

Comment by parapente — 21 junio, 2012 @ 8:43

Soy especialista en tornamesas, coleccionista de vinilos y audiófilo. FELICITACIONES, tu artículo pone las cosas claras. El vinilo NO es superior al CD.

Habiendo dicho esto, ambos formatos son “suficientemente buenos”, y la calidad final que se obtenga dependerá de usarlos correctamente (por parte de los ingenieros de grabacion, mastering, etcetera.)

Ojo que los vinilos de los 80s no son inferiores como supones, por el contrario durante los 80s tambien se editaron vinilos de altísima calidad de sonido. Adicionalmente, es importante que tengas en cuenta que el grosor o peso de un disco de vinilo no tiene *ninguna* relación con su potencial de calidad de sonido.

Saludos desde Perú!

Comment by Flavio — 18 octubre, 2012 @ 18:03

Adicionalmente, es importante que tengas en cuenta que el grosor o peso de un disco de vinilo no tiene *ninguna* relación con su potencial de calidad de sonido.

Obviamente. Pero sí con su durabilidad, resistencia a los golpes, etc…

Comment by Alberto V. Miranda — 19 octubre, 2012 @ 16:33

bueno bueno bueno… Mira el CD como tecnicamente es mejor que un Vinilo pero y fuera por mi compraria CD pero lamentablemente la masterizacion en un CD apesta y tenemos que ir a comprar un vinilo porque la masterizacion es en algunos casos aplastante. Tu puedes grabar el contenido de un vinilo a un CD y el CD sonora igual que el vinilo.
Lo importante no es el formato sino la MASTERIZACION.
Cuando la industrias se deje de tonterias con la guerra del volumen (por motivos comerciales) entonces comprar CD pero mientras tanto compro vinilos y aveces SACD

Comment by lnux04 — 21 noviembre, 2012 @ 17:14

¿Y de qué hablamos en el artículo? A ver si leemos antes de comentar.

Comment by Alberto V. Miranda — 27 noviembre, 2012 @ 19:36

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25 enero, 2012
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