13 enero, 2012

Es probable que el odio a Amenábar se convierta en deporte olímpico cuando saque su próxima película. Mientras tanto, aquí ya entrenamos desde hace tiempo.

no estás solo, Jordi

Jordi Mostrenco Costa piensa que es el único incomprendido que no soporta a Amenábar en medio de una marea de admiradores incondicionales. Pero no, Jordi, no eres el único: Yo también odio a Amenábar. Esta va por nosotros.

mi primer contacto

Como casi todo el mundo me enteré de la existencia de este personaje por Tesis, su sobrevaloradísima primera película. Es curioso, pero antes de saber siquiera como se llamaba el director, nada más enterarme de la premisa de la película pensé en él como en un oportunista que había elegido el snuff como temática de fondo para despertar el morbo. Y de hecho no fui al cine a verla, sino que espere hasta que saliera en video para echarle un vistazo.

Es verdad que la peli tenía un ritmo casi hollywoodiense que contrastaba con el espíritu de la mayoría del cine español que se hacía en esa época. Pero aparte de que la historia me parece bastante increíble, la actuación del protagonista (el friki de gafitas y barba) se me hizo insufrible por forzada y estereotipada. Pordiós, al menos podía haberle doblado un actor profesional, pensaba yo. Pero en definitiva no tenía una mala dirección y la verdad es que, al césar lo que es del césar, si quería destacar, lo había conseguido.

el día que se me abrieron los ojos a mí

Cuando se estrenó Abre los Ojos, fui a verla a los difuntos y cutres minicines que había en Oviedo hace unos años, más bien arrastrado por un grupo que por voluntad propia. Y la verdad es que el principio de la película, que aparentemente era una historia de niñatos, no me dijo gran cosa… hasta que el prota se da cuenta de que está congelado.

Y a partir de ese momento, se empieza a desarrollar la auténtica trama que reconozco prácticamente idéntica a Ubik, del grandísimo (arrodillaos, gusanos) Philip K. Dick. Y es en ese momento cuando empiezo realmente a disfrutar la peli, diciéndome a mí mismo “qué bien, por fin una adaptación cinematográfica de Ubik, y encima bastante buena“.

Acaba la película e hinco mis rodillas, tembloroso, delante de mi asiento, como muestra de respeto al supremo maestro Dick, para que cuando salga el letrero final “basado en Ubik de Philip K.Dick” en letras gigantes de oro en medio de la pantalla, me pille postrado de hinojos en señal de reconocimiento.

Pues no. Lo último que se ve —y lo digo de memoria porque no pienso pararme a comprobarlo— es “Basado en una idea de Alejandro Amenábar”.

No doy crédito a lo que veo en la pantalla.

Has adaptado Ubik, novela que cualquier aficionado a la ciencia ficción de nuestra generación conoce, y dices que se te ha ocurrido a ti. No se puede ser más despreciable“.

Días más tarde en una entrevista veo al hombre explicando que se le había ocurrido en un sueño… ¡No te jode! ¡Después de leer Ubik antes de acostarte, tío jeta!

¡es la guerra!

A partir de ese momento dije que JAMÁS Amenábar gozaría ni de mi respeto ni, como no, de un sólo euro mío depositado en una taquilla. De hecho NO VOLVÍ a ver una sóla película de Amenábar. No vi Los Otros (pedí que me contaran el final para que se me quitaran las ganas de verla) ni Mar Adentro y por supuesto tampoco vi Ágora. Ni en el cine ni en casa. Me voy a morir sin ver tus películas, Alejandro.

¿pero por qué?

Alejandro Amenábar es el ejemplo perfecto de un auténtico sinsustancia que todo lo que tiene lo ha cogido de otros: eso de por sí no estaría mal si lo reconociera, sino fuera porque lo hace con un total y absoluto desprecio, con una completa falta de consideración hacia aquellos a los que roba, haciendo alarde de su (falsa) creatividad.

He mencionado antes el caso de Ubik, que de por sí es sangrante. Pero no es el único.

Mucha gente comenta el considerable paralelismo entre Los Otros y El Sexto Sentido. Como no he visto ninguna de las dos, no opino.

Todas las ideas de Amenábar son absolutamente originales y jamás habían sido realizadas con anterioridad.

Pero sí es notorio, aunque sea por el revuelo que causó el plagio cuando salió a la luz, el hecho de que Mar Adentro es una más que descarada copia de Condenado a Vivir. La diferencia entre una película y otra es que Amenábar es famoso y bien financiado y Roberto Bodegas es prácticamente desconocido.

La cosa tampoco se queda ahí… tened mucho cuidado con lo que le enseñáis a Amenábar. La manía que tiene de hacer sus “propias” bandas sonoras tiene fácil explicación. En una declaración con bastante retranca, Carlos Nuñez dijo algo así como (y cito de memoria): “Alejandro tiene una capacidad de asimilación increíble. Un día le puse fragmentos de temas de un disco mío aún inédito y, más tarde, viendo la película, reconocí mis melodías en su banda sonora“.

Y no le conozco en persona… pero una conocida mía compartió aula con él en Madrid hace años en un curso del paro, antes de que fuera famoso. Y me confirmó mi acusación de sinsustancia: “Nunca he conocido un tío más parado, soso, simplón, anodino y con conversación más floja que este tío. Cuando años más tarde vi que se había hecho director de cine y que todo el mundo le admiraba no me lo podía creer… ¿a este? ¿A ESTE?“.

En definitiva: Yo también odio a Alejandro Amenábar.

2 comentarios Ir al formulario  RSS de estos comentarios Trackback URL

Me uno al odio masivo por este personaje…¿Por que nos caerá tan sumamente mal?

Comment by Airin Takanawa — 25 enero, 2012 @ 22:32

Es posible que Amenábar sea un trepa (ni lo sé ni me importa) pero he disfrutado con varias de sus películas. Sin embargo no me gusta nada el tema de los plagios y en eso parece que es todo un artista, jeje. Quizás ahora podría dedicarse a adaptar obras literarias de otros autores pero de manera oficial, ya que al fin y al cabo ha triunfado (con mayor o menor grado de limpieza) y no tiene que demostrarle a nadie su lugar en la industria del cine. Sería una actitud más honesta.

Comment by Eloy Carrera González — 18 abril, 2012 @ 13:29

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